Lo que se olvida del TLCAN

23 octubre 2017 | 9:50 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Había publicado el año pasado que Salinas no estaba al tanto del tratado de libre comercio que se suscribiría con Estados Unidos y Canadá, tal vez los que leyeron mis datos lo dudaron. Días más tarde en una entrevista con un analista de temas de seguridad, confirmó el expresidente lo escrito por un servidor. Hasta que llegó a sentarse en Los Pinos se fue enterando del proyecto, que por cierto ninguno de los de su gabinete conocía, también como su jefe estaban en ayuno de los jugadas de la geopolítica. Los actores  de hoy están por las mismas.

También los que comentan el tema se andan por las ramas y todavía dudan que sea una decisión tomada la negativa de seguir en ese tipo de alianza comercial. Los argumentos de los funcionarios y expertos son disquisiciones, algunas sesudas y bien documentadas, como queriendo convencer desde el enfoque de México, las razones de la conveniencia económica para Estados Unidos para dejar el acuerdo intacto, con leves modificaciones si acaso. Hasta algunas plumas y los enemigos de Trump coinciden en algunos de los comentarios con los de nuestro país. Pero el caso según mi perspectiva es que no evitarán lo inevitable.

¿Porqué me atrevo a contradecir el juicio de los empleados de alto rango del gobierno y de sus apologistas? Muy sencillo: se equivocan, como se equivocaron creyendo que ganaría la Clinton; porque se confunden en los conceptos sustanciales de lo que buscan las élites de poder de ese país, lo que quieren alcanzar en esta etapa; y el hecho mismo de diferenciar eso, las etapas que como escribía atinadamente el maestro Karl Deutsch, que cuando se agota un estadio filosófico, hay que iniciar otro, con una serie de tácticas, que en mucho contradicen las de los estadios agotados.

Y ayunos de discusión metodológica, porque se considera ampulosa o irrelevante, se equivocan cuando el enfoque que usan, parte de un análisis económico: comercial pues; en un asunto que no tiene ese tema de origen. Un asunto que encubre para consumo político masivo en ambos países,  con un tema cualitativamente importante y estratégico: la incorporación de México apadrinada por Estados Unidos  a la economía-mundo, al capitalismo real, para usar términos populares; pero que encierra como digo, uno de mayor fondo que es la seguridad hemisférica, en el momento del establecimiento de las bases del fenecido orden mundial, que con la transición de Trump, cumplió la etapa que le correspondió en la geopolítica mundial.

Hoy los protocolos son otros. Algunos no leen los tiempos, sobre todo las altas esferas nacionales, que insisten en equivocar el análisis porque creen se les ha facturado para siempre la vida económica de México y lo que no coincida con eso, es tan cuesta arriba en su mente, que es preferible hacerle a la avestruz.

En otras palabras se les olvida que el acuerdo es un acuerdo de seguridad con un tema económico, no al revés. Así de plano.

En ese entonces Bush confiaba en Salinas y confiaban en la democracia como sistema, para desmantelar el capitalismo de estado del PRI. Hasta a un empleado de la familia del poder mundial, lo pudieron hacer gobernador de Baja California, sin la aplanadora priísta que empezó a fallar. Lo que les interesaba al centro mundial, era que Rusia no se reconstruyera sobre territorios fronterizos o sobre China, que fue incorporada a la economía mundial en esa estrategia doble de utilizar mecanismos comerciales, para asegurar  la hegemonía.

El Tratado con México fue respetado, así como los acuerdos con China hasta que el grupo Bush-Clinton-Obama tuvo el poder: 28 años. Hoy como muestra, una pieza fundamental: el rey saudí, ya empezó a emigrar a Rusia porque siente que su seguridad es vulnerable en las nuevas políticas estadounidenses.

Un tratado que ya cumplió su cometido, se agotó y no resultó beneficioso en el tema de la seguridad como ofrecían los estrategas de la Casa Blanca al Capitolio, a finales del siglo pasado, porque creció la violencia, el crimen organizado y la corrupción es insostenible, de hecho regresó el PRI, contrariando la planificación inicial.

El TLCAN o TLC o NAFTA, como usted prefiera, es decir, el acuerdo hizo ricos a los empresarios que apoyaron los subsidios mexicanos, es decir el uso del dinero de los contribuyentes, para hacer competitivos con diversos programas en realidad a fondo perdido, para que ganaran en dólares, que no retornaron, un grupo de negociantes que hoy tiene doble nacionalidad y viven en barrios donde asisten a las escuelas sus hijos y donde han invertido para quedarse en otro país, no el que les dio todo para enriquecerse.

Poco tiene el gobierno mexicano que ofrecer que no haya entregado. Con el artículo 25 constitucional, que es el punto toral de las “reformas”, tienen el subsuelo los que tengan las concesiones ya en propiedad. Y no habiendo garantías en seguridad, no necesitan el tratado, de hecho a muchos empresarios con tanto apoyo se les quitó un poco lo miedoso y pueden seguir en sus negocios solo pagando aranceles. Desde el punto de vista racional, hasta se pueden desaparecer los programas onerosos de esa secretaría de Economía, que solo sirve para absorber las pérdidas de los empresarios ineficaces. Mucha burocracia saldría sobrando, si hubiera sentido común.

De hecho el tratado sí logró uno de sus cometidos: que en México se olvidaran de la utopía socialista. Porque cuando se pueden comprar los bienes del mundo, las razones de auto disciplinarse y solo comer tortillas con sal, lo que exigen los sueños bolivarianos, no hay duda.

Esta es otra etapa de seguridad, para la que los que detentan los cargos no tienen esquema, es todo. El acuerdo ya tronó, si acaso queda será mutilado. Al tiempo, que ya está cerca.

Esta es opinión personal del columnista