Los archivos de Gabo

9 diciembre 2017 | 12:44 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

El éxito, cuando se cuenta, se parece a la mezquindad. Juan Cruz.
Camelot.

 

Alguien una vez me comentó, que la Universidad de Texas, en Austin, tenían todos los diarios Excélsior desde que apareció y vio la luz, en 1917. Sé que esa prestigiada Universidad, y la conozco una vez que fui a Austin, capital de Texas, guarda colecciones valiosísimas de los mexicanos revolucionarios, Pancho Villa, Zapata, esos hombres bragados que hicieron la revolución, revolución de avanzada, antes de la de los comunistas rusos. Pues para no hacerla muy larga, esa Universidad compró en 2014, los archivos personales del Nobel Gabriel García Márquez, poco antes de su muerte. Todo con lo que escribía en su despacho mexicano, lo que corregía, lo que anotaba, fotos, tres computadoras, pues hubo un tiempo que el Nobel optó por la tecnología, y lo que archivó allí lo tiene la Universidad. Ahora la abrirán al mundo. Le pagaron a la familia 2.2 millones de dólares, antes de la muerte del escritor, y cuando la tuvieron en sus manos, como una joya, el director dijo: “Este es el lugar donde las letras de García Márquez han venido a descansar”, o sea su panteón ilustre, creo que se apañaron en esa compra una novela inédita. ‘En agosto nos vemos’, del gran Nobel. He estado un par de veces en Austin. Visité su Congreso, el Capitolio, copia del de Washington, estuve en la sala de los presidentes, cerca de esa biblioteca donde hay pinturas gigantes de los tres presidentes que han llegado a gobernar Estados Unidos: Lyndon Johnson, a la muerte de JFK, Bush padre y el Bush chico y faltó el espíritu santo, porque el Bush tercero se quiso colar pero se les atravesó Donald Trump, y les ganó las primarias, hace poco más de un año. No olvidemos que Texas fue país, primero, luego se convirtió en Estado de la Unión y son los más radicales del mundo. Esa biblioteca, o Centro Harry Ramson, es un panteón de las artes, tienen documentos de James Joyce, J.M. Coetzee, Faulkner y Arthur Miller; las libretas con notas de los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein, los del Watergate, que hicieron morder el polvo al presidente Nixon, cuando el viejo chismoso conocido como Garganta Profunda, les filtraba todo. Suelen los americanos hacer grandes biografías, en primera porque son talentosos, segundo, porque cuentan con los apoyos de las becas de las fundaciones, un ejemplo, el maestro de Carlos Salinas en Harvard, John Womack Jr., profesor de Historia Latinoamericana y Economía, vino a México a investigar a Emiliano Zapata, en Anenecuilco, su pueblo y alrededores, y creó el mejor Zapata jamás escrito, que rivaliza con el del mexicano Jesús Sotelo Inclán, ‘Raíz y razón de Zapata’, publicado en 1943, estos americanos lo hacen así porque tienen dinero de las fundaciones que los becan, para estar el tiempo que sea necesario en la investigación. La compra de los texanos se hace con el poder de su firma, los millones de dólares de que disponen para cuidar los acervos históricos del mundo, es algo que se les reconoce, aunque tengan a Trump, que a veces parece texano. Bien hecho.

LOS PADRES Y LOS HIJOS
Una de las mejores definiciones de los hijos, la escribió el Nobel José Saramago. Dice:

“Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y de cómo aprender a tener coraje. ¡Sí, eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente a la incertidumbre de estar actuando correctamente y al miedo a perder algo tan amado ¿Perder? ¿Cómo? No es nuestro. Fue simplemente un préstamo… El más preciado y maravilloso préstamo, ya que son nuestros solo mientras no pueden valerse por sí mismos, después le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos, pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”.

ANDRE AGASSI
André Agassi, campeón de tenis, en su libro de memorias llamado ‘Open’, soltó estas cuatro prendas:
“Realmente odiaba el tenis”
“Llegué a ser un campeón poco convencido”
“No sabía ni quién era. Temía perder por la culpa y las burlas del público y de mi padre”
“No entiendo a muchos de mis pares que dicen sentirse a salvo en la cancha o que es su escape. Para mí un retraso por lluvia significaba más tiempo de ansiedad y de pánico. Yo quería que todo terminara rápido”.
El padre –relató-, lo obligó a jugar un deporte que nunca le gustó. Donde brilló en esas canchas, donde ganó todo. “Espero que el libro se convierta en una plataforma que dé esperanza e inspiración y sea una herramienta para mejorar las vidas de quiénes lo lean”, escribió. “Nunca extrañé el tenis. Nunca me gustó la competencia. Nunca me gustó la presión que me exigía. Nunca me gustó no ser perfecto en lo que hacía. Sentía que me habían creado para no estar nunca satisfecho“.
Retirado a los 36 años, el día 3 de septiembre de 2006, Agassi ha ganado más de 30 millones de dólares en premios y ha sido número Uno en el ranking mundial. Considerado uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos, ganador de todos los torneos de Grand Slam (tiene un total de 8 títulos en esta categoría), y del Golden Slam de carrera, y de un total de 17 títulos de ATP Masters 1000, record de 2004 a 2010, además también formó parte del equipo campeón de Copa Davis de Estados Unidos en 1990 y 1992. Está casado con la también ex tenista y ex número 1 mundial Steffi Graf.
Odiaba el tenis.

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