La historia de cómo se descubrió el gran tesoro visigodo hace hoy 160 años

Fue descubierto por casualidad, cuando algunas de sus piezas quedasen parcialmente desenterradas después de una tormenta

27 agosto 2018 | 12:00 hrs | 20 Minutos | Redacción

El 25 de agosto de hace 160 años una joven caminaba desde Toledo hasta Guadamur, junto a su madre y su padrastro, cuando vio algo brillante en el suelo: así se descubrió el tesoro visigodo de Guarrazar, un maravilloso conjunto de coronas de oro y piedras preciosas del que parte se conserva entre Madrid y París.

El día anterior a aquel miércoles de 1858 cayó una fuerte tormenta en la zona —60 litros en una hora— y el agua dejó al descubierto las losas de dos tumbas visigodas. En un hueco de una losa vio Escolástica el tesoro. La joven, de 21 años, quería ser maestra —llegó a serlo en Gerindote (Toledo)— y después de haber hecho una prueba preparatoria en Toledo regresaba a Guadamur —un paseo de algo más de dos horas a pie— cuando se detuvo en el paraje de Guarrazar, al pie del cercado de lo que mil años antes había sido un cementerio visigodo.

Estando agachada vio lo que parecía un anillo, pero al cogerlo se dio cuenta de que estaba sujeto a unas cadenas de oro. Francisco Morales, su padrastro, y María Pérez, su madre, acompañaban a Escolástica en el camino, y Francisco sí pudo levantar la losa y coger un puñado de esas joyas. Se marcharon con ellas y volvieron más tarde, ya de noche, con un farol, para extraer el resto del tesoro de la tumba.

Lo que cogieron fue un conjunto de coronas votivas de oro, piedras preciosas, perlas, cruces, cálices y otros objetos (siglo VII) ocultos en una arqueta de 70 por 70 centímetros y algo más de un metro de profundidad. El tesoro estaba en un terreno que llevaba diez años abandonado, por lo que un vecino hortelano, Domingo de la Cruz, se sorprendió al ver luz de noche y movimientos en la parcela y cuando la familia se marchó, se acercó para curiosear. De esta forma encontró una segunda losa con un tesoro muy similar.

Esta aventura la narra, cómo si la hubiera vivido en persona, Pedro Antonio Alonso, responsable del centro de interpretación del tesoro de Guarrazar y autor del libro El tesoro escondido, que está basado en aquellos hechos históricos. La mayor parte del tesoro hallado por Domingo lo fue vendiendo, desmembrando piezas, a joyeros toledanos, que fundieron el oro para tallar otras nuevas.

La parte del tesoro que encontraron Francisco, María y Escolástica (nueve coronas) es la que se conserva, aunque su trayectoria también es novelesca: a comienzos de 1859 un joyero vendió el lote al Gobierno de Francia que todavía conserva tres coronas en el Museo de Cluny.

Casi un siglo más tarde, en 1941, regresaron a España seis coronas, que se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional, entre ellas la corona votiva del rey Recesvinto. El centro de interpretación de Guarrazar, en Guadamur, tiene réplicas de estas piezas. Otro apunte histórico que también tiene mucho de aventura guarda relación con la alcaldesa de Guadamur desde hace 19 años, Sagrario Gutiérrez, que el 8 de octubre de 2014 encontró un zafiro que formaba parte del tesoro junto a un manantial.

Merced al trabajo de Rojas, Guarrazar puede ser visitado y ofrece numerosos talleres, actividades didácticas y eventos como el de esta noche: una visita guiada nocturna con cena para celebrar el 160 aniversario del descubrimiento del tesoro. Un tesoro que no solo es de los mayores que se han encontrado en Europa sino que “supone algo muy serio para la historia y para el patrimonio histórico de España”, resalta el arqueólogo.