Mc Allen (día dos) el affaire de la maleta

25 mayo 2016 | 14:07 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar.
Camelot.

No siempre cuando se viaja todo es alegría. Hay que echarse bien temprano agua bendita y pasarse por el cuerpo, si se cree en ello, una yerba santa pa´’ la garganta o una limpia con huevos de zona rural, para que limpien bien. Cuando venimos varios (‘Sós un bandón’, nos dijo un argentino no hace mucho, cuando nos vio a 13 a la mesa ordenar comida), ahora somos 7, no tantos pero Karina inicia el ritual, nos sacudimos la ropa para que la mala vibra o el mal Karma se vaya lejos, así lo hicimos pero esta vez no funcionó muy bien. Sucede  que a mi sobrina Fer, en la banda de las maletas, al esperar la suya, casi al final se encontró que una señora despistada se había llevado la de ella. La señora sí que era despistada, traía su maleta con identificaciones y todo. Suele ocurrir. Pues allí nos tenéis peleando con los de VivaAutobús, la línea área, sucede que a la llegada no hay por lo regular en ningún aeropuerto nadie que cheque si sales con tu maleta, dan los tiquets de identificación por darlos. La señora ya se había ido con la maleta y a buscarla por cielo, mar y tierra, buscaron su reservación pero la había hecho por agencia de viajes. Es muy común eso de equivocarse de maletas, alguna vez en un enlace a Madrid, en un aeropuerto americano, creo que Houston, jalé una que no era mía, la encargada del chequeo se dio cuenta y me preguntó si iba a un país de Sudamérica, le dije nones, voy a Madrid. No es su maleta, me dijo casi con regaño. Dudé aún, la abrí y cuando vi unas pantaletas me convencí que no eran mías, porque travesti nanáis. Como pude me metió de nuevo a las bandas y tomé la mía, que ahí giraba como giran los candidatos en Veracruz, a las vueltas sin fin.

La gente de la aerolínea checaba. Uno junto a ellos. Había un poco de temor porque es zona peligrosa, de trasiego de drogas, los militares y los perros huele-todo dan cuenta que es zona de guerra. Pensamos por momentos no nos fuera a pasar el caso de esos jóvenes que han llegado a la ciudad de México y les cambian sus equipajes y traen droga dentro, demoran días en comprobar que no eran de ellos, mientras pasan sus días en la cárcel. Ha habido dos casos plenos. Nada ocurrió, después de presionar a los empleados y decirles que daríamos parte a la Policía Federal, la maleta de mi sobrina llevaba una identificación con teléfono. La bendita señora despistada llamó, apenada no sabía qué decir, pues allí estamos a lo güey esperando la hora y pico que demoró en su retorno  maletero,  pues ya había cruzado a Mc Allen, donde todos venimos.

 

EL PASAPORTE ESPAÑOL
Otro incidente menor. Uno de nosotros (yo no, yo nací en una ribera del Arauco vibrador, Tierra Blanca) traía vencida la Visa americana, como porta pasaporte español, esos de doble nacionalidad, como azteca y español, según le cantaba Lara a Silverio Pérez, presentó el pasaporte español, Lo mandaron a ver a un agente de migración que, en cuanto puso su nombre, le brotó que era mexicano al grito de guerra, y este tuvo que sacar visa vencida y dar 40 mil explicaciones del porqué. Sucede que los pasaportes españoles son válidos, casi en su mayoría, cuando viajan por avión. Por tierra hay que pasar un filtro y depende el humor del agente aduanal, así te va. Para no hacerles el cuento largo, unos 45 minutos más perdidos, un pago de 6 dólares y a oler al Mall, a Mc Allen, tierra texana que fue nuestra y un mal día Sam Houston agarró bien jarra a mi general Santa Ana, y la historia geográfica de este país cambio, del nuestro y el de ellos, y cuidado con Trump, porque ese canijo se mete hasta a Veracruz. Cruzamos sin problemas, el domingo es el mejor día para el cruce, pasamos rápido y a buscar comida, Silvia Salinas, la conductora designada nos esperó todo el tiempo y nos trasladó al aeropuerto de Mc Allen, para la renta del auto. Llegamos al restaurante Logan, uno de carnes, le metimos el diente rápido a un bife y a un sirloin aunque nada como comer en Buenos Aires, en las Lilas, el afamado restaurante de 17 mil tenedores donde la carne se deshace y no es por ablandadores, un roll rapidito para bajar la comida, una pasadita al Walmart por el agua y los jugos para el cuarto y llegar al hotel DoubleTree Hilton Honours, uno que antes fue Embassy Suites, y que debe conocer muchísima gente que ha llegado de Veracruz, mutó del Embassy al DoubleTree y está cómodo, y a buen precio porque por 135 dólares entran cuatro personas a la habitación, como eran suites grandes no les quedó más que integrar otra habitación y donde normalmente rentas dos cuartos, aquí con uno la libras. Dos elevadores, alberca, sauna y todos los servicios de uno de 5 estrellas, aunque tenga 4, es como de 5. Trepamos a la habitación.

 

GURWITZ Y EL CONDE
Enciendo la tele. Veo Telemundo un rato y luego paso a Univisión. Uno entiende porque estos programas deportivos dominicales tienen tanta audiencia, mientras que los de Televisa no encuentran la cuadratura al círculo. En el espacio de Televisa en domingo, la Jugada, han llenado de gente nueva, el conductor a lo mejor es un amigo de los 4 fantásticos, Azcárraga y los otros tres, y es más aburrido que platicar con Carvallo el malo, luego entre el Compayito y la cómico que imita a Carmen Salinas, termina uno por irse, Toño de Valdés es bueno, pero para la narrativa. Allí también va a ser jubilado. Cambiaron y quitaron a casi todos porque la audiencia se les fue. Se salva Oswaldo Sánchez, una revelación de comentarista.  Pasaron de ser del noticiero deportivo mas visto al más aburrido. Al encender la tele en Telemundo, mi sorpresa fue buena, encontré a Miguel Gurwitz, un buen comentarista, una cara conocida en Televisa que, lo despidió y la televisora mexicana se enchiló, porque al otro día encontró trabajo en la competencia americana. Estos piensan que son dueños de tu vida. Gurwitz, además de ser bueno es famoso porque, dicen las revistas telenoveleras, tuvo un affaire amoroso con la arrinconable y bella Vanessa Huppenkothen, historia para mañana.

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