Las tumbas famosas

22 agosto 2017 | 8:14 hrs | Gilberto Haaz Diez

Hay de tumbas a tumbas. Camelot

Las tumbas o sus camposantos siempre han sido un misterio. Cada panteón guarda los huesos de sus hijos ilustres. Los faraones y reyes egipcios se construían pirámides, como la de Keops, para allí inmortalizarse y que sus restos fueran viajando al paso del tiempo a una eternidad infinita. Los panteones están llenos de leyendas. Cada panteón de cada pueblo cuenta sus historias en las frías lápidas del frío mármol. Lo platico ahora y rememoro un escrito, porque vi unas tumbas en el panteón de Mc Allen, tumbas gringas.

Quien esto escribe ha estado en algunos panteones donde descansa y reposa gente ilustre. Alguna vez vi la del panteón de San Fernando, donde se inmortaliza Benito Juárez, de quien dicen los historiadores ha sido el indígena mexicano más brillante que ha parido esta tierra de mestizaje. Una vez por Buenos Aires, me lancé a la odisea de visitar la tumba de la inmortal Eva Perón, en el cementerio La Recoleta, y por allí vi la del cantor de tangos Carlos Gardel, en La Chacarita, a la cual hay que ponerle un cigarro prendido entre sus dedos, en reverencia homenaje al fumar del inmortal cantante. La de Juan Domingo Perón no la vi porque estaba en otro panteón lejano. Monumentos históricos, todos ellos.

La de los Kennedy, en Arlington, Washington.

En la parte donde fue el atentado a las Torres Gemelas, hay un panteón que data antes de la Guerra Civil, quedan pocas tumbas, cuando el 11-S ahí volaron papeles y lo que pudo tapiar esas tumbas centenarias.

La de Napoleón es visita obligada en Paris, en Les Invalides. Está fija de tal manera que uno, al verla desde arriba, debe inclinar el cuerpo como reverencia al Emperador.

Cada pueblo tiene sus ídolos y con su manto protector les cubre de gloria.

En Orizaba hay monumentos m√°s que hist√≥ricos, unas verdaderas obras de arte cuando el m√°rmol se pod√≠an importar y traer desde Italia, de las manos de los orfebres italianos que creaban unas verdaderas joyas, como el de la ni√Īa Couto, que es una belleza y tiene cien a√Īos de antig√ľedad. Cuenta la leyenda que la estatua del √Āngel, que est√° en actitud de protecci√≥n de la ni√Īa, ¬°se mueve!, para cubrirla de las inclemencias del tiempo.

Algunos han tomado la muerte con iron√≠a. Gabriel Garc√≠a M√°rquez suele decir: ‚ÄúAhora se muere gente que antes no se mor√≠a‚ÄĚ.

Hace no mucho, se subast√≥ el nicho de la parte de arriba del pante√≥n en Los √Āngeles, California, donde reposa la bella Marilyn Monroe, cuentan que el difunto, antes de serlo y estirar la pata, pidi√≥ a su mujer la comprara para que √©l pudiera estar oliendo ese aroma de la Monroe, que sol√≠a decir que al acostarse por la noche s√≥lo lo hac√≠a con una gota de perfume Chanell. Los vikingos eran m√°s listos. Al morir uno de sus combatientes, en una pila de madera y como buenos navegantes pon√≠an el cuerpo y les disparaban flechas encendidas y le quemaban. All√≠ no hab√≠a tumbas que visitar.

La del ahora santo, Rafael Gu√≠zar y Valencia, ubicada en Xalapa, dicen que es bendita y milagrosa. Yo vi la de Juan Pablo Segundo, al que quer√≠a todo el mundo, en El Vaticano, donde reposan los picudos que se hablan de t√ļ con Dios, all√≠, cerca de la de San Pedro, el patr√≥n de todos ellos, la gente se hinca y reza con l√°grimas en los ojos.

Poetas, intelectuales, gente com√ļn fij√≥ el Epitafio como un agradecimiento eterno.

‚ÄúAqu√≠ reposan los restos de un ser que posey√≥ la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios‚ÄĚ. De Lord Byron para su perro ‚ÄėBotswain‚Äô.

Las vengativas, en una tumba del cementerio de Salamanca: ‚ÄúCon amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada‚ÄĚ.

Una de sus amigos malosos: ‚ÄúAhora est√°s con el Se√Īor, Se√Īor, cuidado con la cartera‚ÄĚ.

MUERTE A LA CARTA

Hay estados de la Uni√≥n Americana donde los sentenciados a muerte pueden escoger la mejor forma de morir, si es que hay alguna. Todos so√Īamos con morir en la tranquilidad de una cama, sin sobresaltos, que llegue la muerte y bendita sea si no hace da√Īo ni crea dolor. El fil√≥sofo chino, Confucio, primo lejano de Kamalucas, un fil√≥sofo de mi pueblo, sol√≠a decir: ‚Äėaprende a vivir y sabr√°s morir bien‚Äô. Los condenados a muerte en Estados Unidos son por lo regular cr√°pulas que han liquidado gente. Asesinos confesos. Pues bien, en Utah, uno de los estados norte√Īos, la legislaci√≥n permite que el sentenciado a muerte escoja como morir. Como si se estuviera en una Mac Donald y pudiera no pedir la burguer o la triple Mac. A un gringo maloso le ocurri√≥. Sentenciado a muerte, escogi√≥ ser fusilado porque, dicen que ser fusilado tiene un toque de heroicidad y se puede mirar al pelot√≥n de fusilamiento cara a cara. Los del pelot√≥n de fusilamiento, para que no carguen en su conciencia √©l haber sido el killer, toma uno de ellos un rifle con balas de salva, as√≠ ninguno reconoce de quien fue el tiro certero. En la historia de la revoluci√≥n hubo muchos casos as√≠. Mart√≠n Luis Guzm√°n nos explica varios, como aquel general rebelde que, cuando las fuerzas de mi General Villa lo ten√≠an en el pared√≥n, pidi√≥ fumar un cigarro, de seguro era Delicados o Alas Extra. Lo dejaron fumar, la mano no le temblaba y la ceniza se mantuvo firme, era de los soldados bragados. Hay formas de morir: inyecciones letales o silla el√©ctrica. Ignoro c√≥mo le fue al gringo, si pidi√≥ piedad o solo cerr√≥ los ojos para esperar el tiro liquidador. Pero de que pidi√≥ c√≥mo morir, lo pidi√≥, y le fue concedido.

Visítenos: www.gilbertohaazdiez.com

*Esta es opinión personal del columnista