LOS FIELES HOTELES

19 septiembre 2016 | 13:21 hrs | Columna

Por Gilberto Haaz Diez

 

‚ÄúVivo en los hoteles y como en restaurantes; desde 1966 no he vivido con una mujer en una casa‚ÄĚ. (Omar Sharif). Camelot

Uno puede ser fiel a los hoteles. Normalmente se va adonde o ya te conocen o al menos te identifican. No hay nada como que el camarero o el bell boy te saluden cuando llegas. Me ocurre muy seguido porque suelo ir a los mismos hoteles. El Liabeny de Madrid es uno, con el mejor camarero¬† del mundo, Pedro. Soy de costumbres fijas. Lo mismo en el DF que en parte del pa√≠s o el extranjero, aunque en el extranjero sol√≠a ir a uno texano de Mc Allen llamado Casa de palmas y, de repente, como a un amor perdido, lo abandon√© cantando aquello de, cuando un amor se va, que desesperaci√≥n. Sucede que Silvia, que es la gente que va por uno a Reynosa y en su taxi cruzas la aduana de Kika de la Garza, rumbo a Mc Allen, me habl√≥ de las bondades de uno que era viejo, pero hab√≠a sido remodelado, el Doubletree de la cadena Hilton. Tiene una ventaja sobre el otro que me hospedaba, opera con suites al mismo precio y son dos habitaciones en el mismo cuarto, con camas solas y con televisi√≥n a cada cuarto, cabemos cuatro. Adem√°s, est√° cerca del Mall adonde el shopping hace que la vida se vuelva loca, como canta Ricky Martin. Rememoro lo de los hoteles porque a lo mejor salgo de viaje. A√ļn no s√©. Pero no tardo, como dir√≠a Kamalucas y Minga, dos personajes de mi pueblo.¬† He pasado por hoteles que han sido famosos o malditos, como aquel neoyorkino Sheraton, donde el lococh√≥n Mark David Chapman sali√≥ a matar a John Lennon, un diciembre de 1980. Tambi√©n una vez me hosped√© en uno caro, porque lo encontr√© en promoci√≥n, el Waldorf Astoria, To√Īo Nemi, cuando escrib√≠ en mis relatos period√≠sticos, me dijo que aguas, porque los desayunos ah√≠ eran muy caros, lo constat√© y a la otra ma√Īana me fui a una calle aleda√Īa y encontr√© un restaurante de paisanos poblanos, los llamados PoblaYork,¬† donde hab√≠a uno de Tierra Blanca, mi pueblo. Ese hotel tiene una galer√≠a de fotos y guarda una fotograf√≠a m√≠tica, cuando el presidente JFK andaba en campa√Īa por la presidencia, afuera de ese hotel en la afamada calle Park Avenue se trep√≥ al toldo de un auto y ped√≠a el voto. Las habitaciones de este hotel tienen camas Waldorf Serenity, ropa de cama de lujo, TV de pantalla plana por cable y un ba√Īo privado con ba√Īera de m√°rmol o ducha y art√≠culos de aseo gratuitos Salvatore Ferragamo. Ufffffff

 

LOS NEOYORKINOS

 

Otro que entr√© y vi, fue al legendario Hotel Plaza, el de Central Park, el que dej√≥ de ser hotel y lo han pasado a condominios, donde los millonarios rusos se han hecho de todo. Fui a tomar un caf√©, porque mi presupuesto era raqu√≠tico, y a atravesarme la calle pues mi hermano me pidi√≥ una pieza de esa afamada tienda Apple, la llamada Apple Store, un cubo de vidrio en la Quinta Avenida, con el logotipo de la manzana mordida, de Steve Jobs. All√≠ hay que hacer cola para que te atiendan, parece mi√©rcoles de plaza de Chedraui. Con mi amigo Rico, el amigo que no es rico, bajamos rumbo a los ba√Īos donde est√°n montadas fotograf√≠as de aquellos picudos que all√≠ se han hospedado, Los Beatles, por ejemplo, que durmieron en su primera visita a Am√©rica, en 1964, cuando Ed Sullivan los tuvo en la tele. O la galer√≠a de fotos de aquella gran fiesta del escritor Truman Capote, en homenaje a la due√Īa del diario The Washington Post, Katherine Graham, donde estuvo la crema y nata de pol√≠ticos y artistas y millonarios, entre ellos Sinatra y su M√≠a Farrow. En esa fiesta solo hubo cabida para 500 invitados. Una de las mejores definiciones de la fiesta la dio un reportero de televisi√≥n: ‚ÄúSabemos que usted no es lo suficientemente rico ni socialmente importante como para ser invitado; si no, no estar√≠a mirando ahora las noticias‚ÄĚ. Esa noche lluviosa, la ciudad entera se cubri√≥ de glamour, casi 200 fot√≥grafos, toda la plana mayor de los columnistas de moda y una multitud de curiosos. Los invitados proced√≠an pr√°cticamente de los cinco continentes. Pero el que menos pas√≥ desapercibido fue Norman Mailer, que lleg√≥ a proponer al asesor de seguridad del entonces presidente Lyndon Johnson continuar en la calle una discusi√≥n sobre Vietnam, o sea, a los madrazos.

Otra vez, en un verano husmeaba por las calles neoyorkinas, los hoteles de Nueva York todos tienen su historia,¬† pas√© al lado del hotel Sofitel, de la 45 West 44th Street, tom√© una fotograf√≠a al frontispicio. Sucede que hac√≠a unos d√≠as se hab√≠a hospedado (mayo de 2011), y de all√≠ sali√≥ al aeropuerto donde fue detenido por el FBI, el calenturiento Dominique Strauss-Khan, que era el presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y futuro candidato a la presidencia de Francia. Cuando se baj√≥ los pantalones, se le cay√≥ el mundo, en esa suite 2806 de Manhattan la camarera lo denunci√≥ de acoso y violaci√≥n y lo bajaron del avi√≥n y le desgraciaron la vida (V√©ase la pel√≠cula del gran Gerard Depardieu, Welcome to New York). Casado con Anne Sinclair, mujer de alta sociedad, periodista, la mujer m√°s influyente de Francia en 1985, millonaria, heredera √ļnica del marchante de las obras de Picasso; la historia de Dominique est√° bien ligada a ese hotel Sofitel, donde por andar de calenturiento le cost√≥ la carrera a la presidencia de Francia. Relato pronto de otros hoteles, y el del gran hotel Ritz de Par√≠s, donde se hospedaba Ernest Hemingway, que sol√≠a decir: ‚ÄúCuando sue√Īo una vida eterna en el para√≠so, la acci√≥n siempre transcurre en el Hotel Ritz de Par√≠s‚ÄĚ, un bar fue bautizado con su nombre, porque all√≠ agarraba por su cuenta las parrandas, como la Paloma Negra. ¬†

Visítenos. www.gilbertohaazdiez.com