La insensibilidad, mal de nuestro tiempo (parte 2 última)[1]

19 julio 2019 | 16:39 hrs | | Zayda Lladó Castillo

Dra. Zaida Alicia Lladó Castillo

Frecuentemente tildamos a las personas insensibles de frías, antipáticas e incluso como falta de emociones, sin embargo, es necesario por ello conocer  más de las causas y perfil de estas personas. Las causas que están detrás de la insensibilidad, van desde la apatía o dureza frente al dolor, hasta la existencia de graves patologías, tales como la Alexitimia y hasta la vulnerabilidad extrema.

Salvo que exista una enfermedad mental muy incapacitante, las personas no son totalmente insensibles. Varía el grado, varia el objeto y varían las circunstancias.

Por ejemplo los alexitimios, son personas que viven encerrados en un inusual sufrimiento donde a pesar de experimentar emociones, no pueden identificarlas ni demostrarlas. Son personas que aun viendo morir a la persona más querida, no demuestran dolor. En la mayoría de estos casos suelen existir alteraciones genéticas, o cargas biológicas que las personas adquieren por herencia y que pueden resurgir en terceras o cuartas generaciones. [2]

Otras causas son los traumas y las experiencias (e inexperiencias) emocionales. Se parte de la premisa de que, quienes han experimentado grandes sufrimientos emocionales, suelen ser más empáticos y sensibles al dolor de los demás. Pero también se puede producir el sentido inverso. Si el dolor ha rebasado ciertos límites a causa de un trauma psicológico  o en el marco de extrema vulnerabilidad, ocurre entonces el efecto contrario, la persona se vuelve insensible. También puede ocurrir, que quien no ha experimentado el sufrimiento o en mínima medida lo ha experimentado, también lo padezca. Es decir su ignorancia afectiva por desconocimiento, lo hace que no logre atribuirle el significado real al sufrimiento de otros.

Otros casos se dan en las personas que bloquean la sensibilidad como mecanismo de defensa, es decir, el ser resistentes al sufrimiento incluso adoptando un carácter rígido en extremo con los demás, se vuelve una estrategia inconsciente de evitar la vulnerabilidad frente a otros.

En el caso de los adictos al alcohol o las drogas, el consumo incrementa la barrera de la insensibilidad frente al sufrimiento de otros. Es un bloqueo emocional que actúa como aislante, porque a través de ello, el adicto ya no logra percibir el sufrimiento de otros –que sufren por causa del mismo–, evitando así éste, que ello le genere culpas y así pueda continuar consumiendo. O bien pueden existir etapas sensibles o insensibles en las personas. Por ejemplo: personas que estén pasando por una etapa de sufrimiento extremo, seguramente no tendrá la energía suficiente para empatizar con el sufrimiento de otros.

Pero para enfrentar dichos problemas, no sólo basta la recomendación o el consejo,  dependiendo el caso, ya que si éste es grave o crítico, se requiere necesariamente la ayuda psicológica o psiquiátrica para salir adelante. Por eso como forma preventiva debemos atacar el problema desde la familia, la escuela y la sociedad.

Desde la familia. Si las personas insensibles toman sus modelos desde el hogar quiere decir que algo está fallando en el mismo. Y tiene que ver en el cómo están siendo educados sus integrantes a través de las etapas de desarrollo.  La génesis está en los estilos de educación de padres altamente: a)  destructivos hacia dentro y fuera de sí mismos, b)  sobreprotectores o c) tolerantes con los hijos en extremo.

En el primer caso los padres destructivos o castigadores en extremo,  refuerzan la rebeldía de sus hijos a tal grado que llegue a suceder, que a éstos no les importe lo que piensen ya sus progenitores con tal de hacer su absoluta voluntad. Generalmente un padre destructivo es altamente agresivo e igualmente inconsciente e insensible y el modelo se trasmite. En el segundo caso, los padres sobreprotectores, que no dan libertad de acción y de decisión a los hijos o que caen en el extremo de la castración –término clínico–  sólo generan en ellos coraje, ira, odio y tarde o temprano  se desquitarán con los demás adoptando una actitud de rigidez, manipulación o agresión contra los más débiles o vulnerables, como una forma de obtener revancha por lo que ellos han sufrido. Como sucede también con los padres tolerantes al extremo que no generan limites en los comportamientos de sus hijos, que cumplen todos sus caprichos, que no castigan socialmente las conductas inadecuadas y dejan que los hijos abusen de su libertad en su hogar y fuera de éste. Este tipo de padres llegan a ser dominados o rebasados en autoridad por sus hijos

En función del sistema escolar. El no percibir a tiempo en el sistema escolar los casos de agresión física, psicológica y emocional de algunos estudiantes contra otros y no ir a las causas del problema, hace que se fortalezcan las conductas inadecuadas de los agresores, lo que obliga a los responsables del sistema  educativo a tomar muy en serio el promover programas contra el bullying, o contra la violencia entre los integrantes del mismo, así como el de llevar una relación más estrecha con los padres. Los maestros deben estar en permanente comunicación con los padres de todos los alumnos, pero en particular, de los alumnos agresores; y éstos deben aceptar las quejas o sugerencias que el sistema escolar les hace para cooperar en la adaptación o readaptación conductual adecuada de sus hijos.

Igualmente de lograr programas contra las adicciones y orientación a padres para que cooperen en la disciplina que se requiere fomentar desde los hogares y sobre todo el manejo adecuado de valores y principios morales que toda persona debe asimilar desde las primeras etapas del desarrollo.

En el medio social. La adquisición y uso indiscriminado de los videojuegos, han sido considerados como la principal causa de que los niños y jóvenes no sepan distinguir el dolor y el sufrimiento de otros, porque basta con apretar un botón en estos aparatos para que maten o hagan sufrir a un personaje ficticio, haciendo que vean como cosa natural la destrucción, la violencia  y muerte–aunque se trate en personajes irreales—. De esta manera, es como se construyen personalidades agresivas, violentas o insensibles al dolor ajeno.

Es decir la insensibilidad, como ya mencionábamos, se adquiere por repetición o exposición de imágenes violentas y destructivas, y en la actualidad no existe un solo día y hora que no escuchemos o veamos imágenes en los medios en donde los homicidios, agresiones, transgresiones a la ley etc., se generalizan en el  subconsciente colectivo a tal grado de verlo como algo sencillo-que ya no asombra- al que nos acostumbramos y lo aceptamos como parte de nuestras vidas. Luego entonces, es importante generar límites –y los padres lo deben hacer con sus hijos—en el uso de los medios (videojuegos, películas, etc.) respecto al abuso de imágenes nocivas y noticias toxicas,  para que la sociedad no salga afectada.

Promover la visión de la solidaridad y el respeto. Si la solidaridad es lo contrario a la insensibilidad, en ello tenemos la respuesta para hacerle frente. Generar el espíritu de cooperación y respeto desde el hogar, la escuela y la sociedad, especialmente ante el más necesitado o el que está en estado de indefensión o vulnerabilidad, permitirá crear nuevas generaciones que no sólo se amen a sí mismos, sino que amen a su prójimo,  motivando en ellos el sentimiento de apoyo y de bondad ante la necesidad humana, poniéndose en el lugar de el de enfrente para entender sus circunstancias, y enseñándoles principalmente a que en ello se encuentra la satisfacción personal y la verdadera felicidad.

 

Gracias y  hasta la próxima.

 

[1] Lladó C., Zaida (2019),  “Revista Praxis, Cultura y Medio Ambiente”, Junio 2019

[2]  Otero, J., Sociedad Española de Neurología  (SEN)  en Sánchez Edith., (2017)

 

Esta es opinión personal del columnista