Muere el gran Pitol

14 abril 2018 | 11:43 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

 

De Benjam√≠n Walter: ‚ÄúNuestras vidas se definen por las oportunidades, incluso las que perdemos‚ÄĚ.
Camelot

Muere una de las letras mexicanas. Xalape√Īo por adopci√≥n, Sergio Pitol (18 marzo 1933-12 abril de 2018), poblano de nacimiento y jalape√Īo porque ah√≠ le gust√≥ vivir, tanto que all√≠ escogi√≥ morir, cuando la muerte pis√≥ su huerto (Serrat dixit). Fue un grande. Gan√≥ el Premio Cervantes en 2005, el Nobel de las letras hispanas, y fue el mism√≠simo rey abdicado, Don Juan Carlos de Espa√Īa, quien le dio el t√≠tulo y el jurado le dio la lana, el dinero, pues. Se les premia con 125 mil euros, que es un buen dinero. Y ese Premio lo han ganado gente de la talla de Borges, Bioy Casares, Alberti, Camilo Jos√© Cela, nuestra Poniatowska, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Octavio Paz y Jos√© Emilio Pacheco. Guillermo Cabrera Infante, Onetti, Vargas Llosa, muchos que luego encontraron el Nobel, aqu√≠ pisaron estaci√≥n literaria. Toco el caso porque le√≠ en una p√°gina a su muerte, que por poco coincide con la del 23 de abril, que es cuando se entrega el Premio Cervantes, que Pitol muri√≥ casi en los l√≠mites de la pobreza, una sobrina suya declar√≥ a Aristegui noticias, que el t√≠o, que vive conflictos familiares, no ten√≠a para sus medicinas y ella le andaba buscando medicamentos econ√≥micos, los similares, los mas necesarios. Conaculta y el INBA y esas dependencias de la cultura, deb√≠an aportar becas para escritores, cuando viven en la casi median√≠a de su pobreza. Y la misma rectora, Sara Ladr√≥n de Guevara, con recursos de la UV, debi√≥ haberle atendido y no andar solo en la grilla palaciega. Sin dinero y quiz√° ya con la conciencia ida, ese gran talento de escritor muri√≥ en la carencia, como a los inicios viven muchos en la pobreza y se iban a Paris a pasar hambre entre los escritores, porque ir a Par√≠s era ir al templo del saber, como aquellos que quieren ser cardenales cuando visitan el Vaticano y ven extasiados ese imponente edificio. En Par√≠s abrevaron pobreza: Vargas Llosa, Balzac, Hemingway, V√≠ctor Hugo, Julio Cort√°zar, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Julio Cort√°zar, Mario Vargas Llosa, Elena Garro.

C√ďMO VIV√ćAN
Garc√≠a M√°rquez se hospedaba en una buhardilla del destartalado Hotel de Flandre; com√≠a en los restaurantes Acropole o Capoulade, atestados de estudiantes pobres; caminaba por las calles del Barrio Latino, pasando de largo por vitrinas llenas de libros que no pod√≠a comprar; recalaba en el bar L‚ÄėEscale, a cuyo escenario sub√≠a a cantar boleros, vallenatos y rancheras. Las penurias no apaciguaron la intensidad con la cual Gabriel Garc√≠a M√°rquez vivi√≥ en Par√≠s en la segunda mitad de los cincuenta y a√ļn se palpan sus huellas en esta ciudad.

La casa de Cort√°zar en el 4 de la Rue Martel:

El más francés de los escritores argentinos consiguió crear una visión propia de la ciudad de esas que encantizan a miles de lectores y se merecen su propio itinerario personalizado. Su piso (piso con gato, que lo convertía en un verdadero hogar) fue un centro de peregrinaje para jóvenes escritores y fans del mundo entero, y hoy se puede seguir una ruta de Rayuela que recorre los lugares de la ficción y de la vida real del escritor, siguiendo a Horacio Oliveira, a la Maga y a Cortázar por las calles de la ciudad hasta el cementerio de Montparnasse. Pocas veces un escritor y una ciudad han estado tan indisolublemente unidos.

EL DE VARGAS LLOSA (17 de la Rue Tournon)
La primera vivienda de Vargas Llosa despu√©s de peregrinar por varios hoteles (como el Hotel Wetter) fue un peque√Īo pisito en la calle Tournon, al lado del Pante√≥n. Aqu√≠ terminar√≠a varias de sus primeras obras y, seg√ļn √©l mismo dice, se convertir√≠a en escritor. V√≠ctima tambi√©n en su d√≠a del hechizo de la ciudad (y v√≠ctima de una beca prometida que finalmente no obtuvo) y otro admirador m√°s de los templos de escritores famosos, hoy Vargas Llosa tiene su propia ruta por el barrio de Saint Sulpice, que evoca unos a√Īos (finales de los cincuenta y principios de los sesenta) en los que era f√°cil encontrarse con iconos culturales de primer orden por las calles.

EL ADI√ďS A PITOL
Sergio Pitol sol√≠a decir en las entrevistas que ser un lector de tiempo completo le salv√≥ la vida. La frase, que en boca de un escritor podr√≠a sonar a un lugar com√ļn, era verdad. Su infancia dickensiana ‚Äďa los cinco a√Īos hab√≠a perdido a su padre, su madre y su hermana menor- estuvo marcada por la enfermedad. Su salud quebrada por un paludismo lo mantuvo postrado en la cama por largas temporadas. Las fiebres le impidieron asistir a la escuela. Solo encontr√≥ una medicina eficaz: los libros. ‚ÄúLe√≠ todo lo que cay√≥ en mis manos. Llegu√© a la adolescencia con una carga de lecturas bastante insoportable‚ÄĚ, escribi√≥ en El arte de la fuga. Pitol creci√≥ en casa de su abuela en un ingenio azucarero de C√≥rdoba (Veracruz) expuesto a las aventuras escritas por Julio Verne y Robert Louis Stevenson. All√≠ escuch√≥ las historias que contaban las casi centenarias amistades de su abuela, que describ√≠an el M√©xico anterior a la Revoluci√≥n. Desde ese entonces comenz√≥ a viajar a trav√©s de la palabra. (El Pa√≠s).

Descanse en paz.

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Esta es opinión personal del columnista.