¿No decir la Verdad Porque son Elecciones?

15 enero 2018 | 9:27 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Porque es absurdo que exista una veda de verdades. Quieren que se instaure el silencio, para dar paso a la opacidad y a la secrecía; y que solamente las buenas famas se difundan. Son los que cuando les conviene, se conducen con lo que establece lo políticamente correcto, que es una regla de cortesías que nada tiene que ver con la política.

Los errores y los crímenes contra la colectividad deben permanecer en lo oculto, porque dicen: la gente se escandaliza y nadie es perfecto. Por tanto concluyen: hay que callar lo que se hace en lo oscurito y hasta lo malévolo que se hace  a plena luz del sol.

Debatir  -con altura-, arguyen, hay que abstenerse de mencionar lo sucio del pasado de cada aspirante, dejar lo negativo y caminar unidos de la mano cantando El Himno a la Alegría….

Es el credo para atrapar ilusos.

Es un pretexto para discursos vacíos, sin propuesta política, que hacen de las miras políticas, temas insustanciales, quisieran composiciones que rayan en lo sublime, en lo bonito, en un tono aparentemente pacífico, de buenas vibras, como proponen los Meade: José y Juana, en el promocional donde dicen, que los sentimientos de la navidad,  hasta deben durar todo el año.

Esas actitudes de lobos con piel de oveja,  por consecuencia, no tienen propósitos ecuménicos, sino que buscan que a los políticos se les rinda un trato de superiores, de demiurgos, seres casi a milímetros de su ascenso como dioses, tipos que no deben dar cuentas a nadie, de lo que hicieron con los recursos de otros, los de los que pagan impuestos.

Y como los grillos del primer nivel, dicen sus corifeos “están más allá del bien y el mal”; no se les puede medir con la métrica de los humanos comunes y corrientes. Y si los cachan como pillos: “la gente no los debe cuestionar, menos los adversarios políticos que sacan raja electoral”; y se avientan la puntadas de afirmar, que los de arriba “deben tener razones poderosas que no se pueden revelar, pero que fueron las adecuadas para los tiempos de decisión que vivieron”.

Esa receta es la que los mercadógos  de los malandros de Hacienda y sus cómplices de la delincuencia organizada partidista, mediante sus abogados; quieren se nos aplique a los mexicanos a propósito de la denuncia del gobernador Corral, que fue acusado, ¡hágame usted el favor! por dar a conocer raterías, “usando” una no válida, estrategia política.

Y pegó…. ¡Es lo insólito!

Claro que no con todos. Pero sí con los que traen el disfraz de ciudadanos anticorrupción. Porque esos profesionales de la neutralidad oficial, entienden que su compromiso es  con la nada. Y se rajan de su innecesario acuerpamiento contra el crimen, cuando su jefe oculto lo pide.

No saben que la democracia tiene seguidores porque el pueblo cree todavía, que en los cambios de gobernantes está la esperanza de que ajusticien a los ladrones criminales y abusivos, que  embozados como funcionarios desleales y fraudulentos, fueron finalmente sorprendidos.

Para los autollamados intelectuales, la política es un acto de cortesía, en el que hay que hacerse tontos y hacer tontos a los ciudadanos; y hasta confundirlos. Lo que intentan con enredos como defensa, los que hicieron las jugadas sucias con dinero de los contribuyentes. Y así se ponen más de pechito.

Claro que la denuncia de Corral conduce a complejidades como lo explica el destacado periodista Francisco Garfias en una entrega bien documentada. Allí se ven intereses variopintos; la mano de Beltrones, de la policía y hasta de Slim, pero esos datos no descalifican el hecho mismo de una maniobra ilegal mayor, una conducta reprobable en todo México, como lo señalo el gobernador de Chihuahua.

La opinión pública debe de saber todo lo que le concierne. Lo que se hace con su dinero. Y no tienen porque agarrarla contra los que los denuncian o contra los que se los publican con pelos y señales. Porque ya están agrediendo a Animal Político y a otros, por dar a conocer  los datos de los faltantes que señala la Auditoria Fiscal de la Federación, se infiere por la furia, que temen que le peguen al bisoño Meade.

La amenaza a la libertad de expresión y denuncia no hay que permitirla. Se debe continuar la línea de denuncias, para que la gente mañana, no se diga engañada y conozca la cara sucia de los se dicen ciudadanos limpios.