No salen las cuentas

2 octubre 2018 | 11:23 hrs | | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

 

Dicen que prometer no empobrece y es cierto cuando no tienes la obligación de cumplir lo prometido. Antes de que hubiera competencia democrática no se prometía nada concreto, sino seguir por el camino del progreso y la senda revolucionaria, decían, los que eran presidentes de facto antes de ser electos.

Tampoco se prometía hacer justicia contra los prevaricadores, todo se quedaba bajo el arbitrio del poder abusivo.

Si se necesitaba algo de lo mucho que sí, y ese algo, beneficiaba a los cuates del partido, no a todos incluso de los del partido, repito, solo a los cuates;  y si además se podía hacer un negocio importante, y al final no pagar todo lo que se pedía, se hacía la obra. Los beneficios se repartían en el esquema de conveniencias de los corporativos: los sindicatos, gobernadores, alcaldes de la clica en el poder.

Todo se resolvía con dinero, hasta los enemigos que se amenazaban indirectamente con la muerte si devolvían parte de lo robado, es decir el “vómito negro”, se les confinaba solo a la muerte política. La muerte real era para los que se equivocaban y actuaban como si se mandaran solos. Un régimen que yo he creído que no se volverá a repetir.

Con el descontento latente antes del paso “democrático”, vinieron las promesas que no eran otras que lo que se necesitaba y urgía, las cosas que demandaban los gobernadores y estaban presupuestadas porque tenían un proyectito malechón, pero que era algo; la Secretaría de Programación y Presupuesto le indicaba a su delegado, al que querían encumbrar en algún estado que formara la demanda de lo aprobado, en corto, y la vendiera como si fuera de la gente.

En esa estratagema llegaron algunos burócratas del centro a ser gobernadores, con séquito completo descomponiendo la política local y llenando con excesos que se volvieron deuda, sus añoranzas de las francachelas de la capital.

Ya con el esquema de la democracia empezaron las promesas y los del PRI ante la desconfianza total decían “te lo firmo”; y ante notario se encargaban de medio hacer lo que se comprometían, puras cosas secundarias e irrelevantes.

Hoy las cosas están en otra dimensión mayor, las promesas del señor López Obrador cuestan mucho y debe ser un quebradero de cabeza para los técnicos de la Hacienda nacional, encontrar la fórmula que permita cumplir algo de lo prometido y sacar del juego del dinero de los contribuyentes, asuntos  que ya tienen mucho tiempo, pidiendo a gritos ser racionalizados.

Y es que ni modo que no se pueda esto, lo otro, lo demás allá, porque por más fanaticada que traiga el próximo presidente se le van a salir del huacal muchos, cuando vean que no se puede y crean que lo que pasa es que no quiere.

Y bueno, la sabiduría indica que hay que valorar si se puede terminar una construcción o si se puede ganar una batalla, y si no se puede, dar marcha atrás con los costos de cargar con la imprudencia de aventurar a una empresa imposible.

Porque solo los desesperados y que se desquician al no poder salir de sus sueños como Ernesto Guevara, pueden decir que: “hay que exigir lo imposible”, se oye bien poéticamente, pero es frase de manicomio para la política.

Y hay cosas muy buenas como que la bancada mayoritaria de Morena quiere reducir la mitad del dinero que se destina a los partidos políticos, es un buen comienzo y se habla de un ahorro de 2,482 millones de pesos, un diario El Reforma comparó algunos programas que tienen menos dinero y son más importantes: el programa de educación para indígenas con 1,322 millones de pesos y los comedores comunitarios que tienen asignados 1,442 millones de pesos. Ojalá que esos ahorros se utilicen con excelsitud, no en aumentar burócratas, camionetas y celulares.

El problema es cuando los ofrecimientos desdibujan los ahorros, que esperamos apenas empiecen,  porque todo indica que es al revés, nadie afloja, los once poderes “autónomos” cuestan un dineral y se defienden en sus cotos de poder y presupuesto.

Todos quieren mamar de la ubre y los gobiernos de los estados que no han pagado la electricidad, quieren se les condonen 14 mil millones de pesos. Pedir tampoco empobrece. Pero no salen las cuentas, quitas 2 y medio y te piden 14.

Lo más espectacular es el hoyanco que resultará si es que se hace la rebaja impositiva en la frontera norte: bajar el impuesto sobre la renta del 30% al 20%, y del IVA del 16% al 8%, dicen los expertos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, será tanto como que el fisco deje de percibir nada menos que 83 mil millones de pesos que en un momento podrían alcanzar los 104 mil millones, como se publica en diferentes diarios. Es catastrófico.

Sin contar que ante el anuncio de esa “bondad”, miles de empresas cambiarían su domicilio fiscal y ahorrarían muchísimo dinero que no llegaría al gobierno, o como dicen los que saben a las ocurrencias de los gobiernos.

Así que por un lado se quiere evitar caer en castigos contractuales como los de las empresas petroleras que fueron beneficiados con 110 contratos en materia de hidrocarburos; como les señaló López Obrador a los 44 grupos de inversionistas del ramo, quiere que sigan, aunque dijo continuar revisando los documentos; pero por otro, algunos consejos ligeros que se incrustaron en la campaña no los puede ratificar, porque los costos actuales y las consecuencias no se están midiendo.

Esta es opinión personal del columnista.