No tiene gente el PRI

19 junio 2017 | 11:51 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Un partido político se espera que tenga congruencia aunque sea mínima. Es decir la suficiente para tratar de dar una imagen de credibilidad. Porque como su producto es vender gobernantes para el futuro, necesita incuestionablemente darles una envoltura que si no es atractiva, porque las circunstancias no se lo permitan; por lo menos abstenerse de usar el cinismo para forzar que la gente acepte un producto malo, uno que rebasa la fecha de caducidad o uno que afuera registra un contenido, pero al abrirlo es algo maloliente y en proceso de putrefacción.

Porque no es mucho pedir que se tenga una congruencia aceptable. La congruencia es coherencia, es un estado de coincidencia entre dos factores. Una isometría, en términos políticos es compatibilizar el discurso con la acción: el decir con el hacer.

Lo contrario es incoherencia política hasta esquizofrenia; se pudiera pensar de un líder, de un individuo, pero difícilmente de una institución que en lo formal debería evitar la equivocación de fondo.

Porque el PRI sí está reflejando esa inconsistencia en la dirección no solo en la organización. El rumbo a sostener lo absurdo es abierto, lo hacen sin tapujos, rompiendo no solo las reglas, sino socavando el juego del sistema de partidos, que demuestra su anquilosamiento. En pocas palabras los partidos políticos a la zaga de la democracia.

Y el PRI a la cabeza de la intentona reaccionaria, parafraseando la lectura clásica de “La Persistencia del Viejo Régimen” que se niega a aceptar las nuevas formas, las democráticas y prueba reeditar la imagen de un aparato cuasi gubernamental, que simula ser un partido y que lo que representa es el culto a la omertá política, la ley siciliana del silencio, que hermana a los mafiosos.

Porque el discurso de Ochoa Reza desde que le dieron el PRI, después de ser uno de los artífices de la congruencia -esa sí- de las reformas energéticas peñistas; con el proyecto de la señora Clinton, sobre el mismo tema; incluyendo, la apertura del subsuelo a la explotación privada; se dedicó a fustigar a los malos priístas a los destacados por las sospechas y las acusaciones; a los que en un mentiroso afán purificador, les señalaba con una tirria feroz o un teatro -hoy se ve- manipulador, exigiendo su expulsión como según lo expuesto, les acusaba de ser los causantes de la debacle electoral del año pasado.

Aunque hoy todo indica que hay cambio de rumbo o de discurso. Porque después de haber arreglado los apretados triunfos del Estado de México y de Coahuila, resurgen los del antiguo régimen, envalentonados. Ratificando que siguen con el proyecto del “nuevo PRI” el que presumía Peña, el de los improvisados y abusivos gobernadores, que sin conocimientos, méritos o atributos morales, sigue representando una clase política inmensamente corrupta y llena de cinismo.

Porque en primer lugar hasta que fue Peña a Guatemala, se solicitó la extradición de Duarte.

En esa visita intempestiva que muy poco se señaló como abrupta, los acuerdos que se desprendieron tal parece que fueron, cubrir a los sospechosos o culpables a toda costa. Porque los secretarios de finanzas, todos y los contralores todos, incluyendo al ORFIS, salvo una excepción siguen muy campantes, gozando de cabal salud financiera y con todas las libertades que el cinismo de un sistema sin asideros éticos, se permite para pitorrearse de los ciudadanos veracruzanos, que creyeron que se les podía detener a los causantes de la ruina que por décadas, asolará a Veracruz.

Y como se dice, para muestra un botón con el absurdo papel de Ochoa que nombró en Morelos un presidente del PRI, el ex secretario de finanzas de Duarte, Charleston. No solo “insaculándolo” de la lista de los agravios financieros, entre ellos las firmas de los compromisos con las insaciables financieras, que pedían condiciones que sabían los firmantes imposibles de cumplir; sino un improvisado más, sin merecimientos, ni experiencia política, haciendo de esa ruina: el priísmo morelense, el parapeto para escudar los perfiles peñistas del “nuevo PRI” ¿A petición expresa de quién? ¿o acaso Ochoa Reza, conocía sus proverbiales capacidades políticas del sujeto improvisado? ¿o escuchó a las huestes locales que lo pedían a rabiar? ¿Zapata de ultratumba lo pidió?
¿es Peña, o Videgaray su íntimo amigo?

¿O no será mas bien, la evidente fuerza de Duarte, que puede hacer que el alto mando político acate proteger a los que sabrán mucho, y pronto veremos más maniobras del nivel extremo de la incongruencia?

Restaría pensar que el PRI no tiene gente y en esa orfandad, hasta de los cartuchos quemados que encabezaron las decisiones más cuestionadas, tienen que sacar sus cuadros. A menos que el plan sea doble: sepultar al PRI donde es solo un lejano recuerdo anecdótico de pasadas glorias y al mismo tiempo cargarle de antemano el fracaso, a alguien marcado directamente con Duarte, que de pasada cargue con los platos rotos.

*Esta es opinión personal del columnista