Lupe Fuentes: otra agredida

5 abril 2017 | 18:12 hrs | Carlos Jesús Rodríguez | Carlos Jesús Rodríguez

 

UNA DE las tentaciones más comunes de ciertos periodistas ha sido entablar relaciones directas con políticos. Estos les proporcionan ‘exclusivas’ -migajas que apenas si interesan al filtrador- a cambio de un trato de favor. En otros casos, el periodista cae en las redes del alto cargo porque les hace sentirse poderosos, como si ejercieran el gobierno a través de su influencia, y son esos políticos los que tienen como nirvana el poder de redactar los titulares de los diarios y marcar la agenda de los informadores. Es tanta la relación que se va incubando que los comunicadores terminan por sentirse políticos (y los políticos periodistas), y de pronto, abandonando el apostolado de informar se convierten en candidatos a alcaldes, a diputados o gobernadores –casi siempre perdedores porque así conviene al Estado para reducirlos a nada-, y cuando ganan una posición se vuelven contra los de su propia especie y los devoran como aprendieron de los políticos a quienes, comúnmente, se les conoce como “grillos”, sobrenombre que les viene al pelo.

Y ES que “grillo”, en el contexto de la Real Academia de la Lengua, es una familia de insectos ortópteros (con aparato bucal masticador) y son, por lo general, bichos territoriales muy agresivos contra sus congéneres con los que entablan combates a muerte, siendo frecuente encontrar ejemplares (sobre todo machos) a los que les falta una o varias patas o con las alas destrozadas por las mandíbulas de un rival que, en otros casos, los devoran no por hambre sino para desaparecerlos de la escena.

PERO HABLÁBAMOS del periodista y la tentación del poder; de formar parte de esa casta divina como es la política, y no precisamente, para servir sino para servirse cuando, finalmente logran la transmutación a “grillos”, algo que no debería ocurrir cuando se tiene firme consciencia de que el periodista es un comunicador aliado con la sociedad y al servicio de la misma, mientras que el político va por otros fines, y son pocos los que se salvan de las impulsos de tomar lo que no les pertenece, y el  tema viene a colación, porque actualmente, inducidos por diferentes partidos que buscan colgarse de sus famas, varios comunicadores disputan alcaldías en el sur y centro del Estado, y al menos en esta última región acaba de ocurrir un suceso que a punto estuvo de terminar en tragedia, y a la que podrían no ser ajenos políticos que buscarían culpar a la delincuencia organizada, como ya se ha hecho costumbre en aras de evadir responsabilidades.

Y ES que la casa de la periodista (metida a política) Guadalupe Fuentes Barco, reportera de la estación de radio Ori Stereo y candidata a la presidencia municipal de Orizaba por el Movimiento Regeneración Nacional, fue baleada la madrugada del martes por hombres no identificados y que, por supuesto, se dieron a la fuga. En el portón se incrustaron 3 impactos de bala, y en el interior de la casa había por lo menos otros 2. Se infiere que la intención no era asesinarla sino meterle miedo, tal vez para que abandone la contienda electoral que, a decir de ciertas encuestas publicadas en la región de Pluviosilla, lidera en preferencia ciudadana de cara a la elección del 4 de Junio junto con el candidato panista Daniel Zairick Morante.

ESTA CLARO que a alguien (o a algunos) no conviene el avance de la periopolítica, y en ese sentido le han enviado el mensaje para que se retire, ya que si la delincuencia organizada fuera la autora del ataque y quisiera dañarla, bastaría observar como infinidad de personas, incluido el colega Ricardo Monlui Cabrera fue asesinado, o Armando Arrieta Granados salvó la vida tras ser herido a balazos la madrugada del sábado 29 de marzo. Los grupos fuera de la ley no operan así, por lo que, seguramente, el Fiscal Jorge Winckler Ortiz tendrá que reencauzar las investigaciones aunque tuviera que llevarse entre las pezuñas a algún panista resentido, tal y como pregona “caiga quien caiga”.

POR FORTUNA esta vez ni Guadalupe ni sus hijos ni nadie de su familia resultó lastimado, pero el Gobierno Estatal no debería quedarse cruzado de brazos, pues ya hubo una advertencia y Veracruz no está para seguir acumulando periodistas víctimas de la violencia, salvo que el Gobernador quiera desplazar a su antecesor en aquello de comunicadores asesinados cuyas investigaciones o están estancadas o, en el peor de los casos, se dio carpetazo al asunto tras culpar de aquellos homicidios a delincuentes organizados caídos tras enfrentamientos con elementos policiacos o fuerzas Federales, a sabiendas de que ya no tenían oportunidad de defenderse.

ES EVIDENTE que en un sistema democrático, la libertad de prensa es un elemento esencial y debe preservarse al máximo, y dentro de esa libertad, los periodistas estamos obligados a cumplir con nuestro trabajo y respetar, por supuesto, las leyes pero, además, ser fieles a los fundamentos éticos del periodismo y mantener la independencia. Cuando un comunicador decide insertarse en política corre, entonces, doble riesgo: el de su profesión inicial si es crítico de los conflictos que laceran a la sociedad, y el de los grupos opositores al proyecto que representan.

QUEDA CLARO que la relación de los gobernantes con los periodistas debe ser fluida pero con una estricta distancia. El que tiene por trabajo informar y opinar no debe involucrarse en las decisiones políticas, ni quienes tienen responsabilidad de gobierno u oposición ceder a la tentación de controlar los medios, ya sea mediante halagos, amenazas o con la compra directa de comunicadores o directivos. Periodistas y políticos están obligados a convivir estrechamente, a bailar juntos, pero como aconsejaba el nacional catolicismo de los años cincuenta, la pareja tiene que danzar con mucha separación entre ambos cuerpos, y no es aconsejable la intimidad.

Los profesionales de la información debemos hacer una seria autocrítica de nuestro comportamiento y ser más rigurosos con nosotros mismos, pues todos quienes han cometido delitos deben ser juzgados con máximo rigor y los que, sin llegar a traspasar los límites de la legalidad han faltado a sus principios deontológicos, deberían ser apartados del ejercicio periodístico. En suma, zapatero a tus zapatos, pues la mezcla de azufre, salitre y carbón, engendra pólvora. OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista