La frivolidad mata a los políticos

16 octubre 2016 | 18:05 hrs |

Diálogos con “El Negro” Cruz*        

Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. Eclesiastés 2:11  

Antes de iniciar este comentario, quiere hacer un reconocimiento a mi amigo Santos Solís, director del diario Oye Veracruz, con él, el periodismo se dignifica ¡enhorabuena Santos!

A lo largo de mis andanzas por el mundo de la política, he atestiguado como más de un humilde muchacho o una modesta joven, han sufrido transformaciones increíbles conforme van subiendo en el escalafón del poder.

Cuando recién inician su periplo en los subsuelos del sistema, los jóvenes, sobre todo aquellos que no son de familia encumbrada, son sencillos y aceptan toda clase de consejas. Buscan ansiosos salir en la foto, dialogan con todos y nunca faltan a un evento oficial, siempre están ahí para hacer la valla.

También, se convierten en los portavoces de los más necesitados, recorren las colonias amoladas de su tierra para recoger peticiones y convertirse así, en los gestores del sufrido pueblo…cada voto cuenta.

Sin embargo, conforme van cosechando el fruto de su esfuerzo, con las circunstancias a su favor porque no todos llegan, los imberbes chamacos van siendo víctimas de un síndrome que suele afectar su memoria.

De los zapatos de catálogo de no más de mil pesitos, pasan a los mocasines Ferragamo de no menos de mil euros, dicen que no son “mamones”, sino que los Emyco les causan ampollas y les apestan los pies.

De los trajes de tres por cinco mil pesos, transitan a los Ermenegildo Zegna hechos a la medida. Como te ven te tratan, afirman para justificar el despilfarro, porque habremos de admitir que casi nunca se equiparan los ingresos oficiales del funcionario con sus gastos, los segundos suelen ser mucho mayores.

Por su parte las féminas cambian las mascadas del tianguis por unas Armani y de las bolsas de imitación de vinil pasan a las de marca Louis Vuitton. Los perfumes Avon quedan arrumbados en la desmemoria, para dar paso a las fragancias más caras del mercado.

Sobra decir que para ese entonces los aludidos ya se olvidaron del pueblo en el que nacieron y corrigen su currículo para diseñarse uno a modo, que no desmerezca ante el de los tecnócratas formados en los Estados Unidos.

De las diversiones de antaño ya no queda nada, la tertulia con los amigos del barrio es sustituida por las charlas en restaurantes de pipa y guante, donde la competencia es por ver quien adquirió el reloj más caro, la cascarita de futbol es sustituida por el aristócrata juego del golf.

Buscar el progreso material no es incorrecto, lo erróneo es obsesionarse con ello y perder la dimensión de la cosas a grado tal, que olvidemos de dónde venimos y adónde vamos.

El servidor público tiene la obligación por mandato de ley y ética, de contribuir a la prosperidad de toda la ciudadanía, pero cuando el motivo de su vida se desvía para solo buscar la acumulación de bienes, el desenlace no suele ser el mejor.

Perder la vocación de servicio es lo peor que le puede pasar a un funcionario, no deben olvidar lo que nos dice Génesis 3-19: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Las cosas no ocurren por casualidad.

Vivencias de Rafael “El Negro” Cruz, editadas por Javier Roldán