Necesitamos ser solidarios

14 junio 2018 | 14:35 hrs | | Negro Cruz

Diálogos con ‘El Negro Cruz’

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 2 Corintios 1:3-4

 

Ya lo hemos señalado en anteriores colaboraciones, vivimos tiempos complicados en todos los aspectos de la vida, en lo familiar, en lo económico, en materia de seguridad, en fin, la desesperanza parece inundarnos.

En ese contexto, es indispensable que reforcemos nuestra Fe y que como nunca, practiquemos las enseñanzas de nuestro Padre Celestial, ante la adversidad, tenemos que unirnos como sociedad, como hermanos que somos.

Si asumimos que queremos ser buenos cristianos, no debemos quedarnos en los dichos, en la retórica, hay que demostrar que tenemos voluntad de ser mejores, porque bien nos dice Mateo 5:48: Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Así pues, la devoción que demostramos a Dios, es indispensable que la tracemos en los hechos ayudando al prójimo sin ninguna cortapisa, encerrarnos en nuestro propio mundo, no contribuye en nada a que encontremos la Salvación Eterna.

Por lo anterior, debemos evitar, ante las vicisitudes del vecino, expresar y ejercer un refrán altamente mezquino: “de que lloren en mi casa a que lloren en la ajena”…esta, es una acción que busca justificar la insensibilidad ante el dolor ajeno, nunca debemos perpetrar tal herejía.

Hermanas, hermanos, el camino que Jehová nos traza está lleno de pruebas, muchas de las cuales pueden resultar misteriosas para la forma en la que vemos la realidad actual, pero cuando esta situación se presente, hay que recurrir al estudio de las Leyes de Nuestro Señor, mismas que están llenas de sabiduría. Cumplirlas, nos permitirá ser mejores personas, además de que nos llenarán de satisfacción.

Soy realista, por lo tanto, tengo claro que hay momentos en que quizá no tengamos la posibilidad de ofrecer algo material para dar consuelo, no obstante, ser misericordiosos es algo que siempre está al alcance de todos y aunque nos tengamos las facultades de Pedro, que fue Iluminado por el Espíritu Santo, es preciso que recordemos lo que nos dice  Hechos 3:3-6: “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Más Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.

Ese es el punto: ser solidarios en todo momento.

Esto implica que la caridad no es solo un asunto material, aunque esto sea necesario, sino también, implica la capacidad de compadecernos del otro, es decir, padecer juntos.

Muchas veces, escuchar, emitir un consejo, dar una palmada en el hombro, alentar, orar por amigos y enemigos, son actos que manifiestan la posibilidad de todo lo que somos capaces de hacer por el bien común, para tratar de ser (y lograrlo con perseverancia, desde luego) perfectos como el Todopoderoso. Él nos observa, sabe lo que hacemos, lo que pensamos y en su caso, si hacemos el bien, seremos recompensados.

En este sentido, hay que hacer las cosas en el marco de las ordenanzas divinas, por ello, es preciso que no hagamos alharaca de nuestros actos, pues bien nos dice Mateo 6: 1-4, cuando nos narra lo dicho por Jesucristo en el Sermón del Monte: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

No quiero extenderme más de lo necesario en esta modesta reflexión, sólo insisto, ayudémonos los unos a los otros, es una forma de alabar a Jehová y ser como Él quiere que seamos.

Me despido como siempre, sugiriéndoles con respeto, que estudien La Biblia. Gracias.

Esta es opinión personal del columnista.