Obrador el Astuto

28 agosto 2017 | 8:54 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Recientemente Muñoz Ledo definió a López Obrador como un tipo astuto. Él, que también fue secretario de Educación y también quiso ser presidente, como Nuño; conoce muy bien el significado de las palabras  y no cometería el error, que manifestó el actual secretario, que por su incultura no sabe la diferencia entre una bruja, es decir una astróloga y una científica: una astrónoma.

Muñoz por el contrario es un tipo suficientemente culto, otros son sus yerros; conoce el significado de las palabras; y por eso lo estoy mencionando, porque usó bien el término que le aplicó a López que lo conoce de sobra. Lo calificó de: astuto;  palabra que los diccionarios definen indefectiblemente en primer término, como alguien que engaña. En una segunda acepción  dicen los tumbaburros, que es alguien que no se deja engañar, también se dice de uno que es malicioso, que es un pícaro, un listillo o como dice literalmente la Escritura, de la serpiente que engañó a Eva: “que era la mas astuta de las bestias del campo”.

Y lo delineó en su personalidad quien fuera su cerebro y consejero, cuando todavía López hacía como que escuchaba.

Porque inicialmente le preguntaba un periodista con insistencia si encarcelaría a Enrique Peña; y López retorcido como reptil, evadía el lance, el comunicador lo acorraló; como se puede ver en el video en las redes, y en síntesis sin definir con claridad su posición, arrinconado mas que en la astucia en la cobardía; en unos segundos abortó su posición seudo crítica de toda su demagógica vida y admitió que no lo haría, porque palabras más o palabras menos, argumentó primero la necesidad de hacer cambios constitucionales de los que se escuchan imposibles, y casi dijo que eran intocables, no solo los presidentes, sino aún los expresidentes, lo que ratificó ante el aparente asombro posterior de una famosa entrevistadora, que lo volvió a abordar, la mujer se quedó sin argumentos para promocionarlo.

Una de dos o el engañador se acordó de sus compromisos con el poder, de los que es vergonzante o ya se siente presidente; y por lo mismo ya se asume como intocable.

No cabe duda que quienes han delineado su estrategia, con base en traiciones y desplantes autoritarios e inadmisibles, dicharachos llenos de imprecisiones y ataques insulsos de tipo infantil, sin aportar datos duros; ya dieron la orden de surcar el camino por la mesura, nada de bloqueos pidiendo: “el voto por voto, casilla por casilla”.

No es un secreto: a Delfina, la dejó colgada de la brocha y no se diga a Monreal el que le acercó los arreglos iniciales con los desprendimientos del PRI. Ya lo dejó en la estacada. Uno mas que desecha en el camino como ha sido con los demás, entre ellos al mismísimo Muñoz Ledo, su mentor y estratega, afamado de hacer parecer como inteligentes sujetos torvos y extremadamente ignorantes como Luis Echeverría, por ejemplo.

El engañador Obrador en esta semana se aventó con otra de sus habituales imposiciones, que dejan al dedazo priísta como práctica de párvulos, hasta decente en comparación, de lo burdo que se vio con esa impudicia que denominó como  “encuestadores expertos del Morena”, el vehículo ex profeso para adjudicarle el triunfo a Claudia Scheibaum, que de parte de todos los encuestadores profesionales estaba en el segundo sitio.

Por cierto las declaraciones de la beneficiaria fueron de lo mas elocuente para demostrar que no tiene idea de lo que es gobernar, se coronó como presuntuosa, al decir que iba a poner a disposición de los ciudadanos sus conocimientos científicos (sic) no se si de biología, física o química, conocimientos que rayan en lo esotérico porque son poco o nada conocidos, hasta para darle la razón a las confusiones del buen Nuño.

En lo personal, me perdonará la señora Claudia, pero desconozco sus aportaciones científicas, su alcance y su aplicación, porque en la forma como lo dijo, deben ser algo grandioso y excepcional.

A pesar de que ya tiene varios años cobrando en las nóminas abultadas de esa ciudad condenada a seguir padeciendo la impericia de improvisados la “coordinadora de organización”, término que otro astuto: Lorenzo Córdoba, debió aconsejar para evadir la ley y verle la cara de tontos a los electores, no aprende, como los demás obradoristas, sino a comprar votos cautivos con las listas asistencialistas de pensionados de las burocracias, que ni antes cuando calentaban las sillas de los escritorios, ni ahora, han sabido lo que es trabajo.

Con razón tiene tantos problemas la capital, uno de los sitios en el mundo donde se desperdicia dramáticamente la vida de las personas, porque la irracionalidad de los intereses ingobernables, con los que no pueden ni un ápice los burócratas seudo científicos, son más grandes que el interés de los ciudadanos simplemente para trasladarse.

La Ciudad en disputa es una sin banquetas transitables, donde exceden lo racional las  marchas ociosas interminables y con transportes que ratifican su fe en el tercermundismo como fin último; miles de edificaciones pintarrajeadas, alcantarillas llenas de basura, retacada de un ambulantaje insalubre. Con la zona histórica urbana más importante del continente abandonada, echa un muladar; pero sobre todo sin esperanza de cambio con los cacicazgos de la improvisación, donde el lumpen combinado con la astucia del jefe son los que gobiernan.