Las tragedias de SCT

31 mayo 2017 | 9:04 hrs | Gilberto Haaz Diez

*De Borges: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”. Camelot

En México, los caminos públicos suelen ser mortales. Creamos las peores autopistas del mundo, inseguras, caras y malas, la mayoría operadas por Capufe. La de Orizaba-Fortín-Córdoba-Veracruz, parece camino rural. En ellas, por el mal pavimento, constantemente hay accidentes que cuestan vidas. Hace tiempo, una madre de unos hijos que perdieron la vida cuando les arrolló un doble tráiler, puso el grito en el cielo y se sumaron comunicadores y gente de la sociedad civil, para que en este país se ordenara que los de doble caja o doble tráileres no circularan por las autopistas. El inútil secretario de SCT y de Peña Nieto, Gerardo Ruiz Esparza, salió en defensa de ellos, como si fuera socio, al decir que si suprimían uno habría más tráilers, porque tendrían que suplir a los que quitan. En autopistas de los países del primer mundo, esos no existen, ni las toneladas de peso que traen. Ruiz Esparza ya había favorecido al transportista Roberto Alcántara, dueño de más de 3 mil camiones y de la línea aérea Viva Aerobús, al entregarle la concesión de las tarjetas IAVE, que la tenía otro operador y que, en contubernio con el dos veces compadre del presidente, Benito Neme, rey de Capufe, lo hicieron socio de a deveras, sospechando la gran corrupción, ahí algo olía mal, como en Dinamarca. Hace un año, en el tramo de la Lerma- la Marquesa, rumbo a Toluca, la SCT hizo una bajada de muerte. No importándoles nada, la autorizaron y la echaron a andar. Es el día que van dos tráileres que se impactan y dejan muertos. Los detiene la caseta de paga como un dique contra la muerte, porque al secretario se le olvidó que habría que poner unas dos o tres rampas de emergencia. Muy gallón, ahora si la cerró para los viejos tráileres que ahí circulan, en lo que hacen otra rampa. En otros países, si este secretario lo fuera de los chinos o japoneses, ya estaría renunciado.

 LOS CIEN AÑOS DE KENNEDY

 Soy un Kennediano desde que tengo uso de razón. Un lector me dijo si se me había olvidado celebrar los cien años de su nacimiento (29 mayo de 1917), como el de Juan Rulfo. Le dije que no, que en esas andaba. Cuando Kennedy llega a gobernar y gana las elecciones a Nixon, con un poco de ayuda de la Mafia, como ahora a Trump lo ayudaron los rusos, la Nueva Frontera marcó la diferencia. Un hombre joven, de presencia, con el mejor y más brillante Gabinete en la historia de ese país, solo comparable a los Padres de la Patria, aquellos que le dieron cimiento a ese país hoy gobernado por un loco racista. He seguido a Kennedy por donde he podido, a Dallas fui (sin albur) un par de veces, al mismo sitio donde lo emboscaron a fuego cruzado, la librería desde donde dicen le disparó Oswald (Sixth Floor Museum); he visto el film de Abraham Zapruder hasta el cansancio, como lo vio la Comisión Warren, solo que ellos voltearon a otro lado cuando la bala pegó de frente. A ese Museo que está arriba de la librería texana, en la esquina de Elm y Houston, donde dobló el convoy de la muerte. He leído tantos libros de Kennedy sobre la conspiración- desde los muy jalados y fantasiosos hasta los muy serios, como La muerte de un presidente de William Manchester, y uno nuevo de Philip Shenon: JFK: Caso abierto, otro de un amigo de Bobby, porque Bobby siempre desconfió que la CIA le liquidó-, que podría dar una conferencia de ello. He visto también las cintas, la de Oliver Stone, que fue la primera que sacudió la conspiración, hasta la de Parkland, dirigida por el gran Tom Hanks, esta última narra los líos en el hospital, cuando llegó herido de muerte y Jaqueline llevaba en sus manos parte del cráneo, que entregó a los doctores. He estado unas tres veces en el Cementerio de Arlington, allí es visita obligada a su tumba, donde junto está la viuda Jaqueline y su hijo pequeño y el hermano Bobby Kennedy. La última vez, fui el martes 8 de noviembre de 2016, cuando transmití por Facebook en vivo para XEJF-Radio y Crónica Internet, el día que Hillary Clinton perdió la elección y el mundo ya no volvió a ser igual. En Arlington siempre hay un fuego eterno en la tumba del amado presidente. Junto al pie un soldado vigila la Tumba del Soldado Desconocido, y se ven las guardias y los cambios. Me falta solo ir a a Boston, al John F. Kennedy Hyannis Museum. No tardo y le llego. Son los 100 años de ese hombre que, cuando las balas atravesaron su cráneo, lo volvieron leyenda inmortal, el nacimiento de Camelot a la muerte de su rey.

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*Esta es opinión personal del columnista