Nunca tenemos tiempo de hacer las cosas bien, pero siempre lo tenemos para volverlas a hacer

27 junio 2016 | 17:56 hrs |

 

Por Jesús J. Castañeda Nevárez

Esa mañana del 4 de diciembre del 2014 la nave espacial Orion de la NASA estaba lista para ser lanzada desde Cabo Cañaveral en Florida, pero el conteo regresivo fue parado dos veces y el lanzamiento postergado para el día siguiente.

El atraso se debió, primero, al fuerte viento y luego a una válvula en el cohete de la primera etapa que no cerró cuando se le dio la orden, a tan solo tres minutos y nueve segundos antes del lanzamiento.

Cómo se atrevieron a tomar semejante decisión?

El riesgo de que la operación fracasara y el alto costo de todo el programa podría ser un buen argumento, pero lo que seguramente lo determinó fue el sentido de responsabilidad de los que trabajaron en el proyecto, su compromiso para con la empresa y con los financieros; el compromiso con el prestigio de un país y su programa espacial; pero también el compromiso personal de cada uno de los trabajadores para con su familia por hacer siempre lo mejor y dar su mejor esfuerzo.

Eso es tener agallas para detener a tiempo lo que no se está completamente seguros que alcanzará el éxito buscado. Sin importar que esté montado todo el tinglado de las cadenas televisoras de todo el mundo que transmitirán el siempre espectacular despegue de una nave espacial. Sin importar el costo de la espera, sin importar que altos ejecutivos gubernamentales estén presentes. Se suspende y listo, hasta estar seguros de que todo saldrá bien.

Si esto ocurriera en territorio nacional, las cosas serían absolutamente distintas y el resultado final también. Para muestra está lo realizado por el Senado de la República y la Cámara de Diputados con relación a la aprobación de la Ley 3de3 propuesta por la sociedad a iniciativa del sector productivo, dentro del marco del Sistema Nacional Anticorrupción.

Se les hizo nudo el engrudo al cuarto para la hora y en plena cuenta regresiva tomaron decisiones al “ai se va” sin tomar en cuenta los alcances de lo que aprobaron. No sólo le rasuraron a la propuesta original al esconderse detrás de un argumento de su propia seguridad para eludir la obligación de hacer pública la información de los servidores públicos y en desquite con la iniciativa privada les mandaron un obús en su artículo 32 de la Ley que determina que están obligados a presentar su declaración patrimonial y de intereses a cualquier persona física o moral que reciba y ejerza recursos públicos o contrate bajo cualquier modalidad con entes públicos de la Federación, de las entidades federativas o de los municipios; lo que se traduce que no sólo los empresarios sino también los trabajadores, porque por consecuencia de un contrato con el gobierno ellos reciben un salario; también los beneficiarios de los programas sociales como los adultos mayores, discapacitados, indígenas, procampo, piso firme, becarios de todos los niveles educativos, deportistas, etc., etc., y un millón de etcéteras, haciendo un tsunami de declaraciones 3de3 que convierten en inútil e inoperante el plan anti corrupción.

Más rápido que inmediatamente el Ejecutivo recibió una tarjeta con la traducción en bolitas y palitos de lo que eso representaba y le dio marcha atrás al mal trabajo de los desvelados legisladores. Aplausos.

Queda claro que en México no detenemos la cuenta regresiva y lanzamos naves al espacio con el clásico mexicanismo “a ver qué pasa” y cuando revienta el cuete entonces alguien sale a justificarse que como ya era de madrugada y estaban muy cansados por eso se les chispotió. Y va pa’ tras.

Exactamente eso debió ocurrir con la Reforma Educativa que ha hecho más daño que bien al sistema educativo, lastimando al magisterio y millones de familias; con una afectación económica incalculable por los bloqueos de los maestros que se dicen afectados y a los que se han ido sumando padres de familia también afectados, mientras en los hogares están millones de estudiantes también afectados.

Alguien debió advertir el riesgo de una estrategia que pudiera ser equivocada y aun cuando faltaran segundos para el lanzamiento, se debió suspender hasta tener la certeza completa de que saldría bien. Pero hizo falta tener los tamaños suficientes para frenar ésta reforma y otras más que no han demostrado aún los resultados prometidos. Actuar hasta estar completamente seguros y no como casi siempre, demostrando una clara subordinación del legislativo que “tiene que lanzar su nave al espacio” y la cuenta regresiva ya empezó; lo demás es “a ver qué pasa”; al fin que el pueblo parece olvidar pronto y no los recordará en el siguiente proceso electoral. Ese es mi pienso.

jjcastaneda55@gmail.com