Los Momentos de Incertidumbre Electoral. Y la Ruina que es el Clientelismo

5 junio 2017 | 11:22 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Muchos dicen que la democracia en Estados Unidos es imperfecta porque es indirecta y combina el peso político electoral de los estados, sobre el peso de la votación global; lo que da como resultado, que aritméticamente algunas veces triunfe el que no obtuvo el total de sufragios. Solo que a pesar de las imperfecciones en ese tipo de elecciones, se facilita ver mucho más que en otros sistemas, el curso de la elección.

Y esto viene a cuento porque todos desean saber el resultado electoral inmediatamente termina la hora de acceso a la votación en las casillas, lo que es prácticamente imposible. Los conteos se topan con dos  obstáculos reales: el bajo dominio de la aritmética de parte de los integrantes de las directivas de las casillas y la falta de colaboración por desconfianza, de los representantes de los partidos políticos menos experimentados. Aparte otro tipo de eventos que retrasan esos conteos.

Otras técnicas como los conteos rápidos han venido a solucionar bastante, ese vacío de saber los datos antes de que se conozcan con precisión las cifras.

Hoy la novedad de las redes genera otro factor. Somos víctimas de procesos de intoxicación para confundir a los electores durante el proceso; o al final, para generar confusión de parte de los que según sus análisis, llevan la derrota a cuestas.

Pero resalta a todas luces algo que no debería siquiera intentarse, el engaño; hacer de la burla electoral una mecánica constante. Generar dudas y sembrar desaliento de parte de los partidos y de los candidatos; de sus equipos de campaña y de simpatizantes, lo que  habla que los que participan, muchos de ellos no tienen la calidad moral, para representar a ciudadanos que confían en ellos.

Y es allí donde radica el fracaso de la democracia, porque no se entiende que es un proceso en movimiento, para mejorar los mecanismos de toma de decisiones, que persiguen el bienestar general.

Con las conductas del engaño se demuestra que los incentivos para ocupar los cargos, nada tienen que ver con propósitos  desinteresados de poder económico y personal o de grupo; todo lo contrario: son formas para  salir de quiebras empresariales, para adquirir notoriedad social, para seguir ampliando el ámbito de la simulación académica e intelectual, fortalecer el clientelismo de mesiánicos o para mantener una franquicia que no tiene significado, ni contenido ideológico.

El desaliento se refleja en los números de la participación siempre generalmente a la baja. Los que ganan lo hacen con porcentajes que no explican una legitimación elemental, números raquíticos que expresan el desencanto por esos liderazgos inflados, improvisados con imágenes improvisadas también, algo extremo de lo tautológico. Pero lamentablemente que expresan al mismo tiempo, el perfil social de sus electores: personajes que todo indica que se sienten ajenos en su entorno. O que están desubicados mas allá de las paredes de sus casas y negocios, inmersos en el pensamiento mágico: esperando que alguien de la penumbra de la fantasía, surja para que sin ningún desgaste y sin costo económico, ni el mínimo; logre quijotescamente, sin apoyo social, sin respaldo afectivo, transformar el entorno que quisieran fuera distinto.

Pero en esos momentos de las votaciones, cuando reina la incertidumbre; se muestra paradójicamente,  que sí hay interés en el fondo; que tal vez no se quiso llegar a esa conclusión en las semanas precedentes, pero al final, sí hay algo que importe sobre quién será quien gobierne y con quienes lo hará.

Por eso se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Pero también, se puede decir: hasta que quieren merecer algo mejor.

Y eso sí, sería otra cosa, porque para empezar se requiere asumir el papel, no de habitante sino de ciudadano; empezar con un análisis de prioridades colectivas, desde las esenciales, las de supervivencia hasta llegar a los temas adjetivos. No empezar por estos últimos, que son favoritos de los equipos de campaña; que quieren prolongar el clientelismo, como si eso fuera la materia que da forma al sentido del gobierno.

Si esta oportunidad de cuatro años se pierde por una tendencia hacia el clientelismo político de un líder desquiciado, el futuro no podrá comenzar y las consecuencias de la demagogia van a demostrar que el pasado sigue imperando, esperando que lo imposible se produzca.

*Esta es opinión personal del columnista