La rebelion de dos

20 enero 2015 | 11:25 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Lo dijo Jefferson: «Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa».

Camelot.

LA REBELION DE DOS

Cuentan los que fueron al evento, que Héctor Yunes Landa, presidente de Alianza Generacional, senador de la Republica y hombre que ve los toros desde el otro lado, donde no se alcanza a ver la la de dos sino la de ocho, como tiempos pitagóricos. En el Club de Leones, lugar que sirve más para festejos de 15 años y bodas, muy alejado del poder que da y arropa el WTC, Héctor tiró metralla: «Estamos resueltos a impulsar un proyecto que no es de dos, ni de seis, sino de ocho años. Nuestra alianza es real, es de siempre y carece de caducidad, con Pepe y con la extraordinaria corriente que él encabeza tenemos grandes coincidencias, Veracruz es la madre de todas ellas». Como Saddam en su madre de todas las batallas, el primo del otro panista que busca lo mismo, del mismo pueblo, choleños ambos, de Soledad de Doblado, enguayaberado y con muchos actores del Parque Jurásico, Héctor se dio cuenta que ni estaban todos los que debían, ni llegaron los acalambrados. El poder siempre aprieta. El beso del Diablo, inaugurado por un veracruzano cuando a Luis Echeverría iban en caravana a verle para sacar su anuencia, en el tiempo que ya gobernaba otro presidente, Gustavo Carvajal Moreno dijo a quienes iban a San Jerónimo, que los besaba el Diablo. Por eso muchos de los seguidores de Héctor y Pepe se pasearon por el malecón, cerquita de Dios, viéndolos a los lejos juntitos los dos, como canción de José Alfredo Jiménez. Los dinos les mandaron mensaje: estamos con ustedes, pero cubriéndonos de los misiles ¿Quién sabe qué ocurra de aquí a que llegue la hora de postularse a la de dos? Muchos aseguran que Héctor se registra, y espera la convocatoria del PRI para que, como en Nuevo León, salga el candidato o candidata que mejor posicionada esté en las encuestas. Que los alumbre el PRI nacional.

LOS PICUDOS

Asistió Anilú Ingram, ahora de licencia de diputada, el Tonatiuh, que aspiraba y suspiraba por la silla del Muñeco Silva y el jefe no quiso,  el alcalde de Veracruz, el tal Syntek de los pobres. Ferrari, presidente del PRI estatal, que hace el trabajo de imparcial. Los Orejas de Gobernación chambeaban doble, en las libretitas secretas apuntaban todo, los paparazis enviaban fotos y nombres y fichas curriculares, como en tiempo de la Gestapo. Ampudia cachaba todo en Xalapa y sacaba su lap top que le enseñó a usar el Mossad, cuando anduvo por Jerusalén, en tiempos de Yunes, el otro primo choleño. Héctor gritaba a los cuatro vientos en contra de quienes votaron por la reforma duartista, y el alcalde de Veracruz se hacia el desentendido. Cabeceaba como Jared Borguetti. Solo se agachaba y se iba de lado. «No oí, Héctor», parecía que se leía en sus ojos. Yo no sé si a esa hora -ya saben ustedes que en política las coincidencias son brutales, y a veces inevitables-, casi a esa hora pero de un día domingo llegó a mi correo un paseíllo que hacia el gobernador Duarte por Plaza Américas en Veracruz, donde el huamachito florece y el shopping agita los corazones. Como político en campaña, Duarte se dejaba abrazar, hacia selfing como Peña Nieto y posaba para los terrestres mortales. La de 2 y 8, asumen los tratadistas, ES que ellos dos se postulan. El asunto es saber quién por cuál. O se echan un volado o le apuestan a la final de Súper Bowl entre Seatle y Patriotas de Nueva Inglaterra. O someterse a una votación interna, donde se vean más colas que las de los martimiercoles de frutas de Chedraui, o como las de los del INE, al renovar credencial de elector.

EL IMPREDECIBLE RICARDO ANAYA

Cuando saltó a la fama, hace un mes con un anuncio muy formal invitando a la gente a no dejarse, caló bien su anuncio. Retrata bien. No es del Parque Jurásico azul, donde al malvado Gustavo Madero le brotó el priísta que todos llevamos dentro y echó fuera de las plurinominales a doña Margarita Zavala de Calderón, que solo por ser lo que ha sido debió haber logrado la posición de diputada federal plurinominal. Así son. Anaya tiene un comercial en la tele de campaña, con rumbo a las diputaciones federales. No le asiste la razón en todo. Habla de cambiar el rumbo, cosa necesaria, «México no va por el camino correcto, está herido por la violencia, manchado por la corrupción. Detenido por la economía». Sigue: «Necesitamos cambiar el rumbo con nuevas ideas, aumentemos el salario mínimo, metamos a los corruptos a la cárcel, con el nuevo sistema anticorrupción». Todo es bello y legítimo. Se escucha bien y bonito. Pero uno le puede preguntar a Ricardo, ¿qué pasó en los dos sexenios cuando gobernaron ellos?: Fox y Calderón. Fox llegó de marchante a ver qué cosas ocurrían, entre sus affaires con Martita, que lo traía loco y no lo dejaba gobernar, como la María Cristina, se le fueron seis años útiles, muy necesarios para descabezar las dirigencias sindicales corruptas. No hizo nada. El de Pemex se fortaleció. Cuando Calderón llegó, el asunto de la criminalidad permeaba en todo el país, las policías y las alcaldías estaban penetradas por el narcotráfico y por la delincuencia organizada. De allí que llegaran tantos muertos y tantas decapitaciones y tantos secuestros. Yo creo, si seguimos la conseja de Ricardo Anaya, y seguimos sus recomendaciones en la tele, solo nos falta darle una oportunidad a Andrés Manuel López Obrador (se aceptan chiflidos, mentadas no), pues PRI y PAN han gobernado este México lindo y qué herido, lleno de tumbas anónimas y clandestinas y jóvenes sin encontrar. Y el PRD está para llorar. Bueno, pues ahí está Morena de ese hombre que todos dicen es honesto y casi sin mácula.

EL DÍA MÁS TRISTE DEL AÑO

Dicen los que no tienen que hacer, que ayer lunes fue el día más triste del año. El «Blue Monday», le llaman los gringos. Aseguran que es porque se acaban los festejos navideños, llega la cuesta de enero y los empeños se abarrotan. No hay ni frio ni calor, aunque ahora lo que hay es un frio invernal. Y Duarte no fue al evento de los dos Yunes, por eso quizá antecedió a ese día de tristeza.  Dan ejemplos de cómo superarlos: oír música muy temprano, nada de grupos de bandas; hacer ejercicio, aunque el ejercicio físico es una bobada, decía Henry Ford que si estás viejo no lo puedes hacer, y si estás joven no lo necesitas. Si te dejó un amor, no te preocupes, recuerda que Neruda decía: «es muy corto el amor y muy grande el olvido». Recuérdala, como al Gansito Marinela. Cheque usted, al leer esto ese día ya pasó. ¿Cómo le fue?