Los museos

10 enero 2018 | 9:46 hrs | Gilberto Haaz Diez | Gilberto Haaz Diez

*La verdad es el mejor camuflaje. ¡Nadie la entiende! Camelot.

Uno puede visitar, cuando se está en lugares como Paris, Nueva York o Madrid, sus Museos, el del Prado, o el Moma o el Guggenheim en Nueva York, o el gran Louvre en París. El par de veces que he ido, la primera ocasión pagué la novatada, como cuando me metí un día antes de un partido en la reventa de un juego del Real Madrid en el Bernabéu, y unos viejitos que vendían los boletos en las banquetas, me los vendieron jurando por la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid, que casi estaba cercano al palco de Florentino Pérez, presidente del equipo. Cuando entré, me tocó con la perrada, en gayola, altísimo, necesitaba binoculares que no llevé pues al gordis Ronaldo, el brasileño, no confundir con el de ahora, que es Cristiano, lo veía chiquitito, con lo gordo que ya estaba. Luego conocí al jefe de Concierges del hotel Liabeny, el gran Pedro, y mi vida cambió para siempre, barra de primera fila, como aquella de Lara que no cambiaba por un trono su barrera de sol, cuando veía torear a Silverio, tormento de las mujeres, monarca del trincherazo, a ver quién puede con él. Esa vez del juego vi que los españoles se atascaban de pepitas, que aquí así le llamamos a esas semillas de girasol, y ellos les llaman ‘pipas’, comencé a ver cómo se le llaman a las cosas en otro país. Cierta vez en un restaurante gachupo pedí la ubicación de un baño, un mesero irreverente me reviró y preguntó si me iba a bañar. Como lo vi mamón y sangregorda, me dijo que se llamaban ‘aseos’, le dije que tampoco me iba a asear, que solo iba a mear. O a hacer pipí, para que no suene tan feo. Empatamos el marcador. Entrando al Louvre, todo emocionado recorrí la entrada donde tienen el lado egipcio, las esculturas y joyas que saquearon desde que Napoleón se traía todo como botín de guerra. Mal hecho, debí haber brincado eso porque para verlo en su totalidad se necesitan días, y uno, como cuenqueño despistado, quería llegar adonde se encontraba la Gioconda o Mona Lisa, del gran Leonardo Da Vinci, tomarse una foto a escondidas, porque la seguridad no te deja y salir a seguir viendo París, que bien vale una misa y siempre es una fiesta, según Hemingway. Ver La Venus de Milo y la coronación de Napoleón, y fuera. Cuando llegué a la Gioconda, había como 14 mil japoneses, ya ven ustedes que esos viajan en grupos y agarraditos de la mano para no perderse. Esperé que se hiciera a un lado y click, la foto como se pudo. El guardia se descuidó y click. Ahora es sumamente más fácil, pues en los IPhone  las tomas sin flash y ni enterados se dan. Otra vez, con Rico y mi hermano Enrique, que ama a la cultura, se metieron de nuevo al museo, les dije aquí los espero en un café de afuera, a mí, como dijo el presidente Abraham Lincoln, la cultura me persigue pero soy más rápido que ella, no me alcanza. Ahora mismo leo que El Louvre calcula que el 80% de las personas que entran (5.920.000) pagando 17 euros por persona, van directito a ver a esa dama retratada en una tabla de álamo. La Gioconda aporta anualmente 100 millones de euros, y todo eso porque leo ahora de los restauradores y los curadores y los marchantes, pues una obra de Leonardo Da Vinci, Salvator Mundi, se ha pagado por ella hoy mismo 382 millones de euros. Para Ripley.

 OTROS MAS QUE CIERRAN

 Dos revistas señeras, españolas ambas, han mordido el polvo.  La crisis de los internet y redes sociales y espacios informativos en la tecnología, han hecho que los empresarios que editaban las revistas Interviú, una que solía sacar desnudos de artistas famosas, o semi desnudos, pues ya felpó, se va como las pelotas de béisbol cuando traspasan las bardas. Ella y Tiempo, otra informativa. El Grupo Zeta ha comunicado a los trabajadores su liquidación, y desaparecen, no se pasan ni a los formatos de Internet, desaparecen, leo ahora en el periódico El Mundo de España. El Grupo Zeta achaca a ‘importantes pérdidas’, en torno a los 7 millones de euros en los últimos cinco años, esta decisión de cierre, obligada por una caída de la difusión, un 65% en el periodo citado y del 80% en la última década, así como por la caída de los ingresos publicitarios. La empresa anuncia su intención de cerrar esta revista y de despedir a todos sus trabajadores (27) tras 42 años en los kioscos. Es una baja lamentable.

 LAS BAJAS DE LA FORD

 La compañía automotriz, que se dobló a la presión de Donald Trump, cuando se nos vino encima con todo su poder y su muro y les hizo manita de puerco a los directivos, que invertirían 1600 millones de dólares en San Luis Potosí,  y el del libro famoso, Fuego y Furia, los amenazó que esa inversión fuera Estados Unidos, como se hizo, ahora están que lloran que lloran como la Zarzamora, por todas partes en los rincones porque, sucede que los mexicanos cuando usamos la venganza de Moctezuma, también lo hacemos en las compras, y dejaron muchos de usar autos marca Ford. Los compradores y los alcaldes de esa zona, les vetaron, no compraron ni un auto de su marca. Eso originó que cerraran 2017 con una caída de 17 por ciento menos de 2016, o sea, vendieron 7 mil unidades menos. Y cayeron del sexto al octavo lugar en ventas nacionales, los superó Honda y Kia. Ándenle, para qué andan de obedientes con aquel maloso, que está enfermo de la cabeza, según dice el arrepentido Bannon.

 LA EPIFANÍA DE HELKYNS

 El Padre Helsinky, perdón, Helkyn Enríquez Báez, buen y excelente vocero de la Diócesis de Orizaba, a quien apenas saludé en el restaurante la Troje de Tavo Pasquel, y nos deseamos un buen y feliz Año Nuevo, habló de la Epifanía, ese nombre siempre lo traigo en mi coco, y lo busco cada que puedo. Fui a Wikipedia. Va:

Una: Epifanía es Manifestación de una cosa: la fuerza y la vida no son sino epifanías de la realidad última; el cuerpo del hombre es la epifanía o mostración de su fisis propia.

Dos: Festividad religiosa que se celebra el día 6 de enero, en que los cristianos conmemoran la adoración de Jesús por los Reyes Magos y su aparición y manifestación al mundo. La Epifanía también se llama Adoración de los Reyes Magos.

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*Esta columna es opinión personal del columnista