Las descortesías

17 febrero 2017 | 10:40 hrs | Filiberto Vargas Rodríguez

 

Prefacio.

Para quienes lo conocemos fue una gran sorpresa. El registro de Javier Escalera como aspirante a la candidatura a la presidencia municipal de Xalapa por Morena era algo que pocos imaginábamos. *** No es que no tenga la capacidad o los méritos. Con seguridad será un serio contendiente en el proceso interno. Tiene amplia experiencia en el servicio público y domina como pocos los temas de la administración municipal. *** Sorprende en gran medida porque el diputado federal y excandidato a la gubernatura por Morena, Cuitláhuac García, ya había “tirado línea” para favorecer al docente de la UV Hipólito Rodríguez Herrero. *** De qué tamaño será la “cargada” a favor del académico, que el propio dirigente estatal de ese partido, Manuel Huerta, lo acompañó a su registro. *** Javier Escalera no debe amilanarse. Él tiene lo necesario para competir y si la decisión es democrática, tendrá muy fuertes posibilidades de salir adelante.

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Imagine que, agobiado por las presiones de sus acreedores, usted resuelve reunirse con algunos de ellos y hablarles claramente sobre sus posibilidades de pago, de manera que en conjunto puedan encontrar los mejores mecanismos para cumplir con sus compromisos.

Acuerdan fecha, hora y un salón como sede para dicho encuentro. Sin embargo, horas antes de la cita, usted recibe una llamada en la que se le conmina a que acuda -en calidad de “urgente”- a una oficina en la que está gestionando un crédito para pagarles a dichos acreedores.

Por supuesto, acude a la cita urgente. A final de cuentas de reuniones como esa saldrán los recursos para cumplirles a quienes lo esperan.

No pretende ser grosero y resuelve avisar de dicho imponderable. Es lo correcto.

Lo lógico sería buscar vía telefónica a las personas citadas para posponer el encuentro. Nadie con un miligramo de sentido común pensaría que cumpliría con la cortesía tan sólo avisándole al propietario del salón.

Algo así sucedió con la titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación de Veracruz (Sefiplan) Clementina Guerrero, quien dejó plantados, el pasado miércoles, a cerca de medio centenar de alcaldes que reclaman el cumplimiento de pasivos por parte de la administración estatal.

Alega que fue citada “de urgencia” en la capital del país para una reunión en la Secretaría de Hacienda, pero argumenta que le avisó -¡y por escrito!- a la Mesa Directiva de la Legislatura local, pues el encuentro con los alcaldes estaba programado para celebrarse en uno de los salones del Congreso.

La cita no era con los diputados, el compromiso era con presidentes municipales que viajaron de distintos puntos de la entidad para estar presentes en el lugar, en la fecha y en la hora convenida. Nadie les avisó del “imponderable” que impidió a la funcionaria estatal estar presente.

Eso de la impuntualidad y la falta de respeto parece ser una constante entre los colaboradores del nuevo gobernador. Ahí está el caso del “autónomo” fiscal de Veracruz, Jorge Winkler, quien dejó esperando casi dos horas a las representantes de los grupos de madres que luchan por la localización de sus hijos, desaparecidos como producto de la violencia que priva en Veracruz y que Yunes Linares asegura que sólo es producto de nuestra mala “percepción”.

El argumento de Wiknler y el subsecretario federal de Derechos Humanos, Roberto Campa para llegar tarde al encuentro, es tan válido como el de la titular de Sefiplan. Ellos alegan que el mal tiempo obligó al funcionario federal a aterrizar en Veracruz y viajar por tierra a Xalapa. A nadie se le ocurrió, sin embargo, que habría que avisarles a las madres sobre dicho imprevisto, a nadie se le ocurrió que alguien pudiera atenderlas mientras llegaban los titulares. Cuestión de mera cortesía, de educación.

Lo cierto es que Clementina Guerrero regresó de la ciudad de México y todavía no tiene respuestas concretas para los alcaldes, que no sean las de siempre: “Es una deuda de Javier Duarte, no nuestra”, como si el pasivo no fuera de la institución.

Y para empeorar aún más el ya de por sí pesado ambiente que se palpa entre los alcaldes y la secretaria de Finanzas, al anfitrión, al convidado de piedra, al Presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Sergio Hernández, se le ocurre la “genial” idea de responderle al senador José Yunes Zorrilla, quien criticó la falta de respeto del gobierno estatal con los alcaldes plantados.

Sergio Hernández está sometido a una fuerte presión. Su jefe político, el gobernador de Veracruz, le ha encargado que “opere” con los diversos grupos de la Legislatura de manera que avance su trámite para renegociar la deuda, y no lo ha logrado. Le falta oficio, experiencia, capacidad.

El coordinador de los diputados panistas tiene el fundado temor de que, en un arranque de esos que le suelen dar al gobernador, ordene que le retiren de tan relevante cargo. No ha encontrado mejor manera de justificar su nombramiento, que lanzarse a una guerra ficticia, cual Quijote contra los molinos de viento.

Alguien tendría que avisarle que en este debate él no ha sido invitado, pues no compite en esa categoría.

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Epílogo.

Un personaje que está levantando la mano para ser considerado en la carrera por la alcaldía de Xalapa es José Luis Santiago, reconocido personaje de la política estatal, con una trayectoria incuestionable. Pretende ser el candidato del PRI, su partido, cuando otros actores políticos de la capital han preferido esconderse y esperar “tiempos mejores”. No hay que desdeñarlo. *** Y al grito de: “El Rey ha muerto, ¡viva el Rey!”, el titular del Orfis, Lorenzo Antonio Portillo Bonilla, lanza en ristre, acomete contra Javier Duarte y todos sus colaboradores. Pretende justificar su permanencia en el cargo y le ofrece al nuevo gobernador los expedientes que sean necesarios para meter a la cárcel a todos los que él quiera. Asegura que tiene documentado el desvío de 55 mil millones de pesos, del 2011 al 2015. ¡Cuánta eficiencia!

filivargas@gmail.com

 

NR. Esta es opinión personal del columnista.