La excesiva politización de la universidad

21 agosto 2017 | 8:42 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Uno de los indicadores de la modernización de un país, es el de la diferenciación de las instituciones. Por lo mismo de sus funciones y actividades. Una sociedad primitiva tiene revueltas estas estructuras, el jefe de la tribu es a la vez el hechicero mayor y el jefe de los guerreros y hasta curandero. La sencillez de la sociedad que adopta estas formas obligan a que no exista especialización, ni el consecuente avance del conocimiento y su aplicación; es decir  lo que concierne  a la técnica en las formas, que se experimentan de manera comunitaria.

Esto viene a cuento porque la falta de profesionalización en las universidades de parte de quienes las dirigen, muestran que muchos no entiendan el papel de la educación, en concreto de la educación superior y en específico el de las universidades públicas, que es : proveer conocimiento, ciencia y sus técnicas para el desarrollo en todas sus fases de la sociedad, en un clima de libertad académica y neutralidad política o religiosa.

La otrora prestigiada Universidad Veracruzana ha estado padeciendo las consecuencias de una excesiva politización en el sentido negativo, porque en el sentido más amplio la verdadera politización es al revés, es entender el papel del ciudadano por preservar las instituciones educativas al margen de los vaivenes de la politiquería y de las facciones partidistas.

Con la actual rectora Sara Ladrón de Guevara han proliferado las prácticas del protagonismo político oportunista, primero con Duarte, incluso con esa señora Karime Macías; y también en el pasado proceso estatal, donde la Universidad hizo el papel de aparente integradora del Plan de Desarrollo Estatal, que por lo visto fue distante del presupuesto; lo que mostró que el planteamiento de los que encabezaron por parte de la Universidad las mesas, carecían de conocimientos y experiencia de gobierno al nivel requerido; incluso en lo teórico, que se vio omiso. No alcanzaron los trazos que se esperaban.

Y me parece que no fue porque en la Universidad se carezca de profesionales de la investigación, porque si así fuera es muy grave; sino que los propósitos políticos del grupo de la rectora abarataron lo académico en aras de colocarse, como fue con el cargo de Finanzas, o sea les cumplieron; sin que en la practica demostraran conocer a la administración pública en su ámbito estatal y derivado de ello su relación con la Federación.

Ahora Sara se quiere reelegir, para seguir seguramente usando esa casa de estudios en sus proyectos personales de notoriedad. Ningún plan serio ha exhibido esta funcionaria.  Sencillamente  ha escalado sin verdaderos méritos; sus méritos fueron el apoyo de Chuayfett en su momento, uno de los miembros de número del grupo Atlacomulco y entonces poderoso secretario de Educación.

Otra candidata Rocío Córdova es mas de lo mismo, pero de diferente tendencia. En este caso sería entregarle la UV al Morena.

La Universidad tan manipulada en esos menesteres, es el objetivo de los obradoristas; porque así jure y perjure esta candidata, no puede desligarse de esos nexos. El proyecto es claro: hacer de esa institución un apéndice de las pasiones de compromisos con candidatos y partidos. Finalmente lo que se quiere es distorsionar a la academia; convirtiendo un centro de estudios en una madriguera de activistas, para que el fin social de preparar científicos y profesionales se pierda; o siga siendo algo secundario.

Porque independientemente de las preferencias electorales, se debe abandonar ese esquema de supeditar la academia a  lo político.

Una reflexión adicional se centra en la trayectoria de la especialidad de los candidatos. Muchos rectores de renombre nacional: Soberón, Sarukhan, Narro y muchos más vienen de las ciencias experimentales o exactas, porque a México le urgen cabezas académicas con la mentalidad  que pondera el método de investigación y la necesidad de escalar por esa vía, el grave retraso que tenemos en la educación, que es lo mas desproporcionado comparativamente con el nivel del producto interno bruto.

Ojalá los responsables del nombramiento de rector ponderen las necesidades del conocimiento, de la ciencia y de la neutralidad política para darle un verdadero impulso a la casa máxima de estudios de Veracruz.

*Esta es opinión personal del columnista