Nuestras madres, mujeres virtuosas

9 mayo 2018 | 22:38 hrs | El Negro Cruz

Mujer virtuosa, ¬Ņqui√©n la hallar√°? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El coraz√≥n de su marido est√° en ella confiado, Y no carecer√° de ganancias. Proverbios 31:10-11

Salvo muy raras excepciones, nuestras madres siempre tienen la disposición, dictada desde el corazón e iluminadas por el Espíritu Santo, de hacer cualquier sacrificio por sus hijos, además, claro está, de llenarnos de amor y buscar encauzarnos por el buen camino.

Por ello, es una bendición inmensa gozar o, en su caso, haber gozado de ellas.

Las Sagradas Escrituras nos instruyen a respetar a nuestros padres y, desde luego, nos pone ejemplos de muchas madres, que hicieron verdaderos actos heroicos por sus hijos.

En una anterior reflexión, cuando hablamos del tema de las mamás que buscan a sus hijos desaparecidos, tocamos el caso de Rizpa, que viene mencionado en 2 Samuel 20, hago la precisión, por si alguien quiere conocer el contexto del asunto.

Pues bien, para el caso que nos ocupa, quiero decir que los dos hijos que Rizpa concibi√≥ con el rey Sa√ļl, Armoni y Mefi-boset, fueron condenados a la horca por los gabaonitas, junto a otros cinco varones, pero la severa sentencia inclu√≠a que no fuesen sepultados.

Ante tal circunstancia, la mujer permaneci√≥ semanas completas a la zaga de los insepultos, espantando a todo tipo de animal carro√Īero, con tal de cuidar los cuerpos de sus hijos. El amoroso sacrificio de aquella madre, lleg√≥ a o√≠dos del rey David, quien bajo la autorizaci√≥n de Jehov√°, decidi√≥ permitir que aquellos hombres fueran sepultados.

En pocas palabras, podr√≠amos decir que Rizpa obtuvo la misericordia del Se√Īor, lo cual permiti√≥ modificar su mandato, con ese suceso que s√≥lo una madre podr√≠a realizar.

Otro caso conmovedor en el de Ana, la madre del profeta Samuel, que al no poder concebir, or√≥ con tal devoci√≥n a nuestro Padre Celestial, que su petici√≥n fue atendida, nos dice, precisamente, 1Samuel 1:11: ‚ÄúE hizo voto, diciendo: Jehov√° de los ej√©rcitos, si te dignares mirar a la aflicci√≥n de tu sierva, y te acordares de m√≠, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo var√≥n, yo lo dedicar√© a Jehov√° todos los d√≠as de su vida, y no pasar√° navaja sobre su cabeza‚ÄĚ.

Despu√©s de cierto tiempo, la piadosa Ana logr√≥ la gracia del Creador y tuvo la feliz recompensa de dar a Luz un hijo var√≥n, por lo que recordando lo ofrecido, cuando lo hubo destetado acudi√≥ al Templo para presentar a Samuel, y el profeta nos dice, en el mismo libro, pero en los vers√≠culos 26-28, lo siguiente: ‚ÄúY ella dijo: !!Oh, se√Īor m√≠o! Vive tu alma, se√Īor m√≠o, yo soy aquella mujer que estuvo aqu√≠ junto a ti orando a Jehov√°. Por este ni√Īo oraba, y Jehov√° me dio lo que le ped√≠. Yo, pues, lo dedico tambi√©n a Jehov√°; todos los d√≠as que viva, ser√° de Jehov√°. Y ador√≥ all√≠ a Jehov√°‚ÄĚ.

Ser√≠a injusto no acordarnos de Mar√≠a, quien al saber que Jes√ļs era perseguido, peregrin√≥ junto a Jos√© para ponerlo a salvo de la crueldad de Herodes, no le importaron las agotadoras caminatas, la escasez de alimentos, las inclemencias del tiempo y otras vicisitudes, su objetivo era cuidar con todas sus fuerzas a El Salvador y as√≠ lo hizo. El Todopoderoso ten√≠a claro, en virtud de su Sabidur√≠a Divina, que poner al Mes√≠as en manos de una madre, ser√≠a m√°s seguro, que si lo resguardaba el m√°s imponente de los ej√©rcitos.

Demos gracias al Se√Īor por su misericordia al haber creado seres magn√≠ficos como las madres. En mi caso particular, tengo muy claro que fue mi madre quien me instruy√≥ en la lectura de las Sagradas Escrituras.

Nuestra condici√≥n econ√≥mica era muy humilde, sin embargo, a pesar de las carencias, siempre fui educado, junto con mis hermanos, para escudri√Īar la palabra de Dios, eso me ha permitido salir adelante y a pesar de mis defectos, luchar por alcanzar la Vida Eterna.

Gracias madre, tu ejemplo me hizo entender que la √ļnica opci√≥n, es el camino del Se√Īor.

Para concluir este modesto comentario, que espero sea de utilidad para ustedes, me permito recordar los que nos dice √Čxodo 20:12: ‚ÄúHonra a tu padre y a tu madre, para que tus d√≠as se alarguen en la tierra que Jehov√° tu Dios te da‚ÄĚ.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.

*Esta es opinión personal del columnista