Los retenes

27 julio 2017 | 9:11 hrs | Gilberto Haaz Diez

*De Groucho Marx: ‚ÄúCorre tras tus sue√Īos, si no los alcanzas al menos adelgazas‚ÄĚ. Camelot.

Periplo muy seguido por las horribles autopistas de Capufe, al menos la que va a Veracruz o Xalapa, las dos. Como cantara Chente Fern√°ndez: ‚Äėsoy el rey de los caminos, siempre vivo en carretera‚Äô. Cada que salgo, me persigno y pido al Obispo Marcelino -ahora exiliado a Colima, hace un bien tiempo-, que me mande su bendici√≥n para llegar sano y salvo. Los tuits de las redes son extraordinarios, al salir por el tramo de Fort√≠n alguien hab√≠a tuiteado que un tr√°iler doble caja, los que defend√≠a el in√ļtil y escondido secretario del socav√≥n, cuando una protesta nacional ped√≠a al gobierno de Pe√Īa Nieto les quitara por decreto la doble caja, porque solo creaban muerte en las carreteras, uno de ellos hab√≠a matado a unos j√≥venes por alcance en una caseta de paga y las familias iniciaron una campa√Īa nacional en Chance.org, a la cual se sumaron gente de prestigio como Carlos Puig, Zuckerman y algunos escritores muy le√≠dos. ¬ŅQu√© creen que pas√≥? Nada. El secretario del socav√≥n, con su cinismo en el rostro dijo que eso no se pod√≠a, defend√≠a a los due√Īos de transportes como defendi√≥ a las compa√Ī√≠as que hicieron una porquer√≠a en el Paso Expr√©s de Cuernavaca. Bueno, me hab√≠a alertado el tuit del accidente y llam√© a Capufe, me lo corrobor√≥ y me la jugu√©. Llegu√© al kil√≥metro 30 y ah√≠ les vi cuando las gr√ļas mov√≠an ese desastre, hubo dos muertes y 22 heridos, sucede que el autob√ļs que llevaba pasaje se encontr√≥ de repente con una de las dobles cajas, que se le hab√≠a salido al tr√°iler y contra ella se estrell√≥. En este pa√≠s no hay justicia, Gerardo Ruiz Esparza no solo deb√≠a estar cesado, deb√≠a estar ante los tribunales, pero, como dijo Cristina Pacheco: ‚Äėaqu√≠ nos toc√≥ vivir‚Äô, o ‚Äėay manito, no te quejes‚Äô, dir√≠a Minga, una gente de mi pueblo. Termino mi ciclo de escribir en contra de Capufe, hasta que se vaya a casa el secretario, si no se va, ni modo, me gan√≥ el lance. Va.

 EL BURO DE CREDITO

¬†Lo que vi fueron varios retenes en diversos sitios, la Polic√≠a Federal y la Fuerza Civil y los del Estado arman y fijan retenes. Encontr√© tres, que a mi regreso los mov√≠an, son aleatorios, uno de ellos nos detuvo en la autopista, pasando la de paga de Cuitl√°huac, las preguntas de rigor y nada del otro mundo. Pero a otros les abren cajuela buscando armas, porque esta zona est√° caliente. En esas andaba cuando me met√≠ a Rinconada, hab√≠a comida con unos amigos y me propuse llevarles unas que est√°n en ese pueblo que huele a garnacha, como en Aguilar de Campoo, en el rumbo de Palencia, Espa√Īa, donde se elabora la famosa galleta Mar√≠a, marca Gull√≥n, y ese pueblo huele a galleta. Le√≠ por ah√≠, perdido entre las p√°ginas que la Condusef se pone las pilas en la defensa de los consumidores. Alerta que hay un nuevo fraude donde te escriben por correo electr√≥nico y te dicen que, con una poca de gracia y otra cosita, como la Bamba, ellos te sacan del Bur√≥ de Cr√©dito. El Buro fue una herramienta que impusieron los gobiernos pri√≠stas y cuando los panistas llegaron ya, y llegaron bailando ricacha, no pudieron quitarla. Es una medida como la de tiempo de la Alemania de Hitler, a todas luces ilegal. Lleg√≥ la crisis de los bancos y el supremo gobierno les dio todo, les invent√≥ algo llamado Fobaproa, para que all√≠ se fuera el rescate a esa panza que ayud√≥ a los banqueros, oyendo la consigna de Voltaire: ‚ÄúSi alguna vez ves saltar por la ventana a un banquero suizo, salta detr√°s. Seguro que hay algo que ganar‚ÄĚ. Hasta all√≠ la historia de rescate, lo que dejaron fue el dichoso Bur√≥ de Cr√©dito. Los banqueros gordos y con puro y enriquecidos, como los retrataba la Familia Burrr√≥n, hicieron su Capilla Sixtina y desde all√≠ decretaron que aquel que debiera un solo peso, lo pasaban a arder en el dichoso Bur√≥. Hubo casos de gente que no pag√≥ 50 pesos de un mugre cr√©dito de tel√©fono, y ah√≠ dormitaba, no pod√≠a sacar nada, ni cr√©dito de un refrigerador, ni tarjeta de cr√©dito ni nada. Hab√≠a que entrar a pelear con estos banqueros de mon√≥culo y pipa y guante. Quienes ah√≠ se quedaron, ah√≠ siguen congelados, ha servido porque ahora cuando te llaman por las madrugadas ofreciendo o un tel√©fono o una tarjeta de cr√©dito, para que dejen de jorobar, les respondes: ‚ÄúSe√Īorita, lo lamento, estoy en el Bur√≥ de Cr√©dito‚ÄĚ, y cuelgan r√°pido como si fueras apestado. La Condusef dice que aguas, que nadie puede modificar esa herramienta del Bur√≥, que quienes les ofrezcan las estrellas y la luna por sacarlos de all√≠, ustedes no acepten y les respondan: ‚ÄúPaciencia y prudencia, verbal continencia, y total insolvencia‚ÄĚ, y ah√≠ te los llevas. ¬†Fin de la historia.

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 *Esta es opinión personal del columnista