Mensaje postrero

11 abril 2017 | 21:36 hrs |  Gustavo CADENA MATHEY

Lo que la razón no consigue, lo alcanza a menudo el tiempo: Séneca, Lucio Anneo

Buen día apreciado lector:

Cansados de tanta descomposición social, sobre todo en la cuestión política, los veracruzanos no tenemos ya muchos valores humanos de qué enorgullecernos.

Pero hay uno en especial, hoy se lo recuerdo, lo hago cada año, desde hace seis; precisamente hoy es el sexto a partir de su muerte, a los 81 de edad.

Porque a pesar del carácter severo que entonces propició linchamiento mediático a su figura, el tiempo ha demostrado que a partir del primero de diciembre de 1980, fue uno de los pocos gobernadores honestos que además, realizó una impresionante obra pública en favor de los veracruzanos.

Fue al mediodía del 30 de noviembre de 1986, minutos después de entregar el gobierno de Veracruz a don Fernando Gutiérrez Barrios, afuera del Cine Xalapa de la Avenida Ávila Camacho, cuando además de pedirme el gafete de prensa, “porque en adelante ya nadie me va a pelar”, don Agustín Acosta Lagunes pronosticó al reportero:

“Los próximos gobiernos del Estado van a tener que usar mucha saliva para gobernar; van a tener que recurrir al rollo, porque no habrá dinero que alcance para resolver las necesidades de tanta población”, aseguraba.

No obstante que había dejado Finanzas sanas para que su sucesor también surgido del PRI, solventara con creces los compromisos del arranque administrativo, a más de 30 años de distancia el paso del tiempo y el mal gobierno de los últimos años, le terminó de dar la razón.

Apasionado promotor de la agricultura, constructor de puentes; como lo dijo alguna vez la Rectora de la UV Sara Ladrón de Guevara, fue uno de los más importantes impulsores del arte y la cultura veracruzana.

Siempre mostró un especial interés por rescatar, preservar, enriquecer y humanizar el pasado precolombino de la entidad y del país. Ejemplo de ello son la compra y restauración del museo ex Hacienda El Lencero, que el Museo de Arte del estado de Veracruz, ubicado en Orizaba­, albergue una parte de la obra pictórica de Diego Rivera, y en especial la reedificación del Museo de Antropología de Xalapa (MAX).

Sin embargo entre sus más impactantes reflexiones, acaso sea un texto manuscrito que entregó al reportero esa misma tarde del último día de su gobierno, del que por su significado actual reproduzco algunas frases y textos.

-Tuve el privilegio de nacer en el seno de una familia cuya devoción fue siempre Veracruz.

-En mi familia, como es bien sabido en el centro del estado, ha habido Acostas y Lagunes de todo y para todo. Hubo armonizadores, los pacíficos, los que entregaron hasta sus vidas para que no hubiera rencillas ni rencores, sino concordia y hermandad; también hubo los notorios, los turbulentos, los dispuestos a imponer su voluntad con las palabras o con las armas.

-Crecí enmedio de un tejido de leyendas; exaltados los triunfos, omitidos los fracasos de tíos valientes, esforzados, que igual bailaban sones jarochos, que soltaban con ritmo preciso el fuego de sus armas.

-La palabra gobernador se pronunciaba en mi casa con genuflexiones en la voz. Gobernar era convertirse en mago, constructor, en hacedor. La palabra gobernador y la palabra Dios se me confundían en mi mente infantil. Dios era el creador de todas las cosas, pero los gobernadores eran los que hacían la paz, las carreteras, los puentes, las escuelas, las presas y estadios.

-En todo caso, el gobernador era alguien con poderes sublimes que podía utilizar para hacer producir la tierra, para establecer la concordia, para ayudar a los niños, a los ancianos y a todos los veracruzanos.

 POR ESO QUERÍA SER GOBERNADOR

-Goberné pensando siempre en el bien general de mi estado. Nada hice pensando en mi persona o en mi familia, nada. Mi esfuerzo y mi dedicación fueron íntegra y totalmente para el Estado de Veracruz.

-Si de algo fui acusado y, con razón, fue de avaro con el tiempo y con los dineros del pueblo, pero así tenía que ser.

-Si la palabra empuja el ejemplo arrastra. Si un gobernador se construye un palacio, sus colaboradores se edifican mansiones. Por eso me excedí, tal vez, en la austeridad.

-Quería que la voz de mi conducta fuera la guía del orden de mi administración. Cada centavo del Estado debería ser para el Estado y no para lujos personales o dispendios del gobierno.

Por eso hubo dinero para el hacer y para el quehacer.

-No hubo un municipio abandonado. No me dediqué a recorrer los pueblos, sino a tratar de resolver sus problemas urgentes o mediatos. Hice cuanto me permitió el tiempo y los haberes. Cuanto se hizo, se intentó que fuera lo mejor posible.

-Gobernar con vocación de servicio es un sacerdocio. Un sacerdocio que implica retirarse del mundanal ruido para entregarse sin tregua ni distracción a los menesteres que reclama el estado.

-Yo considero que si la democracia no es meritocracia, no es democracia. Quería y necesitaba gobernar con los capaces, amigos o no, con los talentosos, con los apasionados por Veracruz.

-Me pasé el tiempo dialogando, proyectando y haciendo. Hubiera querido ser Argos para tener ojos para cada ciudad, para cada pueblo, para cada posibilidad de mejorar la producción en el campo, en las fábricas y en todos los lugares de trabajo. La diferencia entre el primer mundo y los demás es cosa de trabajo y eficiencia.

-Terminé mi mandato con la satisfacción de haber hecho lo mejor que he podido, de haber entregado con alegría, con rigor, con responsabilidad y con vehemencia cuanto soy. Di mi sueño y mi vigilia a Veracruz. Di tanto cuanto puede dar un hombre y cuanto puede hacer un hombre por su pueblo al que ama con pasión.

-Abandoné mi persona para ser gobernador de tiempo completo. Hay algo que me falta decir y que debo decir con la satisfacción de padre. A mis dos hijos les debo un reconocimiento y un agradecimiento. Ser hijo de un gobernador, en este país o en cualquiera, es ser una persona privilegiada. Mis dos hijos renunciaron a la posibilidad de disfrutar de ese privilegio. Caso insólito, sacrificaron la comodidad, el aplauso y la familia para que yo pudiera gobernar con mayor libertad. Esta fue una decisión de ellos, y Esperanza y yo la respetamos; fue dura, difícil y a veces estrujante. No se separaron de nuestro cariño, pero sí de nuestro lado. A ninguno de los dos lo venció la soledad ni se le quebrantó su propósito de mantenerse alejados. Jamás supimos cuántas fueron sus soledades y sus tristezas. Todos hemos sido hijos y todos los que son padres podrán comprender la dimensión de este sacrificio.

-Se que más o menos en broma o más o menos en serio, a veces se me tachó de duro, avaro, adusto y hasta desangelado. Jamás fue mi intención herir la susceptibilidad de nadie. Si llegué a parecer grosero era por estar absorto y ensimismado. Mi pensamiento estaba distraído en la ocupación y en la responsabilidad de gobernar. Esto que digo no es disculpa, es explicación.

-En cualquier caso, si yo he parecido duro, avaro y hasta desangelado, he tenido la suerte de tener por compañera a mi esposa Esperanza, que compensa por mi cualquiera de esos defectos. Si yo soy duro o repelón ella es dulce, tierna, amable y bondadosa.

-Infatigable, reflexiva e inteligente, trabajó a mi lado sin fatiga ni desaliento. No anduvo en fiestas ni saraos, pero sí subió hasta pueblos serranos, donde jamás había llegado antes la esposa de un gobernador.

-Ella, veracruzana por matrimonio, por vocación y por devoción fue la voz permanente de todos los veracruzanos que acudieron en busca de consuelo a nuestra casa o al DIF.

-Nací en un rancho y crecí con la costumbre de que se trabaja desde el amanecer hasta la oscuridad, o no hay dinero para la comida y para la raya del sábado. Las semillas hay que sembrarlas, el ganado hay que cuidarlo, las vacas hay que ordeñarlas, los potreros hay que limpiarlos y las cercas hay que tenerlas en buen estado. Mi mentalidad nunca fue de escritorio, sino de acción.

-Al palacio de Gobierno llegué con el anhelo de convertir a Veracruz en granero y yunque de la Nación. Si es cierto que para algunos políticos la lujuria es el poder, en mi caso esa lujuria ha sido, es y seguirá siendo el trabajo. Para mí si el poder no se traduce en trabajo creador, el poder se convierte en fuerza corruptora y destructiva. El poder siempre debe ser para poder hacer mucho en beneficio de los demás.

-De lo que ahora me despido no es del trabajo, sino de la gran oportunidad que me brindaron mis paisanos de trabajar seis años para Veracruz. Me despido de la mejor etapa de mi vida que he compartido intensa e íntimamente con el Veracruz de mis sueños”.

Tenga un buen día lector, con paz y armonía y si sale a carretera, ¡mucho cuidado!

gustavocadenamathey@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista