Las horas contadas

23 noviembre 2016 | 9:24 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

OBITUARIO: A sus 3 años y medio, operado a corazón abierto, falleció el niño Emiliano Herrera Chávez. Hijo del alcalde de Ixtaczoquitlán, Aquileo Herrera Munguía y doña Patricia Chávez de Herrera. Nuestro pésame a ellos y a su hermanito, Leonardo, y a toda la familia. Lamentable y doloroso, porque ver partir a un niño es ver partir a un angelito. Que descanse en paz y mucha resignación.

 

*Por muy lentamente que os parezca que pasan las horas, os parecerán cortas si pensáis que nunca más han de volver a pasar. (Aldous Huxley). Camelot

 

Falta muy poquito para que el nuevo gobernador electo llegue a sentarse en esa silla donde una vez se sentaron varios presidentes de México, desde Santa Anna pasando por Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines. Ese Palacio jalapeño Miguel Ángel Yunes Linares lo conoce como la palma de su mano. En el sexenio de Patricio Chirinos, un gobernador no reconocido del todo, incomprendido porque se fue tranquilo, sin escándalos, y no le acusaron de tentonearse nada, algo más, dejó una lana para que el que llegara no anduviera bruja y sin cash, como Zedillo. O como llega ahora Miguel, pidiendo chichi al distraído secretario Meade (Mid), Yunes en ese sexenio conocía todos los rincones, los del perdón y los del olvido. Allí, cuando no había tiempo y se cargaba la chamba, echaba una pestañita y Soledad, su secre fiel, a las vivas para que no le despertaran esa media hora que cabeceaba. Las horas contadas marcan los tiempos de un reloj que va a enloquecer, para los que se van, como lo escribiera Pio Baroja: “Y el reloj sombrío medía indiferente las horas tristes con su tictac metálico. Y los árboles, y la luna, y la lluvia, y el viento permanecieron sordos. Y el reloj sombrío que mide indiferente las horas tristes se había parado para siempre”. Y son esas horas que faltan para que proteste como gobernador, un hombre nacido en Soledad, como al primo que derrotó en la elección, en esos pueblos chicos donde se conoce de los sufrimientos y las carencias. Será para el bien de Veracruz. Y que dejemos las ocho columnas de los periódicos y de los noticieros nacionales y extranjeros, porque hasta el renombrado y afamado diario El País, dio cuenta de un socio del sexenio, que se enriqueció sin probar aquello de sangre, sudor y lágrimas, teoría Churchiliana.

 

EL PRESIDENTE EN PICADA

El preguntón de Consulta Mitofsky, Roy Campos, encuestador amigo de Othón González Ruiz, exiliado fuera de Veracruz, personaje que solo viene a acompañar a Fidel Kuri al juego de los tiburones, ayer me presumió y envió una foto de unos sobaos que en la Cantabria prenden su gloria y sabor, y que hace muchos años en la Parroquia vieja de Veracruz los servían, porque una señora del norte de España se los hacía. Ahora llegan a esta tienda que Othón me dijo es mejor que si fuera El Corte Inglés de cualquier punto de Madrid. La historia del Sobao, según Wikipedia: Es un producto de repostería típico de la comarca cántabra de los Valles Pasiegos. Su popularidad ha hecho que sea unos de los productos más conocidos de la gastronomía de Cantabria comercializándose hoy en día en toda España. Se ignora el origen histórico de este bizcocho, aunque con toda probabilidad fue producto del uso espontáneo de las materias primas comunes en el entorno rural cántabro: mantequilla y harina.

 

CONSULTA MITOFSKY

 Pues na, que leo a Leo Zuckerman y refleja en su escrito: “Peña, un presidente cada vez más chiquito”, que el presidente tiene apenas un 29% de aceptación y 69% de reprobación. Anda de capa caída y el día que vino el torbellino y bravucón Trump, lo tiró del poco timing que traía, a él lo derrumbó y a Videgaray lo dejó sin chamba. Donald Trump es un huracán, un Tsunami peligrosísimo. Lo dicen en Estados Unidos y en el mundo tiemblan de alguna locura de este Orange man. Saben ustedes quién ha sido el presidente mejor encuestado y aceptado por los mexicanos. Va: Salinas en noviembre de 1992, mismo tiempo que Peña, cuatro años en gobierno, tenía un 78% de aceptación, luego llegó Zedillo y le quitó la escalera y lo mandó al sótano de la historia. Zedillo llegó a 64% de aprobación, su sexenio fue aburrido pero el hombre operó bien las matemáticas y le dio tranquilidad al peso y a las finanzas. El vaquero Vicente Fox con el 55%, eso porque se la vivía dándole arrumacos a la Martita, que aspiraba la pobre mujer empoderada a ser presidenta de la nación. Calderón, cuya guerra contra el narco lo puso en la discusión del país, llegó a tener 54%, un poquito abajo del panista colega suyo. Peña Nieto, que llegó al gobierno con grandes expectativas y que un día, al año casi de gobernar, la revista Time lo marcó como el Hombre del Año y el tiempo de México era el tiempo de los cambios para situarnos con las grandes naciones. Pues un día se le apareció la Aristegui y contó una historia de la Casa Blanca, que no la de Obama, y todo se derrumbó dentro de mí; luego lo pulverizó Ayotzinapa y la historia lo mandó al traste. Así las cosas, diría Kamalucas, un filósofo de mi pueblo.

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