Negociación o Respeto de la Ley

26 septiembre 2016 | 12:06 hrs |

Por: Jorge Miguel Ramírez Pérez

El PRI ha anunciado desde hace varias semanas que expulsará a gobernadores miembros de ese partido que tengan fuertes sospechas de corrupción, y hoy se inició ese proceso que muchos analizan será tedioso; hasta que la propia PGR solicite las órdenes de aprensión, aunque se pudiera contradecir esa percepción dilatoria  y surgir  incluso hoy mismo ese trámite.

El destinatario inicial del proceso de expulsión es obviamente Javier Duarte de Veracruz y se ha ampliado hacia algunos de sus colaboradores, que fue la última inclusión a la lista negra que hizo su presidente nacional Enrique Ochoa Reza.

Pero no se ha dicho nada de un exgobernador Borge de Quinta Roo y tampoco del otro Duarte, el de Chihuahua, que todavía está en funciones.

Menos se han mencionado otros exgobernadores como Padrés Elías de Sonora, con sus escandalosas prácticas de patrimonialismo acendrado, que urgirían procesos similares en el PAN o el PRD que tampoco definió su postura de los malos manejos de Marcelo Ebrad, por mencionar a los más conocidos.

De hecho el protocolo de expulsión es una tomada de pelo. Parece insulso y aparatoso, inútil porque engaña y genera la percepción de un pleito entre políticos. Le da relevancia a la disputa de partidos o a la interna, que en todo caso deberían ser irrelevantes para la justicia.

Tal como quiere hacer ver, Javier Duarte en su mensaje difundido en las redes, en el que se las da, por aparecer como objeto de una pugna, al señalar que él acatará… porque no quiere ser la causa de la división en su partido (sic), como si de veras dividiera opiniones o tuviera una fuerza política que ameritara  tales bifurcaciones.

Algunos políticos priístas y del PVEM veracruzanos los que lógicamente tienen compromiso con el todavía gobernador, son los únicos que han salido en inserción pagada, a una forzada defensa porque han sido beneficiarios de la debacle financiera, administrativa, política y de inseguridad  por él auspiciada.

Tratan los firmantes a petición seguramente del secretario de gobierno,  de descalificar a su líder nacional. Incluso los verdes lo hacen, aunque se supone son de otro partido, pero en Veracruz  demuestran que no están diferenciados, se evidencian como integrantes del mismo grupo político, que desde hace doce años se concentró en destruir el estado y sus instituciones.

De los firmantes muchos diputados federales del tricolor protestaron que su nombre se haya usado sin su consentimiento. Duarte no significa ninguna división, como Padrés o Ebrard tampoco en sus respectivos partidos.

Lo que hace Duarte en todo caso es avisar que sus enormes recursos financieros mal habidos, por instrucciones de su antecesor serán para Morena, o para el Verde; al fin ya en la pasada elección impulsaron al partido de Andrés Manuel, táctica que le va a traer costos adicionales al mesías tabasqueño, si se vuelve a equivocar con patrocinadores tan desprestigiados, que le ganan en lo impresentable..

Porque precisamente se quiere hacer ver con las expulsiones partidistas que la Ley es secundaria y que no hay justicia si antes no hay justicia partidista, que en el lenguaje del neo autoritarismo equivale a la decisión del presidente.

Y entonces, los comentaristas se vuelcan a explica el porqué del razonamiento, a darle explicaciones públicas a Duarte de las causas que obligan a su amigo a tener que someterlo a un tipo de norma, la partidista, inocua, pero emblemática de la ruptura de la amistad, sin ninguna referencia a una ignota  división por verdaderas causas políticas.

Mal… México mal cuando permite este tipo de simulaciones que implican meter a la cárcel a emblemáticos representantes de partidos políticos haciéndole a lo salomónico mal entendido, se va uno del PRI, le toca a uno del PAN, que como se dice por lógica debe ser Padrés que ya tiene tiempo en el jaloneo; y  a la vez se propala en el centro, la versión de que Duarte le gana a Medina como candidato de primicia a la deshonra, porque no apoyó al candidato perdedor, como si el neolonés hubiera sido pródigo con la senadora.

Se hace ver que la Ley, lo que se llama la ley y la justicia, no valen; están subordinadas a las negociaciones partidistas. Se habla en todos los foros de chivos expiatorios y no de pajarracos de cuenta.

Porque deben acabarse las complicidades partidistas, porque  mientras que los gobernantes siempre andan buscando quien les cubra la espalda, más se descobija a México, nadie le cubre la espalada, todos lo traicionan;  porque esperan que alguien mas tonto en el camino de la perversidad, sea sorprendido y pague por todos los prevaricadores.

Es tiempo que los mexicanos pidamos ley a secas, justicia a secas para que se les aplique a todos los gobernantes sin distingo partidista con las pruebas reales en la mano, sin invocar cercanías, complicidades inconfesables o estrategias de negociación que a la larga salen más caras para todos.