Los padecimientos

19 mayo 2017 | 8:39 hrs | Gilberto Haaz Diez

 *Las enfermedades solo son prueba de cuan frágil es la vida. Camelot.

En la cama se conocen a los amigos, dice el viejo refr√°n. Rele√≠ un libro viejo: ‚ÄėEn el poder y en la enfermedad‚Äô, de David Owen, las enfermedades de los jefes de Estado y de Gobierno en los √ļltimos cien a√Īos.¬†El autor del libro, David Owens, edit√≥ uno de 500 p√°ginas donde da cuenta de las enfermedades de los poderosos. La de Kennedy, sin duda, fue la m√°s escondida y la m√°s publicitada, muchos a√Īos despu√©s de su muerte, la historia cl√≠nica m√°s compleja de La Casa Blanca, enfermedad de Addison e hipotiroidismo. El presidente padec√≠a un mal de la columna vertebral y viv√≠a siempre empastillado, dentro de los hospitales, el dolor form√≥ parte de su vida y quiz√° por eso, porque pensar√≠a de su corta vida, se empiernaba muy seguido con la Marilyn, y con qui√©n se le atravesara. Analiza una a una las enfermedades de Roosevelt, Mitterrand, Johnson, el Sha de Persia, los dos vaqueros Bush, De Gaulle, Margaret Thatcher, Brezhnev, Kruschev, Churchill, a quien le gustaba el pomo y el puro y siempre se le vio as√≠ hist√≥ricamente. Nunca neg√≥ su alcoholismo. Hay an√©cdotas hist√≥ricas. Esta la recuerdo porque alg√ļn d√≠a la le√≠, cuando me puse a estudiar la historia de la Guerra de Secesi√≥n. Sucede que el presidente Abraham Lincoln perd√≠a batalla tras batalla en contra de los Confederados. No daba una el pobre y relevaba general tras general. Un d√≠a encontr√≥ al bueno. Ulysses Grant, un militar que llegaba tumbando ca√Īa. Grant comenz√≥ a ganar batallas peque√Īas. Sus subordinados, otros generales mandones, iban de quejosos con el presidente Lincoln a decirle que chupaba mucho como Felipe, que agarraba por sus cuentas las parrandas. El presidente, con esa vista de lince y sus barbas impecables, les respondi√≥: ‚ÄėOjal√° y tuviera dos Grant, aunque tomaran‚Äô.

Grant venció a Robert E. Lee y después se convirtió en presidente de Estados Unidos.

 SUS HISTORIAS

¬†En el poder muchos de ellos tuvieron enfermedades. Algunos tuvieron otra enfermedad m√°s potente: la embriaguez del poder, que contra esa no hay cura. Bueno, si hay cura, cuando se van y solo voltean a ver con nostalgia pura la poderosa silla presidencial que los abandona. El libro relata la polio de Franklin Rossevelt y los descuidos m√©dicos de sus doctores navales, que lo llevaron r√°pido a la muerte. De Stalin no s√© qu√© enfermedad traer√≠a, porque a√ļn no llego a esa p√°gina, pero ese estaba mal del coco, era m√°s sanguinario que Hitler. Existe un libro de Julio Scherer donde habla de las ‚Äėenfermedades‚Äô de nuestros √ļltimos presidentes:

‚ÄúAdolfo L√≥pez Mateos hab√≠a padecido un aneurisma que a menudo lo apartaba de su trabajo, habitante √ļnico en un cuarto oscuro que mitigara el dolor de la migra√Īa. Humberto Romero, su secretario y amigo incondicional, velaba el sigilo sobre asunto tan serio.

Gustavo D√≠az Ordaz finalmente cay√≥ vencido por la matanza del 2 de octubre de 1968. Embajador en Espa√Īa varios a√Īos m√°s tarde, no resisti√≥ a los periodistas que lo interrogaron en Madrid y tocaron el punto de la tragedia. D√≠az Ordaz huy√≥ de la Embajada, alg√ļn tiempo ac√©fala. Despu√©s fue huyendo de la vida‚ÄĚ.

“A Luis Echeverría lo extravió su megalomanía. Pretendió, en complicidad con el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, sustituir a Fidel Castro como vocero de América Latina. Documentos desclasificados de la Casa Blanca muestran sin retoque a un hombre hecho para la traición.

El 30 de junio de 1982, D√≠a de la Marina, Jos√© L√≥pez Portillo hizo burla de su condici√≥n de presidente de la Rep√ļblica y, convertido en fauno (favorecedor) persigui√≥ a Rosa Luz Alegr√≠a, toda de blanco y atractiva en el sudor que la ba√Īaba. L√≥pez Portillo, atleta consumado, trataba a su cuerpo como asunto de gobierno, alta prioridad en la agenda cotidiana. Miguel de la Madrid gobern√≥ con la flojedad de un hombre sin pasiones. Fue como el agua que se evapora al sol. Dec√≠a que, ya como expresidente, querr√≠a asistir a los restaurantes como un sujeto bien visto, respetado. A Carlos Salinas de Gortari lo perseguir√°n por siempre el asesinato de Luis Donaldo Colosio, a estas alturas enigma sin soluci√≥n, y la fara√≥nica fortuna de Ra√ļl, su hermano mayor. Por la fuerza de los hechos no podr√° decir que dej√≥ la presidencia con las manos limpias; tampoco olvidar que Colosio, ef√≠mero candidato a la sucesi√≥n, dijo en su √ļltimo discurso que M√©xico ten√≠a hambre y sed de justicia. De Ernesto Zedillo destaca su indiferencia por M√©xico. Vicente Fox, corrupto e impune, carga con el peso en toneladas del Chapo Guzm√°n. Las puertas de la c√°rcel de Puente Grande le fueron abiertas al capo de par en par y solo falt√≥ que lo despidieran con la alfombra roja, que se estila en circunstancias solemnes. Fox admiti√≥ el silencio c√≥mplice de los miembros de su gabinete de seguridad‚ÄĚ. Fin del relato de Scherer.

A Calder√≥n, que mucho se le critic√≥ su borrachera y la guerra contra los narcos, la historia comenz√≥ a juzgarlo desde el primer d√≠a que dej√≥ el poder: 30 de noviembre de 2012, porque la historia es una gata que siempre cae de pie, seg√ļn Eliseo Alberto, o porque la historia es algo que nunca ocurri√≥, escrito por alguien que no estaba all√≠, seg√ļn Kamalucas. Falta Pe√Īa Nieto, que ah√≠ vendr√° cuando le toquen las golondrinas.

Comentarios: haazgilberto@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnistas