“Lavaderos” del huachicol

12 enero 2019 | 2:25 hrs | Roberto Valerde García | Columnistas

Por Roberto Valerde García

El problema del “huachicol” en México es multifactorial y si bien la estrategia del gobierno federal, según las palabras del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, “empieza a dar buenos resultados”, el combate a este lucrativo negocio ilegal, tiene que ir mucho más allá de cerrar las válvulas de cuatro de los 13 ductos que hay en la república, para evitar la “ordeña”.

Hace apenas unas semanas el salario mínimo en México se incrementó un 16% para alcanzar los $102.68, es decir, un poquito más de tres mil pesos al mes, pero con base en cifras no oficiales, se sabe que quienes extraen el combustible de los ductos, lo almacenan o venden, ganan salarios de entre 14 y 20 mil pesos mensuales. La falta de empleo y los míseros salarios que pagan las empresas son parte del origen, siempre hay gente dispuesta a arriesgar su libertad o la vida, por una cantidad así.

El alto costo de las gasolinas en México es otra razón para que siempre haya millones de automovilistas, dispuestos a comprar litros de combustible entre 8 y 14 pesos, dependiendo la zona y el tipo de expendio.

Hay que decirlo, lo empezaron a consumir los taxistas, pero hoy en día lo adquieren lo mismo amas de casa, ingenieros, arquitectos, maestros, empresarios, transportistas y todo aquel que tiene un alto gasto de combustibles para poder trasladarse en sus unidades y que hoy tienen a modo la posibilidad de llenar sus tanques a la mitad o menos del costo oficial.

Con base en los reportes de Petróleos Mexicanos, al cierre de 2018, Veracruz se mantuvo en el deshonroso cuarto lugar nacional por el número de tomas clandestinas detectadas con 1,219, tan solo por debajo de estados como Guanajuato (1,352), Hidalgo (1,491) y Puebla (1,636), el líder indiscutible.

Datos revelados por la propia Secretaría de Seguridad Pública del Estado, la Fiscalía General y Pemex, en nuestro estado la ordena se centra en un ducto de 14 pulgadas con origen en la refinería de Minatitlán, en la zona sur del estado y que atraviesa los estados de Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Ciudad de México. Pero también se han descubierto tomas en el poliducto Tuxpan-Poza Rica-Azcapotzalco, que atraviesa Puebla, Estado de México y la Ciudad de México.

En varios estados ya se observan largas filas de automóviles a la espera de cargar gasolina. Conductores que pasan las noches en sus autos para asegurar un espacio en las gasolineras y hasta riñas entre clientes desesperados, debido al desabasto de magna, premium y diésel.

Sin embargo, el presidente de la República informó que antes de aplicar esta medida, el promedio de robo de pipas era de 787 al día. Ahora la cifra se redujo a 177 diarias. Los golpes más fuertes al huachicoleo se han dado, por decirlo, en los estados de México, Michoacán, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, Querétaro y Tamaulipas, pero información extraoficial indica que la limpia viene hacia Veracruz, pues los mapas de conflicto que le han presentado al presidente Andrés Manuel López Obrador, indican focos rojos por almacenamiento y venta agranel de combustibles robados en Jesús Carranza, San Juan Evangelista, Acayucan, Minatitlán (en el sur); Tierra Blanca, Tres Valles y Cosamaloapan (en la Cuenca del Papaloapan); Santiago, San Andrés y Catemaco (en Los Tuxtlas); Omealca, Cuitláhuac, Tezonapa, Cuichapa, Orizaba, Río Blanco, Nogales y Acultzingo (en la zona centro), Martínez de la Torre, Poza Rica, Tihuatlán, Naranjos, Tantoyuca, Chicontepec y Pánuco (en el norte).

Ahora bien, como lo mencioné al inicio de esta columna, no basta cerrar las válvulas para evitar el robo de combustibles que al Estado mexicano le genera pérdidas por 60.000 millones de pesos al año o más, unos tres mil millones dólares, dinero que obviamente no se mueve a través de los bancos y que tampoco sale en su totalidad del país, por lo que sin duda se está “lavando”, “blanqueando”, legalizando, probablemente una parte a través de la presunta doble facturación en gasolinera, situación que el SAT ya habría detectado hace tiempo pero que no atacó. Asimismo a través de la creación de empresas de otros giros e inversiones inmobiliarias.

A caso usted, amable lector, ¿ha visto o sabe de empresas como hoteles, restaurantes, boutiques, tiendas departamentales a todo lujo que abrieron sus puertas y aunque no se les paran ni las moscas, o sea, no tienen ventas, se mantienen pagando renta, servicios y la nómina de varios empleados? ¿sabe o le han platicado de la construcción de modernas plazas comerciales que se edificaron a lo largo y ancho de la entidad, en medio de la crisis tan severa que padecemos y que ahora se dedican a la renta de locales comerciales? ¿De dónde sale tanto dinero para construir edificios, fraccionamientos y residencias que ponen en venta, cuando los bancos no prestan dinero sin garantías y si prestan es con impagables tasas de interés?, ¿quiénes tienen hoy tanto dinero para abrir casas y casas de empeño y/o financieras y dedicarse a prestarle a tanta gente necesitada, a sabiendas de que aún quedándose con la prenda del pignorante van a recuperar su dinero a muy largo plazo?

Con lo anterior no quiero decir que todos los negocios de esos giros anden en malos pasos, no, hay muchos que quizás si estén arriesgando sus ahorros, pero hay muchos otros que indiscutiblemente son patito.

Para concluir, la gran interrogante es ¿dónde están limpiando el dinero del huachicol?, porque en opinión de expertos, del lado financiero, poniendo un cerco al dinero, podría propinarse otro golpe de precisión a las mafias del robo de combustible. Ya veremos.