No los olvidemos

13 abril 2016 | 9:24 hrs |

Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza. Camelot

 

NO LOS OLVIDEMOS

 

El olvido a veces mata. Cuando un hijo fallece, más en condiciones de criminalidad, como miles de las nuestras en este México herido, el dolor es terrible. No es lo mismo sepultar a un enfermo, cuando se despide de este mundo, que vivir con el dolor de haber sido aniquilado por hienas y bestias que un día han llegado a este país, para quedarse, desafortunadamente. Nos dolieron los hijos que así se han marchado. Nos dolió el hijo de Martí (Fernando), un jovencito que a los 18 años un retén policiaco lo secuestró y mató. Nos dolió el hijo de la Wallace; nos dolió plenamente y hasta el fondo de nuestros corazones de padres, el hijo del poeta Sicilia (Juan Francisco), a quienes sin conocerle vimos escenas desgarradoras en la televisión, y en los diarios leímos de su peregrinar y su encuentro con la muerte, por encontrarse en el sitio no indicado y en el momento no indicado. Estas bestias han dicho que a algunos de ellos los confundieron. Nos han dolido las hijas desaparecidas en esta ciudad, nos ha dolido Fernanda Rubí, a quien su madre busca desesperada desde 2008. Y otras jovencitas de esta ciudad y región, que una mañana salieron de sus casas y nunca más regresaron. El Nobel José Saramago lo definió mejor que nadie: “Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje. Sí, Eso es. Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado ¿Perder? ¿Cómo? No es nuestro. Fue apenas un préstamo… EL MÁS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRESTAMO, ya que son nuestros solo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

Comento este tema doloroso, porque el caso de los padres de los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, sigue causando resquebrajamiento. Los padres hacen todo por no olvidarles. Y siguen allí, con sus guardias dolorosas, con su luto en el corazón. Esperando la esperanza perdida. Esperando… que más se puede hacer.

 

LA CARTA DE UN PADRE (Tomado de la Crónica de Tierra Blanca)

 

Bernardo Benítez Herrera, padre de uno de los cinco jóvenes víctimas de desaparición forzada en Tierra Blanca, participó en el foro “Obreros por la Paz”, en la ciudad de México, donde leyó la siguiente carta:

“Muy buenos días señoras y señores, miembros de Obreros por la Paz, gracias por la invitación. A mi hijo Bernardo de 25 años junto con dos sobrinos y dos amigos los secuestraron Policías Estatales de Veracruz, porque los vieron “sospechosos” por ser “fortachones”, porque iban en un Jetta con vidrios polarizados y con placas del Estado de México… Los entregaron a una célula del Cartel Jalisco Nueva Generación, los torturaron, los asesinaron y los incineraron para desaparecer toda huella del crimen. Entenderán que para mí es muy difícil hablar de la paz porque he vivido la crueldad más terrible de la violencia en México. Hemos pasado noches de horror que no tienen fin. Hace ocho años secuestraron a mi padre, pagamos el rescate y nunca nos entregaron ni el cuerpo.

Decía un periodista de Veracruz que cada dolor por la pérdida de un ser querido es individual pero también hay un dolor colectivo por todos aquellos que son arrebatados a la sociedad. Y entonces es necesario elaborar un duelo comunitario para pasar a la construcción de la memoria histórica y después, tal vez, dentro de mucho tiempo llegar a la reconciliación. Solo así podremos sanar como sociedad.

El duelo no es un proceso para aprender a olvidar sino una experiencia para recordar sin dolor y de ese proceso los seres queridos que se fueron pasan a formar parte de nuestros recuerdos. En la colectividad es lo mismo, el no olvidar, el recordar es algo necesario, recordar colectivamente a las víctimas es la memoria histórica, lo que ayuda a sanar a la sociedad. Uno de los principios que como sociedad debemos romper es LA IMPUNIDAD, porque la violencia que padecemos pasa por la complacencia y beneficio de nuestros gobernantes, dirigentes y policías. Mientras no rompamos las cadenas de la impunidad, no alcanzaremos la paz y nos seguiremos acostumbrando a escuchar historias como la de mi familia, historias que se vuelen cotidianas en un México en el que impera la impunidad y nunca llega la justicia, ni se castiga a los culpables de tanta barbarie.

La paz en México no se logrará si antes no hay justicia, y quizás seamos muchos quienes no la conozcamos jamás porque para nosotros justicia sería tener a nuestros hijos.

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