Ni gritos, ni sombrerazos

25 febrero 2016 | 20:37 hrs |

Buen día lector:

Prácticamente apabullado un día antes por diversos medios de comunicación que ya lo daban por muerto políticamente, como jamás en la historia de Veracruz se había visto gobernante alguno, este 24 de febrero el gobernador Javier Duarte de Ochoa tuvo la audacia y la paciencia para encarar lo que viniera, desde el Zócalo del Puerto de Veracruz, el mismísimo punto geográfico al que todo el país ve como alma, corazón y vida de los veracruzanos.

Algo en el ambiente, no solo el furioso viento del norte que sopló unas horas antes la madrugada del miércoles; que despertó en Xalapa a los capitalinos y alarmó a casi todo el mundo, hacía presagiar tormenta política para el joven gobernador.

‚Äú¬°¬°Uuuuuhhh!!‚ÄĚ, sonaba esa noche el torbellino al rozar con los √°rboles. Parec√≠a que hasta el viento sonaba espantado.

Pero ya al amanecer, all√≠ en la calle Independencia, en Veracruz, cerca del lugar en que estuvo el hist√≥rico Caf√© Parroquia a un costado de la Catedral y frente al Gran Hotel Diligencias con 200 a√Īos de historia, estaba el estrado desde el que a temprana hora de esa fresca ma√Īana, Duarte quiso presenciar con un desfile de los cadetes de la Naval, la celebraci√≥n principal por el D√≠a de la Bandera

Y así fue.

Como siempre imponentes: ‚Äúcadete soy, de la Naval, mi orgullo es ser marino; cantando voy un himno al mar, feliz con mi destinooo‚Ķ‚ÄĚ, los alumnos de la Gloriosa Escuela Naval Militar pasaron frente al templete desde el que los ve√≠a el gobernador acompa√Īado de los diputados Octavia Ortega, Juan Nicol√°s Callejas, el magistrado Alberto Sosa y el alcalde Ram√≥n Poo, entre otros.

Portando las banderas que han distinguido a M√©xico, gallardos, garbosos, con paso perfecto no dejaban de cantar su tradicional himno: ‚Äúmi escuela y mi bandera, las dos mi gloria son, dar√© mi vida entera, por defenderlas, de una invasi√≥ooooon‚ÄĚ.

Y no, a pesar de que hubo unas cuantas personas que se pararon temprano para ir a aplaudir el paso de los marinos¬† no pas√≥ nada, no hubo abucheos para el gobernador como dicen que pas√≥ recientemente en su ausencia, ah√≠ cerquita, en la nueva ‚ÄúParroquia‚ÄĚ del malec√≥n.

No hubo pues, ni gritos ni sombrerazos.

Tampoco habr√≠a alborotos en el acto siguiente en la Plaza de la Rep√ļblica, en el que el pueblo pudo haber acudido a presenciar la ceremonia, pero al que solo asistieron los familiares de los ni√Īos y j√≥venes abanderados.

Una ceremonia solemne, de orgullo mexicano, en la que el orador Javier Duarte -para variar- recordó que fue el 24 de febrero de 1821 cuando se proclamó el Plan de Iguala, con el que habría de consumarse la Independencia de México, mismo día en que ondeó por primera vez un estandarte que nos habría de dar identidad: la Bandera Trigarante.

‚ÄúDesde entonces ha vivido junto con la Naci√≥n el devenir de nuestro pa√≠s, un estandarte que vio hacia la libertad donde el verde, blanco y rojo han sido los colores que nos identifican como mexicanos y nos distinguen ante el mundo‚ÄĚ.

Pronunciaba esto don Javier el jove, cuando inevitablemente con los redobles de tambores de la milicia llegó a la mente de algunos presentes ese infame y reciente promocional de Televisa que a ritmo de cumbia desmitifica el toque de queda tradicional de los militares y pone a bailar con sabrosísimo pero irrespetuoso efecto a la gente.

Ya imagina el reportero los relajos que armar√°n con ello los chamacos en las escuelas.

Por cierto, antes de comenzar el desfile el gober llegó al palacio municipal donde lo esperaba el alcalde Ramón Poo y su papá don Gerardo Poo Ulibarri.

Ya pocos se acuerdan cuando don Gerardo era el presidente municipal y se le ocurri√≥ dar permiso al afamado actor de fama mundial Michael Duglas para que dentro del ambiente de su pel√≠cula; ‚ÄúDos bribones tras la esmeralda perdida‚ÄĚ, colgara en el asta del palacio, ¬°la bandera de Estados Unidos‚ÄĚ, ante el esc√°ndalo nacional que se arm√≥.

Pero volviendo al día después de los rumores, pocos mandatarios han enfrentado situación parecida a la que le han armado al joven Duarte.

A√ļn as√≠, esa ma√Īana junto con el alcalde y los titulares de los otros poderes bajaban las escaleras rumbo al templete, cuando ya los esperaba un centenar de reporteros y fot√≥grafos:‚Äúvinieron muchos y tan temprano‚ÄĚ, les dijo y enseguida agreg√≥ siguiendo la corriente al rumor de que la noche anterior pedir√≠a licencia al cargo: ‚Äúya me renovaron mi licencia, ¬°pero la de manejo!‚ÄĚ.

¡Qué humor!

Los reporteros le hicieron preguntas de todo tipo sobre si lo destituirían y con aplomo y jiribilla incomparable respondió a todo sin mostrar nerviosismo alguno.

HERNANDEZ OCHOA Y AAL

Por cierto, en la historia política de Veracruz no se recuerda a muchos gobernadores en situación parecida.

Solo en la distancia, cuando en 1975 en el segundo a√Īo de gobierno de don Rafael Hern√°ndez Ochoa. Fue el 30 de octubre cuando hubo una matanza de campesinos en un lugar llamado La Palmilla, del municipio de Tlapacoyan donde un grupo formado por m√°s de 300 hombres armados con metralletas y cubiertos con capuchas llegaron y abrieron fuego.

Esa acci√≥n que estuvo a punto de costarle el cargo a don Rafael, pero gracias a la intervenci√≥n (por segunda vez) de su esposa do√Īa Teresita, ante la compa√Īera Maria Esther, esposa del Presidente Luis Echeverr√≠a, se mantuvo en el poder.

Otra situaci√≥n se dio en el gobierno de don Agust√≠n Acosta Lagunes cuando las matanzas entre ganaderos y la famosa ‚ÄúSonora Matancera‚ÄĚ que lideraba el que dec√≠an era su primo Felipe Lagunes.

Los rumores de radio bemba llegaron a se√Īalar que don Agus se ir√≠a del gobierno, pero no se fue.

Por esos días se manejaba también que existía ya un rompimiento entre el gobernador y el poderoso subsecretario Ignacio Morales Lechuga.

Sin embargo, el hombre de Paso de Ovejas padecía un mal en las piernas y se tuvo que someter a una operación. Por coincidencia, voluntad o instrucción Nacho Morales dejó el cargo y entonces don Agustín solía decir que con la operación se había librado de un gran malestar.

Algunos a√Īos despu√©s, entre grandes carcajadas dir√≠a a este reportero que ‚Äúde milagro no lo corrieron‚ÄĚ de la gubernatura, ‚Äúporque hab√≠a cometido muchas pendejadas‚ÄĚ.

M√°s recientemente hubo algunos se√Īalamientos contra don Miguel Alem√°n Velasco por el asunto de la deuda. Hay quienes aseguran que no era de la cantidad que se dice, que incluso dej√≥ una lanita considerable en las arcas, pero que el que lo sustituy√≥ dispuso de ella e invent√≥ lo de la deuda. Con raz√≥n nada raro parece que el principal interesado en que H√©ctor llegue a la gubernatura se llama Miguel, ¬°pero Miguel Alem√°n Velasco!

Tenga el lector un excelente y apacible fin de semana

gustavocadenamathey@hotmail.com