No a los hombres providenciales

12 noviembre 2019 | 0:00 hrs | Javier Roldán | Columnistas


La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

Lo peor que le puede pasar a la lucha de clases es padecer el síndrome del Cruz Azul

En los apuntes introductorios a las Obras Escogidas de Marx-Engels, Lenin señala: “Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clases del proletariado organizado”.

Este es el punto medular de un movimiento revolucionario (transformador pues): su éxito no puede estar basado en mujeres u hombres carismáticos, sino en el fortalecimiento de las instituciones que surjan de la lucha, para lo cual, debe haber una teoría revolucionaria.

Dicho lo anterior, en la instauración de  un nuevo estado de cosas, es indispensable saber a lo que se enfrenta y tener claro que habrá resistencias, por lo tanto, el proyecto no debe basarse nunca en las pretendidas capacidades taumatúrgicas de los líderes.

Así pues, mientras la apuesta sea  esperar un Mesías que nos troque en una sociedad más justa, las derrotas seguirán acumulándose, mismas que, por las expectativas acumuladas, serán cada vez más dolorosas.

Como no podemos lograr todo de golpe, el meollo radica en que la sociedad se organice para construir barreras institucionales, que impidan el retroceso de lo avanzado, sino, seguiremos en un perverso juego civilizatorio de serpientes y escaleras.

Esta es opinión personal del columnista