La Omertá, el Discurso Simulador del Líder Priísta y Morena.

25 julio 2016 | 13:45 hrs |

“La ley del silencio u omertá (en italiano, omertà [omerˈta]) es el código de honor siciliano que prohíbe informar sobre las actividades delictivas consideradas asuntos que incumben a las personas implicadas”. Wikipedia

Todo indica que pudo más la “omertá” como código superior entre los políticos priístas que el discurso de Enrique Ochoa Reza, que pronunciara al protestar como presidente nacional del PRI, en donde sacudió a los malos gobernadores que por sus manejos turbios sumieron a ese partido en las derrotas más sonadas, después de la que les propinara Fox en el 2000.

Porque se interpreta que el PRI puede estar inmerso en una manipulación característica  del siglo pasado, con una oratoria justiciera para consumo de los medios y para retener seguidores, pero realmente aferrado prioritariamente a sostener las complicidades o sencillamente, en el umbral de una crisis mayor para el 2018 .

La lectura de los hechos recientes en torno al PRI, muestran que Ochoa Reza apenas amagó con proceder en contra los gobernadores pasados de lanza, y cuando se suponía que  iba a materializar ese proceso, incluso un consejero de ese partido, Armando Barajas Ruiz, pidió la expulsión de los abusivos y la intervención de la Comisión de Justicia Partidaria que preside el mentor político de Ochoa, Fernando Elías Calles; de inmediato se alzaron las voces del viejo priísmo, por medio del vicecoordinador de la bancada, el diputado José Carlos Ramírez Marín, gente de Beatriz Paredes; descartando que esa expulsión o sanción pudiera suceder. Descalificó el discurso de corte renovador de Ochoa, figurativamente lo tiró a la basura y puso al descubierto la simulación.

En el episodio sobresalen en el contexto  dos tipos de reacciones; una,  que habla de una línea de priístas que salen de la penumbra y que desde un principio se opusieron a la designación y al discurso de Ochoa Reza, como Ulises Ruiz que se disgustó por la crítica a los malos elementos; y otra, en el contenido del rumor que se publicó, sin precisar, que diputados federales del PRI de Chihuahua, Quinta Roo y Veracruz, habrían dragoneado con salirse de las filas  de su partido, si sus jefes políticos estatales eran expulsados o indiciados por la autoridad.

Pero los diferentes posicionamientos expresan que hay indecisión en el mando y no se puede pensar hasta ahora, por ejemplo que el número dos de la fracción priísta   hubiera actuado sin línea, en el PRI, eso es inconcebible. Porque coincide con la falta de acción de la PGR en los asuntos  documentados sobradamente de la Auditoría Superior de la Federación, pues ya se habrían operado otro tipo de acciones de congruencia mas expedita, antes y después de que la misma PGR anunciara interponer el recurso de inconstitucionalidad a los estados, que adelantaban nombramientos a modo en el tema de la anticorrupción.

Porque no hay que olvidar que junto a los mecanismos forzados de los viejos priístas actuando como frente político de defensa de la corrupción, también está la fuerza de la relación del Presidente Peña con esos tres gobernadores duramente criticados. En el 2012 Peña los presumía como la nueva generación de políticos del PRI. Y hoy, no parece que vaya a suceder algo  que cuestione su compadrazgo político, por encima de leyes y buenas prácticas de política y gobierno. Lo que deja la incertidumbre,  hasta que no se demuestre lo contrario, que los temas de anticorrupción en el discurso del PRI y el evento del Sistema Anticorrupción, no son auténticos y pudieran haber sido pronunciados únicamente para consumo externo, en pocas palabras: una pose, para el acuerdo con Obama; y una vez pasado el evento, se regresa a la normalidad y los discursos se destinan al archivo muerto.

Sin embargo los daños del episodio simulador o no, puso a los gobernadores señalados y a sus diputados adictos en sobre aviso de una eventualidad no deseada. Y tal parece que ya tomaron en serio un rumbo distinto del PRI, sin necesidad de una expulsión. Le ahorran papeleo a Calles. Preparan cuidadosamente un contragolpe desde adentro para sepultar al PRI en el 2018, de puro coraje, para darle una lección a su inconstante jefe y a los opositores que los derrotaron, incluyendo en las represalias a los líderes nacionales: a Manlio, a la prima Carolina y a Ochoa Reza; con un doble juego, aparentar que todo sigue igual, mientras planean su arribo paulatino a Morena, cuyo amo tiene una inclinación natural para incorporar a los impresentables  y  a los  afamados villanos de la política mexicana: Bejarano, lord ligas; el ex tesorero Ponce, apostador empedernido del erario; el derribador de sistemas electorales, Bartlett; el cacique zacatecano Monreal y otros muchos, que López Obrador acoge y protege.

Porque la divulgada y no precisada rebelión de los diputados fue en parte el pretexto, para salvar a los malhechores y atemorizar a los pusilánimes, bajo el argumento de que si el PRI perdía curules en la cámara, se dijo, más de treinta, sin duda irían a engrosar ya a la fracción de Morena. Lo que sería un paso hacia una escisión interna en el PRI, como la de la Corriente Democratizadora, que dio lugar al Frente Democrático Nacional  de 1988, alentada casualmente por Bartlett, hoy asesor destacado de López Obrador e intermediada en ese entonces, por su segundo de abordo, Fernando Elías Calles como señalamos, el estratega del presidente del PRI.

Esa versión conspirativa sugerida por los viejos priístas y los grupos políticos de los gobernadores depredadores, equivale a darle crédito a una especie de alianza del PRI o de algunos del PRI, con Morena para el 2018, con el fin de asegurarles espacios de impunidad. Por cierto, ya se tuvo un ensayo, una alianza informal desde el poder estatal, en las elecciones de junio en Veracruz.

El PRI-MOR sería un monumento a las traiciones  y un reflejo de la ausencia de moral política.  Es una vaca con ambos cuernos que: puede optar por bloquear a un candidato tecnócrata, como cuando la corriente democratizadora denominó así, a Salinas; o facilitar una salida que recicle a los saurios, que están por desaparecer de la escena política.

Porque no quieren los pícaros dejar el insaciable saqueo; y si Peña acaso, optara por mejorar su imagen y la de su gobierno, en los temas de anticorrupción y justicia, pero sin la contundencia que amerita; les quedaría ni pintada la jugada con el Peje desde ahora y le van a meter billete, que les sobra de lo mucho sustraído, para que gane la presidencia del 2018 y se olvide que son de la mafia del poder. Aunque ese olvido es irrelevante, porque desde que AMLO presidió el PRI tabasqueño, también ha sido un sujeto sin rendición de cuentas o transparencia, un asiduo seguidor de la “omertá” política, la que cree y practica; así que, no hay fijón….

PD ) Hay que ver si AMLO después de que consolide sus alianzas priístas, todavía dice que en Morena no se miente, no se roba y no se traiciona.