La última ‘princesa’ de los EEUU lucha para poder retomar el control absoluto de su fortuna

Su abogado, asegura que la princesa Kawananakoa sería mentalmente incompetente para controlar semejante suma de dinero

Foto: Web
7 febrero 2018 | 16:35 hrs | Infobae | Redacción

Su nombre puede resultar imposible de pronunciar, mientras que su vida está marcada por el más absoluto misterio, pero la princesa Abigail Kinoiki Kekaulike Kawananakoa sin lugar a dudas tiene hoy, a los 91 años, una gran historia para contar.

Convertida en la última “princesa” en tener una residencia real en suelo norteamericano, la monarca es, a la vez, la última descendiente sobreviviente de la antigua casa real de Hawaii, la cual reinó en las islas del Pacífico hasta la anexión del territorio bajo control de los EEUU en 1898.

La multimillonaria se ha distinguido toda su vida por mantener un muy bajo perfil, adorada por los ciudadanos de Hawaii gracias a su labor filantrópica, hasta el momento solo permitía que sus caballos robaran los titulares de los principales periódicos gracias a importantes triunfos en competencias internacionales.

Pero detrás del hermetismo se esconde una vida privada marcada hoy día por una dura batalla legal por conservar una fortuna que, se estima, es superior a los USD 200 millones. Su abogado, James Wright, asegura que la princesa Kawananakoa sería mentalmente incompetente para controlar semejante suma de dinero y ha decidido tomar el control temporal de sus finanzas.

Además, la segunda esposa del abogado, Veronica Gail Worth de 64 años, está siendo acusada de abusar físicamente de la anciana, con reportes filtrados de agresiones y moretones que no han podido ser confirmados pero alimentan la fascinación de los tabloides por la intimidad de la carismática sobreviviente real de Hawaii.

Nacida en 1903, la tataranieta de la reina Liliuokalani se mantiene al día de hoy como la única heredera de un imperio difunto con pocas chances ni intenciones de independizarse de los EEUU, y a pesar de no contar con un título oficial, tiene el privilegio de habitar el último palacio real en los EEUU, donde vive como un monarca europeo más, en el medio de una paradisíaca isla del Pacífico.

“Ella representa todo lo que debe ser un miembro de la realeza de Hawaii, con su dignidad, inteligencia y cultura artística” compartió Kimo Alama Keaulana, profesor de idioma hawaiano en la universidad comunitaria de Honolulu, en diálogo con el periódico The New York Post. “Los hawaianos aprecian la genealogía, y ella, sin lugar a dudas, posee sangre azul” agregó.

Con una fortuna estimada en alrededor de USD 250 millones, en parte herencia de su bisabuelo James Campbell, un magnate azucarero de origen irlandés con plantaciones que en su momento lo convirtieron en el mayor terrateniente hawaiano, la princesa ha disfrutado su vida sin la presión de tener que trabajar para subsistir, enfocada principalmente en su pasión por los caballos de pur-sang.

A pesar de la controversia que rodea a su vida hoy día, la princesa ha contratado a un nuevo bufete de abogados para poder retomar el control absoluto de su fortuna, la cual al día de hoy permanece en manos de su ex abogado.