La locura de los órganos electorales

11 diciembre 2017 | 10:16 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Una estructura que debería tener seriedad, nunca la ha tenido, me refiero al INE y a sus engendros los órganos locales en los estados. Desde que surgió el IFE en su etapa como autónomo; fue un modelo de simulación en toda la extensión del concepto, se repitieron los esquemas de meter gente de confianza del gobierno, en los cargos que se suponía tendrían un perfil, mas bien académico: El primer presidente José Woldenberg, era el marido de la secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología, Julia Carabias, la que acaba de recibir la medalla “Belisario Domínguez” del Senado, porque no hay otra persona de confianza a quien dársela.

Imagínese nombraron a un sujeto casado con una del primer círculo de Zedillo, sin méritos ni conocimiento de lo electoral, lleno de arrogancia para aparecer como un intelectual de excepción. Él metió a otros, entre ellos a Jaqueline Peshard, con quien  se la pasaban horas platicando, por años en el patio que da al estacionamiento de Ciencias Políticas, ajenos a las realidades de México. No en balde el día que le dieron el triunfo a Fox, no fue Woldenberg el que lo anunció, sino su jefe: Zedillo; por cierto Jimmy Carter estaba en el PRI, junto a Labastida asegurándose que aceptara la derrota, una vez que el presidente la declaró. Esa fue la inauguración de independencia del órgano electoral.

Recientemente las cosas han empeorado eso sí en serio.

Cuando la presión para impedir la abierta y salvaje mapachería que los gobernadores directamente organizaban; se decidió que fuera el INE ya en su carácter nacional, el encargado de nombrar a los consejeros de los órganos en cada entidad. Y los mapaches ya no fueron imposiciones de los gobernadores vía los congresos locales, directamente Córdoba y su pandilla se aprestaron a recibir recomendaciones de un consejero priísta, Baños, un incondicional  del grupo de Beltrones, que se encargó de ser el armador de  la estrategia para que los gobernadores afines, no se mancharan las manos. Y así está el cuadro. A ciencia y paciencia de una población a la que le pasan de noche las jugadas chuecas y que parece no hartarse de tanto malandro simulador.

Es escandaloso el presupuesto que le dedica el país a lo electoral, que está contaminado: los sueldos de los consejeros son mucho más que los 160 mil pesos mensuales netos que dicen devengar, haya elecciones en todo el año o no. Una burla, los asesores de Lorenzo Córdoba que son más de diez, cobran hasta 200 mil pesos, ¿uta que hacen! No me lo puedo imaginar porque conozco el tema y son innecesarios los asesores. ¿Que trabajo transparente hacen o que ciencia superior conocen para robarse esa lana? Es una burocracia inútil y onerosa; y no me quiero referir a los del Tribunal, cuyas decisiones son inatacables, esculpidos por los dioses dictaminan largas y tercermundistas resoluciones, que acumulan tengan objeto o no, de manera arbitraria. Me consta.

Y en lo que respecta a lo local, los consejeros del INE que creen que todo mundo es cretino, se reparten los estados a su antojo. Un inaguantable Roberto Ruiz, por ejemplo, todo indica que tiene concesionado Veracruz, porque según esto es oriundo de Xalapa, nadie lo conoce con excepción de las consejeras que ha beneficiado y sus parientes que ha colocado por todas partes, dragoneando su influencia sobre el burlista de indígenas Lorenzo Córdoba; una colaboradora en el pasado lo acusó de sobrepasarse, pero como todo lo que pasa en México con los influyentes, no prosperó o la arreglaron, porque esa acusación no se la hacen a Usted, nomas porque sí. “Ande m´ija no se meta en problemas”.

Y hay una vacante en ese consejo de recomendados por Javier Duarte y Héctor Yunes, que un trepador,  Gabriel Deantes operó. Me dicen unos amigos anótate y les vuelves a ganar. Y ya mero caigo; cuando agarro la onda y veo lo que se, lo que viví: una farsa. No hay que perder el tiempo, ni hacer corajes. En la entrevista que le conceden el 30%, la pandilla delibera a puerta cerrada y con toda la opacidad deciden:”mitad locales y mitad nuestros”. Desde antes está definida la especie de manera bajuna. Participar es exponerse mil veces a la desigualdad desproporcionada, parafraseando a Orwell. Los exámenes y la experiencia no sirven, sirve ser de las camarillas de simuladores y entonces sí,  hasta te ascienden.

*Esta es opinión personal del columnista