Las tres pistas del circo

27 enero 2017 | 10:06 hrs | Gerson Rodrigo Hernández Mecalco

El gobierno federal se enfrenta a horas y días determinantes para sus legados: electoral, económico, social pero sobre todo histórico. Como la vida de un malabarista en la cuerda, un hombre bala a punto de salir volando o un domador de leones en una pista de circo. Cada decisión tomada —o no— generará un costo político al partido en el gobierno. El gran reto es solucionar por lo menos un problema de una de las pistas del circo. Las negociaciones con EU en materia de política exterior y nuevos socios comerciales es similar a estar encerrados en una jaula sin ninguna llave con feroces leones que no solo rasguñan sino que te destrozan a punta de tuitazos; presiones y mensajes por parte de empresarios que se disfrazan de magos y escapistas que pueden aparecer y desaparecer dinero; las movilizaciones en varias regiones del país por el aumento en la gasolina y productos de la canasta básica representan a mimos que están hartos de no gritar; además de los obstáculos que plantea la oposición partidista -— algunos de ellos se maquillan como payasos mesiánicos— pero ante todo esto ¿se puede ganar en todas las pistas, con aplausos y sonrisas de todos?; pero mejor vamos por partes:

The West Wing. En 1999 se difundió esta serie de televisión estadounidense ambientada en el ala oeste de la Casa Blanca, donde se ubica el Despacho Oval y las oficinas de los principales miembros del equipo del presidente, durante la ficticia administración demócrata de Josiah Bartlet. La política habitual de comunicación de la Casa Blanca —reflejada en la serie—, ante una situación de crisis, era la de mantener el silencio el mayor tiempo posible, especialmente si se refería un problema internacional (intervención militar o una represalia política). Esta estrategia cambiaba cuando se producía una crisis interna en el país, como un escape nuclear, un atentado o una catástrofe natural. En estos casos se apostaba por la rapidez y la transparencia informativa. Eso lo vemos cuando ocurre un accidente en una central nuclear situada en San Andreo (California). Desde el primer momento, el presidente Bartlet decide asumir el mando en las comunicaciones y convoca una rueda de prensa. Todo la estructura anterior ha quedado en el olvido y tal vez el Presidente Donald Trump decida con una o dos personas no solamente qué escribir en Twitter, sino cuál será la reacción. Imaginemos un juego de tenis, donde pierde el que no alcanza la pelota y demuestra su enojo.

¿Cómo responder a Trump? Ante esta situación la asesora de imagen española Yolanda Rodríguez Vidales dice que las ventajas del humor como táctica comunicativa son que se desempeña un importantísimo papel en la comunicación, ya que permite atraer la atención del público, reducir las tensiones y, suavizar el impacto negativo de algunos mensajes. Por ello, los malabaristas más experimentados, como los portavoces de una institución, saben que si hacen reír a su público con una broma ingeniosa y pertinente, conseguirán que su mensaje tenga un impacto y un poder persuasorio mucho mayor. Y esto es algo que se aprecia, especialmente, en las comparecencias de prensa. Aunque también se recurre al humor en otras muchas tramas. Para el escritor Charles Gordy la sonrisa es una forma barata de cambiar tu imagen. ¿Por qué el gobierno federal no responde en ese tono?

El Presidente no puede encarnar al niño héroe Juan Escutia y aventarse con la bandera para defender a nuestro país. La estrategia de comunicación que se ha implementado debería de seguirse caracterizando por la inteligencia y alejada de las peleas de cantinas. Hasta ahora ha sido oportuno que el legado histórico de esta administración federal sea el diálogo y no el enfrentamiento. El diálogo no se debe agotar, probablemente me quede en la minoría proponiéndolo, pero en política como en el futbol el que se enoja pierde y el malabarista Peña Nieto puede capitalizar este momento de ser una víctima ante el mundo para lograr ganar alguna de las pistas del circo, una de ellas la electoral. Tiene razón e Ralf Dahrendorf en su teoría del conflicto cuando afirma que los conflictos pueden ser dominados pasajeramente, regulados, canalizados y controlados, pero ni un rey filósofo ni un moderno dictador podrá eliminarlos para siempre. #Jap

Académico de la FCPyS-UNAM y Consultor Político @gersonmecalco