Los símbolos patrios lábaro

7 marzo 2017 | 17:16 hrs | Pedro Angel Palou

No sólo es la conjunción armónica de tres colores; la bandera nacional es símbolo de México y perenne llamado a la unidad de su pueblo. México ama a su patria y a sus símbolos: escudo, himno, lábaro. Hemos hecho, afortunadamente un culto razonado de nuestra enseña nacional.

No culto fetichista. No vemos los tres colores porque sea eso, tres colores, sino por su simbología trascendente. Una bandera no es la patria, pero sí su alegoría. No rendimos homenaje al lienzo, sino a México y hemos dicho un rotundo no a símbolos extraños porque el alma nacional no la queremos desfigurada. No es la fiesta, la de los tres colores, sino su alta significación…

El fuego, se ha dicho, no está en el color, sino en la llama, así… la bandera no está en su reducida materialidad, sino en su profundo contenido.

Más allá, mucho más allá de las vibraciones cromáticas, hay el aliento de todo un pueblo, de generaciones de mexicanos, de pléyade de héroes, que le dieron vida y proyección, que fue lo mismo aliento, que rebozo, que mortaja y le dieron también, sentido, razón y fuerza…

Lábaro, bandera entrañable que es símbolo nacionalista; el cual lo entendemos como el auténtico nacionalismo, no el que significa odio y muerte; el nuestro no implica odios exacerbados para los demás pueblos o ambiciones necias de dominio imperialista, sino defensa y acrecentamiento del patrimonio cultura y material de México. La bandera nacional, no es, no ha sido, ni bandera de guerra, ni instrumento de agresión, ha sido y será, bandera de unidad, de esfuerzo, de hermandad y de paz. No hemos ofendido ni agredido a nadie. Nuestro nacionalismo indica que México, como nación, tiene un cometido en la historia y por tanto, un quehacer en el agobiante mundo presente. Y lo hemos respetado.

Allá en las montañas del sur, una mañana luminosa de México, un día 24 de febrero del año de 1821, el viento cálido de aquella noble región, hizo ondear la bandera tricolor que surgía de las manos vibrantes de un humilde sastre, José Magdaleno Ocampo que saludaba primigeniamente a la patria libre y autónoma, bajo los auspicios del Plan de Iguala, que era jurada días después, el 2 de marzo y que triunfadora se alzaba, el 27 de septiembre siguiente en el alcázar virreinal, al consumarse la gran gesta insurgente-  tras once años de lucha intensa- independencia concedida por propia autodeterminación, por expreso deseo de la voluntad soberana, reflejada en la madurez, en el crecimiento, en la responsabilidad de un pueblo que ya bullía con identidad propia y que quería hacer su propia historia, sin que nadie se le impusiera…

Tres colores, tres postulados fundamentales para la nación que surgía. Normas para su vida esencial. Horizontes para su destino. Afirmación rotunda del ser de México, como trazo y como soberanía.

Filosofía fundamental del espíritu. Incorporación a la civilización occidental, unión, entendida sólidamente como empresa común en torno a la nación, sí, de hogar común; patria, una e indivisible, como dijo el poeta, siempre “fiel a su espejo diario”… Sí, deber de mantener la independencia, responsabilidad de nuestra autonomía, sin trasmutar nuestro ser, sin falsificar nuestro estilo de vida, como “quehacer en el presente y como destino en la historia de los pueblos”.

Por todo ello, el pendón de Iguala, es y será perpetuamente el símbolo de la patria. Por eso estas fechas no son rituales, sino afirmación contundente de lo que lábaro expresa y dice con elocuencias, hecho color en nuestro cielo y pasión en nuestra conciencia ciudadana.

Exaltarla, venerarla, es desarrollar todos los esfuerzos posibles por la grandeza de México, es conjugar cerebros y voluntades para resolver sus graves problemas y es poseer un símbolo donde se diluyan las diferencias circunstanciales de todo tipo, cimentar la auténtica unidad nacional, que no es, abdicar de convicciones propias, sino saber que somos mexicanos por encima de las pugnas pasajeras que dividen, de los prejuicios que disgregan, por ambiciones insanas y egoísmo trágicos. Unidos, podemos y debemos trabajar por México, Independientemente de nuestros pensamientos políticos o sociales y filosóficos. México es la patria común y su bandera, cobija por igual a todos los mexicanos.

Alguien dijo, que debíamos enorgullecernos los mexicano de que la “Independencia que se inició con un grito heroico,  hubiera tenido como epílogo un abrazo generoso, porque eso es, era como poseer, como aprisionar la parábola de la patria”…

Y nuestros dolores, nuestros infortunios, nuestras carencias, que son gritos que claman, sólo puede tener alivio y conclusión con el abrazo que une, el abrazo no es unilateral y entre los mexicanos debe ser signo de solidaridad, que borra diferencias, une voluntades y sella afectos.

Y de aquella síntesis gloriosa surgió, esta, nuestra bandera, la de esos tres colores que permanentemente, insistimos, seguirá presidiendo nuestro destino.

Bandera desgarrada, pero enhiesta y gloriosa, empuñada por el pueblo, hecho ejército en la intervención francesa firme en Veracruz.

En Chapultepec, mortaja del poblano Vicente Suárez y de aquellos héroes niños “que se derrumbaron antes que desmentirse” en el 47, testigo en Loreto y Guadalupe, en aquel minuto estelar de la historia con Zaragoza, bandera que empuñó el chinaco recio, bandera que alentó a Madero en la revolución, el descubrimiento de México por los mexicano, enseña que iluminó a los gestores de la Carta del 17  , pendón que en manos civiles también, hizo posible la nacionalización de la industria petrolera con Cárdenas o la eléctrica con López Mateos…Bandera que ha ondeado en nuestra limpia política internacional, para cobijar a los perseguidos políticos lábaro que aprisiona nuestro respecto por la autodeterminación y la  no intervención y el desarme nuclear.

El ejército porfirista fue destruido en el campo de Batalla por la Revolución, después superó las divergencias de sus jefes y nació el Ejército y la Marina con su raingambre en histórica defensa de la integridad territorial de México para convertirse en el mejor defensor de las instituciones fundamentales de nuestro sustento político ganándose día a día el respeto de los mexicanos que han depositado su confianza en esos institutos armados.

Desde el 5 de mayo pensamos que “sobre la razón de la fuerza está la fuerza de la razón”

Hace más de 150 años se incendió en el cielo de México el pabellón de los tres colores, desde 1937, el calendario cívico consigna una fecha especial, que año atrás año nos permite renovar nuestros altos propósitos, pero de hecho, cada vez que la tenemos enfrente como hoy, brota un clamor de sangre y de sentimientos que sintetizamos.

¡Nunca, nunca traicionar nuestros destinos!

Palabras de

Pedro Ángel Palou

1° Ceremonia Cívica

del programa estatal

entorno a los símbolos Patrios

*Esta es opinión personal del columnista