Mi amigo el Dr. Ernesto Ibarra Santes

10 abril 2016 | 9:54 hrs |

SI ME PERMITE HABLAR

POR: JUAN DÁVILA LEDEZMA

MI AMIGO EL DR. ERNESTO IBARRA SANTES

 

Estudiamos en la misma secundaria, Salvador Díaz mirón en Poza Rica, aunque él iba dos años delante de mí, lo vi jugar con el equipo estrella roja en el campo del hospital de Pemex (desaparecido) donde se jugaban los mejores juegos de la liga municipal y del torneo regional, era una fiesta, el campo se llenaba de aficionados, era defensa, duro muy duro, todo garra, todo entrega, no conocía el miedo y técnicamente se defendía; después lo miraba, circunstancialmente en la facultad de medicina en el puerto de Veracruz, no éramos amigos, cada quien siguió su camino, el llego a ser médico del equipo américa y de la selección nacional pues fue alumno del Dr. Aurelio Pérez Teuffer, prestigiado traumatólogo jefe de los servicios médicos del américa y la selección, después se vino a poza rica a ejercer su especialidad de traumatólogo, gran amigo de Raúl Gibb Guerrero (q.e.p.d.) y de Andrés Merigo, también del licenciado Morales Lechuga quien cuando fue nombrado procurador general de la republica lo llamo como su colaborador, salió el Licenciado Morales Lechuga y Ernesto  siguió en el medio, fue nombrado subdelegado de la procuraduría en Tijuana y en un viaje que hizo al D.F. fue vilmente asesinado en la avenida insurgentes cuando se dirigía a las oficinas de la procuraduría, junto con el mataron a dos de sus compañeros y al chofer del taxi, oficialmente nunca se supo quienes lo asesinaron ni de quien ordeno su muerte, lo que si sabemos fue que lo mataron porque era incorruptible y muy capas en su trabajo.

El fut-bol siempre fue la pasión de Ernesto, en poza rica jugo en varios equipos en la liga de veteranos, dejo de jugar cuando su trabajo ya no le permitió hacerlo.

En poza rica, por la amistad con Raúl Gibb. (Director de la opinión) escribía una columna en la primera página, titulada marginal en donde hacia denuncias sociales, políticas, todo sin compromiso en total libertad con su criterio, tenía cualidades para escribir, lo hacía en una forma muy clara y amena, bien documentado y fidedigno, basado en su excelente cultura y memoria.

Su columna era muy leída por lo tanto muy influyente en poza rica y la región, una charla en ciudadanos era así ¿ya viste el Marginal de hoy?, ¿y ahora a quien putea el Dr. Ibarra? Era la respuesta, pero no crea usted que sus comentarios eran desahogados o tendenciosos, su mérito era que todo era con la verdad, nada difamatorio, denuncias que eran “canela pura”, era lo primero que leíamos cuando comprábamos la opinión.

Charlar con Ernesto era un deleite, por su cultura, por su amor al fut-bol, por su brillante memoria y sobre todo por su gran sentido del humor, escuchar sus grandes carcajeadas era un placer para el alma, en forma espontánea, nada fingido, todo cien por ciento natural.

Por motivos de la vida se fue a estados unidos, trabajo como colaborador en un periódico de los Ángeles, cuando a su regreso a México narro en su “Marginal”: “lo primero que hice fue tomarme un chocolate Ibarra, hecho en Guadalajara, ¿Qué chocolate más sabroso? Me hizo disfrutar de México en su sabor”; por correlación cuando pienso en chocolate pienso en la marca Ibarra como hoy 22 de marzo en que el clima esta frio, me paro y me preparo un litro de dicho chocolate, me tomo dos tazas con un bolillo y me vuelvo a acordar de Ernesto, es como si volviera a escuchar sus agradables carcajeadas…