La Reforma Administrativa Necesaria para Veracruz I

1 agosto 2016 | 17:39 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Las transiciones democráticas son lo más parecido a las revoluciones en el plano de los cambios políticos, porque producen cambios estructurales en el gobierno, con la característica que no siempre las democracias han arribado mediante un proceso violento. De hecho el cambio o la preferencia al cambio se sustenta en la inoperancia y en el agotamiento de un aparato que no se pudo sostener, sino mediante una corrupción generalizada, represión y por una baja representatividad de grupúsculos muy cerrados sin conexión con el medio político y social.

No solo teóricamente sino en la práctica el aparato de gobierno que precede a otro democrático no son compatibles. El viejo aparato, o como le denominaban los revolucionarios franceses, el ancien regime, el antiguo régimen, es una forma de gobierno que solo coincide con un esquema democrático en eso, en que es forma de gobierno, nada más; pero no tiene los mismos elementos estructurales que le dan coherencia a la decisión ciudadana, que al votar ya cambió su preferencia por una opción distinta, personas distintas y criterios distintos y de la que espera resultados distintos, incluso superiores a los que el viejo aparato pretendía ofrecer y que ya no podía ofrecer: justicia, legalidad, seguridad, certidumbre, confianza, transparencia, participación y servicio expedito al ciudadano.

El problema de la transición inconclusa en México a partir del año 2000 fue precisamente que Fox cometió el mismo error que cometió Francisco I. Madero, mantener intactas las estructuras que iban ahogar el proceso democratizador del cambio. Madero no desmovilizó al ejército que le había hecho la guerra y le mantuvo las jerarquías y los privilegios, que finalmente fueron el factor letal contrarrevolucionario. Y en el caso de Fox, sin visión y convencido por los empleados que dejó Zedillo en el proceso de entrega recepción, sucumbió para seguir disfrutando de los privilegios del autoritarismo, de sus ritos y cauda de aduladores, de las facilidades para la corrupción, dejando intactos y aún refortalecidos los feudos burocráticos y sindicales; y   a los gobernadores otorgándoles más recursos, dispensándoles la vigilancia que les concesionó a sus simuladores órganos de control. Imposibilitando la transición en la escala subnacional.

Fox, no convocó a las fuerzas políticas y no reestructuró el sistema de partidos, que con la caída del PRI, como partido del poder, no en el poder, perdía sentido el viejo sistema político nacional, porque el antiguo eje del alineamiento central que era el PRI,  lo siguió siendo cuando ya gobernaba el PAN. La ignorancia de Fox y la impronta motivacional de sus asesores, filósofos de los mapas mentales, instrumentos de charlatanería sin probanza teórica, expertos en técnicas de psicología de personal sumieron el proyecto de México del siglo XXI, en una pobreza intelectual y en el desconocimiento de las ciencias del gobierno.

Josep Colomer en sus estudios de la transición democrática española explica las dificultades reales para contener por un lado, los estamentos del franquismo, la intransigencia del clero político, del ejército y de los falangistas;  y los republicanos y la vieja izquierda, por el otro. Adolfo Suárez enfrentó amenazas golpistas e incluso en el proceso, hubo un golpe que falló de parte del militar Tejero. Lo que convirtió que el eje de la deliberación, girara en torno a los temores dolorosos de los recuerdos de la guerra civil y de la violencia; que fueron los temas en los que coincidieron las fuerzas para querer sepultar esas desgracias.

Eso le faltó a México, porque con funcionarios muy burocratizados, sin conocimiento de límites y alcances en la administración pública, el país en ayuno de estadistas, incluso de políticos; no se pudo avanzar, porque nadie se atrevió a cuestionar a dirigentes inoperantes fuera del autoritarismo e intelectuales legitimadores del enfoque criminal de la razón de estado, con partidos simuladores y organizaciones sin autonomía, lo negativo prevaleció. Porque no se puede querer el cambio, sin que nadie ceda algo para que sí, se produzca ese cambio anhelado como contribución política.

Ahora en Veracruz, se tienen los factores para generar un cambio que sí compatibilice el procedimiento democrático con un sistema de gobierno real y eficaz. El paso necesario es lo político, restablecer la legitimidad de la autoridad y la legitimación en los términos de Max Weber: la respuesta del reconocimiento ciudadano;  para establecer un sistema que se sustente en el orden legal, racional e indispensable, que limite a la autoridad a ejecutar únicamente lo que la ley le permite y a elevar las libertades de los ciudadanos restringiendo exclusivamente  lo que la ley prohíbe. Un gobierno sensato que castigue el mal proceder, pero que premie al que bien hace.