La inseguridad convertida en un botín político

20 diciembre 2017 | 12:31 hrs |

Por Javier Roldán Dávila

En muchos casos, las lápidas pavimentan el camino al poder

 

Hay una constante en el tema de la inseguridad: sigue aumentado.

Así, aunque parezca increíble, el sexenio del presidente Peña será más fatídico que el del ex presidente Calderón y por más descabellado que suene, durante el primer año de gobierno de Miguel Ángel Yunes, las cifras superan a lo acontecido con Javier Duarte.

En Chihuahua ocurre lo mismo, la administración de Javier Corral tiene más problemas en la materia que la de su antecesor César Duarte, Alfredo del Mazo, en el Edomex, pasa las mismas vicisitudes. La fórmula parece repetirse: en los cambios de gobierno los índices delictivos se disparan.

No se precisa ser un genio para entender que el fenómeno es de carácter estructural, el sistema de seguridad está colapsado, las razones son múltiples. En tal sentido, se podría traer a un ex director del FBI, la KGB o el Mossad, y lo cierto es que no habría mejoría.

Es claro que los funcionarios tienen responsabilidad, sobre todo si se coluden con los malosos, pero suponer que todo estriba en un tema de eficiencia burocrática es incorrecto.

Para resolver el asunto se requieren estrategitas integrales, expertos en la materia han planteado acciones concretas, sin embargo, el meollo del asunto es la falta de voluntad política traducida en soberbia y mezquindad.

Por un lado, los que detentan el poder se niegan a escuchar argumentos de los conocedores. Por el otro, los opositores de todos colores, aprovechan, en todos sentidos, cuando sucede un delito de alto impacto, cada muerto sumado a la lista lo toman como un peldaño para ascender al poder, de conseguirlo, el ciclo se repite. De ese tamaño es la inquina.

NR. Esta es opinión personal del columnista.