Los “perritos” de Juan Rulfo

10 agosto 2017 | 17:43 hrs | Carlos Jesús Rodríguez

¿SERA SUFICIENTE cambiar los estatutos del PRI para flexibilizar la postulación de quien será el candidato de ese partido a la presidencia, soslayando la obligada militancia de 10 años; prometer que ¡ahora sí! se indagará a alcaldes, diputados, senadores y hasta gobernadores “sospechosos” de incurrir en actos que atenten contra la sociedad o que enfrenten denuncias de corrupción; impedir que legisladores que hayan ganado por la vía plurinominal se reelijan, y prometer que servidores públicos y líderes de ese partido que sean “soberbios y prepotentes” con la sociedad y los militantes serán amonestados públicamente, para que el “tricolor ¡por fin! remonte y gane la Primera Magistratura del País el próximo año, y se imponga en las gubernaturas y el Congreso de la Unión que estarán en juego?. Dicen los expertos que nadie cambia después de los 40 –y el PRI ya rebasa los 80 años-, e incluso los viejos solían decir que “el que a los cuarenta no hizo nada, se lo cargo…patas de catre”. No decimos que no se puede, sino que los hombres que demandan el cambio ya son mayorcitos, y lo hacen no porque les interese presentar un mejor partido de cara a la sociedad sino porque les están ganando las agarraderas del poder, algo que nadie se acostumbra a perder. Y es que a decir verdad, la pérdida de credibilidad del “tricolor” es, realmente, preocupante, porque se dejó crecer a sujetos sin conciencia ni consideración para los gobernados; saqueadores profesionales, jóvenes que alguna vez fueron citados como el nuevo PRI, cuando en realidad eran la reencarnación de Ali Baba y sus 40 ladrones.

Y AUNQUE los Ali Baba (Javier Duarte y Roberto Borge) ya están en prisión, aún faltan otros como César Duarte –de Chihuahua-; Rodrigo Medina de la Cruz –de Nuevo León-; Humberto Moreira –de Coahuila-; Fausto Vallejo Figueroa –de Michoacán-, y un sinfín de ex gobernantes acusados de corrupción y de otros asuntos no tan gratos, pero no solo eso: si se quiere recobrar la credulidad social, es menester entender que, “ya mataron a la perra, pero quedan los perritos” –rememorando el “Llano en Llamas” de Juan Rulfo, palabras que forman parte de un corrido de la época Revolucionaria que en particular cuenta las hazañas y muerte de Saturnino Medina, conocido como “la perra”, quien luchó con Pedro Zamora -que nació en El Palmar de los Pelayo cerca del Limón, Jalisco en 1890. Él, junto con otros personajes apartados de los ideales de Pancho Villa, se dedicó al saqueo y cuando es, finalmente, ejecutado, le perdonaron la vida a su gavilla que, finalmente, se reorganizó y provocó el caos cuando deciden ir por la venganza-.

DE ESTA forma, el Llano en Llamas, cuyo nombre parece establecer un diagnóstico del estado de ebullición que presentaba el México de ese momento, revela la historia de un grupo de asaltantes, a través del testimonio de uno de ellos. Sin embargo, aun cuando los hombres de ese grupo, dedicado a asaltar pueblos y ranchos, se encuentran reagrupados bajo la figura del general Pedro Zamora, poco a poco va quedando en evidencia que no los mueve un ideal, sino el mero deseo de hacer daño y dinero. No obstante, Rulfo pareciera querer demostrar hasta el grado de lo absurdo que se comportan de esta forma por no conocer otra, puesto que al menos en dos ocasiones su protagonista afirma que si hubiesen podido se hubiesen pacificado. Por ello el cuento de Rulfo comienza con un epígrafe, consistente en una cita del corrido popular que dice: “Ya mataron a la perra, pero quedan los perritos”, el cual parece anticipar el cuadro cruel y descarnado de la Guerra Civil que quedó como secuela de la Revolución Mexicana, y que aun cuando ésta se había dado por terminada, dejaba a sus hijos, los cuales también someterían a México en la desesperación y la muerte, viviendo el eterno combate entre “revolucionarios” o rebeldes y los federales, y aun entre quienes solo deseaban seguirse enriqueciendo a costillas del pueblo.

Y ESO parece ocurrir con los ex Gobernadores en prisión: ya están en la cárcel, pero faltan “los perritos”, aquellos que acompañaron a los corruptos en prisión, no para servir sino para servirse; los que fueron cómplices del saqueo, del robo brutal a un Estado en disputa que no verá la paz hasta que sean llevados a prisión o, en el mejor de los casos, devuelvan lo que se llevaron. Todos ellos, si el PRI quiere cambiar, deberían ser vetados de por vida para ocupar cargos públicos, pues la sola invitación a eventos como la reforma de los estatutos, programas de acción y documentos básicos, ofende, lastima y agravia a una sociedad que vive las consecuencias de sus malos actos. Porque ofrecer que ¡ahora si! van a cambiar (como diría Lupita D´Alesio) no pasa de ser una promesa sin sustento. Es necesario que se predique ejerciendo; que se lleve a los tribunales a quienes a través del tiempo robaron, saquearon y corrompieron a las instituciones; es urgente que se pida perdón a la sociedad por aquellos excesos cometidos por Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, y que se expulse del PRI a los que siguen vivos, y postmortem a los que ya no estén en este mundo.

SE REQUIERE un verdadero golpe de timón, porque los priistas no están dando muestras de que quieren el cambio real y verdadero, sino que luchan por arrancarle al Presidente en turno el “derecho supremo” –asumido de motu proprio como garante de su partido- de decidir quién será el candidato que luchará por sucederlo en la elección del 2018, algo que la sociedad interpreta de esa manera ya que de los cambios acordados no se informó o anticipó a la sociedad que es a la que buscan seducir y convencer. Acordaron reformas para ellos mismos, cuando debieron enfocarlas a los que no son priistas para hacer atractivo ese instituto a quienes aún dudan por quién votar.

SIN DUDA, como dice el corrido insertado en el “Llano en Llamas” de Rulfo: “ya mataron a la perra (en este caso a las perras) pero quedan los perritos”, y estos buscarán reagruparse, colarse en próximos comicios, y la sociedad se decepcionará, porque aún está fresco el recuerdo del saqueo; aun la sangre de los ejecutados no seca ni el aroma se evapora. Aun miles de padres buscan a sus hijos o familiares desaparecidos, y los hijos lloran a sus padres ausentes. Vamos, ni siquiera debieron invitar a las mesas de trabajo a todos aquellos que en otro tiempo fueron causales o motivo de corrupción, no solo de Veracruz, sino de Oaxaca y muchas partes del País, porque parecieran querer cambiar para no hacerlo. Y basta ver como las órdenes de aprehensión contra JDDO emitidas por autoridades locales, ya fueron echadas abajo por una autoridad Federal. Así de simple. OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista