La Niña del Ángel que juega y cuida el cementerio de Orizaba

Foto: Noreste
14 diciembre 2016 | 11:20 hrs | Emilio González

Orizaba, Ver.- El cementerio municipal “Juan de la Luz Enríquez” abrió sus puertas el primero de agosto de 1884. Una de las leyendas de la historia de Orizaba es “La Niña del Ángel”. Ahí en el campo santo descansan los restos de la niña Ana María Dolores Segura y Couto, fallecida en 1908, a los dos años y tres meses de edad víctima de meningitis fulminante.

Tras su muerte, los padres de Ana María no podían acompañar el cuerpo de la pequeña, pues vivían en la Ciudad de México, por lo que pidieron a un arquitecto que construyera un exquisito monumento en mármol de Carrara, en imagen y semejanza al tamaño natural de la niña al morir como un homenaje póstumo a su querida hija.

El escultor realizó el encargo representando a la niña acostada en su cama, custodiada por un ángel guardián. Detalló casi a la perfección la escena, desde los pliegues de las sábanas y la ropa, los adornos de la cama y las alas del ángel, hasta el cabello, las facciones y principalmente los ojos de la pequeña, incluso, hay quienes afirman que éstos siguen a las personas que caminan cerca de ella y que en algunas noches adquieren una luz propia y un brillo sobrenatural.

Sepulcro de Ana María, con su Ángel y sus flores

El ángel por más de 100 años y día tras día asume su papel de guardián de la niña, la protege en todo momento de la luz del sol, la lluvia y cualquier cambio climático que se avecine, pues con vida propia se va girando o moviendo para que la pequeña no sufra ni frío, ni se moje ni tenga calor.

 

Dicen que Ana María, a más de 100 años de su muerte, cuando su ángel duerme, la niña se levanta de su tumba, juega, y deambula por el panteón buscando a sus padres, robándose flores de los cercanos puestos, así como dulces y juguetes de las casas cercanas al panteón.