La Reestructuración necesaria.

22 marzo 2017 | 10:27 hrs |

Fueron muchísimos días los dedicados en cuerpo y alma, por parte de la banda veracruzana del crimen gubernamental organizado, a destruir el estado; robándose el dinero de las escuelas, de los alumnos, de los verdaderos maestros, de los enfermos, de las enfermeras, de los médicos, de los auténticos trabajadores del sector público, de los apoyos del agua, de los policías, de los presos, de los campesinos, de empresarios del turismo, de constructores, de mujeres, de pensionados, de las becas, de los deportistas, de los municipios, de los impuestos federales, de las casetas concesionadas, de los proyectos productivos, de las cuotas del agua en bloque, de los terrenos, de la vivienda, de vehículos, de los damnificados por fenómenos meteorológicos, de defensa del medio ambiente, de cauces y ríos, de áreas protegidas y de todo lo que se pudiera imaginar, de cientos de programas que nunca se realizaron y se cobraron; así como de obras pagadas no ejecutadas.

Pero no dijeron nada. Ciudadanos y líderes políticos de los partidos, así como funcionarios federales y municipales callaron.

¡Más de los 4380 días en los que la banda estuvo en el poder burlándose  a carcajadas de los veracruzanos!

Porque habría que sumar todavía a esos nefastos días, los previos de la campaña del jefe de la negritud moral; y los días que todavía hasta hace unas horas corrieron a favor de esos intereses, que en un principio defendieron en la cámara de diputados los del cártel PRI-Morena, conocidos como el Primor, adefesio político que surgió de manera bicéfala desde la campaña pasada.

El viernes por fin la prudencia cupo en los del PRI que estaban cargando con el desgaste que sumó  negativos todavía más al desprestigio de los malos gobiernos.  Tuvieron que reaccionar ante los señalamientos directos del gobernador Yunes y se aprobó lo que el sentido común señalaba como decisivo.

No se les hizo a los que hasta el jueves por la mañana ya se frotaban las manos; los beneficiarios de las comisiones compartidas con los agiotistas; porque como  Veracruz les importa un bledo, preferían verlo sumido que dejar de recibir bajo el agua, su parte del botín financiero.

Los d Morena se mantuvieron en la consigna sin opción,  el Peje los inmoló en el altar de sus odios. Me recordaron a los fanáticos de las sectas como la del perturbado “profeta” Jim Jones, que fueron empujados sin chistar al suicidio colectivo.

Porque como dijo Joseph de Meistre: “cada pueblo tiene el gobierno que merece”, hasta que quiere merecer otro gobierno, eso lo digo yo.

Porque hay que analizar los contrastes, una cosa fueron los 4380 días de maldad militante en los que se mostraban todos muy complacientes, enajenados, haciendo que la virgen les hablaba, y en cambio en los últimos días, salieron de la penumbra celosos defensores de las deudas, seudo expertos en finanzas que ahora si querían revisar centavo por centavo, heraldos de la teoría de la caja china o el hilo negro, fervientes observadores de abusos, caritativos con los funcionarios hipócritas como Flavino, que ya se le olvidó que organizó la celada violenta contra Ricardo Anaya, contra Santiago Creel y el Gobernador que ya había triunfado; y jocosos con los cínicos de esa docena siniestra a los que les festejan sus escapatorias.

Solo se les olvidó que no pudieron engañar a nadie: el hartazgo y el rechazo a la ratería obró el milagro de ver y los veracruzanos optaron por merecer otro destino.

La reestructuración no es una panacea. Nadie lo ha dicho. Ni tampoco hay para dar y repartir, como quieren los gandallas que todo lo ven como atraco. Es apenas un paso que mostró seguridad en el rumbo.  Uno que evidentemente  sigue un método  de cordura política, el que plantea la ruta contraria al abismo que horadaron los piratas somalíes, y por lógica es el correcto. Un buen inició para la larga y necesaria recuperación de un estado en terapia intensiva.

Con el desastre de los 4380 días no se sale de los sobresaltos, porque la mugre y las heces salen por todos lados, son excrementos  acumulados por doce años, fétidos como los funcionarios enriquecidos.

Ahora hay que ver con que embajada salen los directivos del PRI estatal, Alarcón y su vocero que se sumaron al discurso del Peje, en una negativa anti veracruzana sin otro razonamiento, que la defensa a ultranza de esos amarres inconfesables. Un episodio que mostró la tendencia lopezobradorista de una parte del PRI, los que tiene la batuta en ese partido.  Con una sincronía que envidiarían los hermanos Rigual en tono, ritmo y modulación, pero en este caso de infamias. La diferencia era nada más que en abierto querían su parte de los cinco mil millones que al principio exigían; como dijo un comentarista: “quieren cobrar caro su amor”, dicho de otra forma, fantaseaban que eran hetairas de lujo.

Y es que a los minimalosos no les fluyen ni la imaginación ni la lana como antes, y como viven en el pasado cuando no se sabía  donde terminaba el gobierno, donde comenzaba el hampa y donde operaba el PRI estatal. Van a tener que poner su cara de incredulidad cuando se asombren, como hasta sus correligionarios van a tener que pasar sobre ellos, si quieren sobrevivir aún en el mundo bizarro.

 

*Esta es opinión personal del columnista