Mi amigo Genaro Velázquez

30 diciembre 2015 | 14:04 hrs | | Juan Dávila Ledezma

Por Juan Dávila Ledezma

Lo conocí en 1981 cuando llegue a trabajar en el IMSS DE POZA RICA como ginecólogo, él era anestesiólogo, media como 185-190 cms. De altura, robusto, pelo lacio con una gran nariz que sobresalía de su cara, su principal característica era que siempre andaba contento, siempre andaba todo el día contando chistes que el mismo se festejaba con una estruendosa risa , ja, ja, ja; retumbaba su voz en el quirófano pues era anestesiólogo, gran amigo de Alfredo tienda ralis (q.e.p.d.) también anestesiólogo, habían estudiado juntos en la facultad de medicina de Poza Rica, realizando el año de internado de pregrado en el hospital civil de esta misma ciudad, la especialidad         Alfredo la estudió en monterrey y Genaro en el D.F., este último gozaba mucho contando anécdotas  de Alfredo de cómo era muy flojo, muy inteligente pero, flojo; como en una ocasión lo fue a despertar en la madrugada para que lo ayudara a entender un parto, solicito fue a ayudar a su amigo, se puso a atender a la parturienta, cuando noto que no veía a Alfredo , volteo y lo vio que estaba sentado en el piso, en la esquina de la sala de partos, bien dormido, ja, ja, ja, concluía su anécdota.

Genaro nació en Coatzintla, Ver. De niño no quería ir a la escuela y su mama lo convenció de que tenía que ir, para convencerlo le dio un puño de dulces y de esta forma acepto con gusto irse a estudiar, pero, en el recreo que se regresó a su casa ¿Qué haces, porque te viniste de la escuela?, se me acabaron los dulces, ja, ja, ja, concluía su narración, nada, que me regresan de nuevo a la escuela, ya sin dulces ja, ja, ja, volvía a reírse inundando todos los quirófanos con su fuerte voz.

No importaba que uno estuviera operando, el entraba al quirófano a contar chistes ¿ya sabes cuantas formas de pendejo existe? El pendejo optimista, porque cree que su pendejez, es pasajera, ja, ja, ja; el pendejo esférico, porque por el lado que lo veas, es pendejo, ja, ja, ja; el pendejo fosforescente, porque hasta en la noche se mira que es pendejo, ja, ja, ja; el pendejo ignorante, porque todo mundo sabe que es pendejo, menos el ja, ja, ja; y así seguía contando Y riéndose estruendosa mente, tu, Dávila ¿en qué categoría quedas? En muchas y se volvió a reír, ja, ja, ja;  se salía del quirófano, se iba al del e igual seguía contando chistes mientras su paciencia estaba  muy bien anestesiada, porque era un excelente anestesiólogo.

Le gustaba jugar básquet bol, era su pasión, pero, también le gustaba el fut- bol y el beis bol, cuando en Poza Rica había equipo en la liga mexicana de beisbol, no faltaba al estadio Jara Corona, lo mismo al futbol de tercera división, por lo regular iba con su esposa y sus dos hijos, todos contentos a disfrutar al deporte, su básquetbol lo jugaba con un equipo de médicos en el gimnasio municipal.

El doctor Timoteo Zumaya, otorrinolaringólogo, también, su amigo; lo operó de la nariz que tenía ganchuda y se la dejó de galán de cine, andaba muy contento con su nariz; viniendo de la población de Álamo , donde también trabajaba en forma privada, en la carretera, no sabemos con exactitud, sólo Dios sabe, cuentan que un camión de Pemex atropelló a un burro, el animal salió volando por los aires y fue a dar sobre el carro de Genaro, exactamente sobre su cara y con la silla lo golpeó matándolo de manera fulminante, pienso que ni tiempo le dio de reírse, estoy seguro de que si pudiera contarnos la forma en que murió concluiría riéndose como acostumbraba, ruidosamente; ja, ja, ja.

En el velatorio, sobre su caja, su esposa colocó su balón de básquetbol, cuando en este mundo lo que abundábamos, somos los «cara de perro» como dice mi hijo Víctor Hugo, que también siempre se andaba riendo, contento; la ausencia de Genaro, es sin duda, muy lamentada, como dice nuestro pueblo  «sólo Dios sabe porque pasan las cosas…».