La insoportable levedad del ser… elector

5 marzo 2018 | 13:04 hrs | | Marcos Cruz Morales

Por El Tlacuilo

 

La política en ocasiones ha estado llena de absurdos; pero la de estos días está plagada de ellos, empezando por la selección de candidatos y los procesos electorales, tanto internos como externos.

Es verdad que a través de los años han llegado personas sin valía a ocupar escaños públicos como la señora Irma Serrano, que se la pasó amenazando a Nicho Pérez Jácome de que le iba a dar *una golpiza, (*traducción para toda la familia). O una Silvia Pinal o Carmen Salinas. Pero ahora es escandaloso que en una sola contienda van a participar personajes como Cuauhtémoc Blanco, La Güereja, Adolfo Ríos, Eduardo Capetillo, Eduardo Varástegui, Sergio Mayer, y Ausencio Cruz entre otros. Se tomaron en serio eso de que la política es un gran teatro, y decidieron convertirla de una vez en un teatro Bufo.

Supondríamos que para llegar a una candidatura, el “elegido” requería de experiencia y habilidad política, sin embargo ahora lo que presumen los candidatos es “no ser políticos”, y entre más ciudadanos aparenten ser (o en el peor de los casos son), mayores simpatías atraen y sus posibilidad de sumar votos aumentan. Las consecuencias cuando se eligen a personajes populacheros es que cuando llegan al poder son nefastos, pues para gobernar de una manera adecuada, se requiere saber de política. Sin embargo en este mundo “del revés” los defectos se han convertido en virtudes.

Para ser abanderado de cualquier partido, hasta de los más rascuaches, el candidato de antaño debía contar con una estructura que en ocasiones le llevaba años construir; ahora llegan estirando la mano para que les pongan la estructura; pero antes exigen que les den “recursos para operar”, sino es así de plano no le entran y se van a ofertarse a cualquier otro partido político. Tienen la suerte de que no falta algunas siglas a las que les guste levantar cascajo.

En antaño se buscaba como candidato a alguien que fuera conocido y preferentemente con una trayectoria previa en el servicio público o de partido. Ahora entre menos los conozcan y menos trayectoria tengan su posibilidades de triunfo aumenta.

El mal candidato no ocupa la campaña proselitista para exponer propuestas ni darse a conocer, todo lo contrario, entre menos lo conozcan será menos evidente que no está capacitado para el cargo al que se postula. Eso quizás podría tipificarse como un fraude.

El perfil del mal candidato va acorde con una sociedad renuente al razonamiento; ahora más que nunca se aplica la máxima de que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”.

En un retroceso de cientos de años hemos vuelto a los tiempos de los caudillos y menospreciado a las instituciones. Y qué clase de caudillos caramba; rodeados de improvisados y en ocasiones de delincuentes. Sin embargo el elector piensa que por ósmosis los improvisados obtendrán experiencia y los ladrones serán redimidos.

El elector actual decide absurdamente de manera recurrente; decide con el hígado y no con el cerebro.

Para poner un ejemplo: Imagine que usted es ingresado a un hospital con apendicitis; y tiene que decidir quién lo intervendrá quirúrgicamente; enfrente está un médico de carrera, excelente cirujano, pero a primera vista a usted le pareció muy antipático y ególatra, además que muchos de los egresados de su escuela acostumbran abusar en el cobro de las cirugías; en la segunda opción tiene usted a un brujo de Catemaco, crítico acérrimo de la medicina convencional que jura que con tecitos y limpias podrá detenerle la eminente peritonitis. Y como una tercera opción tiene usted a un tipo dicharachero, simpático cuya experiencia en el tema de cirugías es haber visto varios tutoriales de YouTube; quién a cada cuestionamiento que usted le haga de su capacidad, acusará que usted le tiene mala voluntad u obedece a un complot en su contra; o de plano le dice una broma que a hasta usted que está enfermo le parece graciosa ¿Por quién se decidiría?… Ahora trasládelo a la política, decidir quién nos gobierne es tan delicado como el caso expuesto.

Desafortunadamente para el desarrollo del país y del estado; los candidatos de ocurrencias están de moda. Ejemplos son quienes llegaron a las alcaldías sin saber gobernar. Tienen varios defectos, tal vez el principal es que son manipulables y no cuentan con voluntad propia.

Decidir nuestros votos tendrá que ser un ejercicio de razonamiento y no producto de lo superfluas de las campañas, porque cómo diría el cantante: “Mi país es un país con las alas de colores, que algunos de sus pintores a veces pinta de gris. Sin embargo mi país piensa que solo es pintura, una simple travesura de un inocente aprendiz.”

Esta es opinión personal del columnista.