La eterna Marilyn

12 agosto 2017 | 10:06 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

De Marilyn Monroe: ‚ÄúEn Hollywood te pueden pagar 1.000 d√≥lares por un beso, pero s√≥lo 50 centavos por tu alma‚ÄĚ.
Camelot.

 

Marilyn Monroe muri√≥ un d√≠a nefasto. Hollywood entr√≥ en un luto eterno. Uno de sus s√≠mbolos, se hab√≠a ido. Ese mismo d√≠a naci√≥ su leyenda y su inmortalidad. No hay d√≠a que no se encuentre algo de ella en las redes del mundo. Lo mismo biograf√≠as, que a√ļn no terminan de dilucidar si se envenen√≥, o la envenenaron, como mucho se le achac√≥ al mafioso director del FBI, J. Edgard Hoover. Amante de los Kennedy, y enamorada del presidente, constantemente se oye en las noticias de aquel canto en el cumplea√Īos presidencial, del famoso ‚ÄúHappy Birthay, M√≠ster President‚ÄĚ, media happy, con su vestido apretado y sin ropa interior, como sol√≠a presumir que as√≠ viv√≠a vestida. Encuentro ahora en una nota del diario El Pa√≠s, que un fot√≥grafo, amigo de ella, subastar√° 150 fotos in√©ditas, tomadas un junio de 1962, para la revista Cosmopolitan. No salieron a la vista. El Pa√≠s: ‚ÄúAhora, en el 55 aniversario de la muerte del sex symbol por antonomasia, la casa de subastas online Paddle8 vende al mejor postor 150 fotos de aquella sesi√≥n que Barris vendi√≥ personalmente a un coleccionista privado, muchas de ellas in√©ditas. Tiene un precio estimado entre los 8.000 y los 24.000 d√≥lares. De Marilyn, le√≠ un d√≠a de 2006, un tremendo escrito en homenaje a ella, por el gran Manuel Vicent. Lo comparto.

MARILYN (MANUEL VICENT)
‚ÄúNora Barnacle, la mujer de James Joyce, naci√≥ en Galway, una ciudad asomada a los acantilados del oeste de Irlanda. En su casa convertida en un peque√Īo museo, entre otras tarjetas, folletos y carteles de recuerdo los visitantes pueden comprar una foto de Marilyn Monroe leyendo el Ulises, la m√°s intrincada cumbre de la literatura universal. La foto est√° hecha en Long Island, Nueva York, en 1954. Marilyn aparece sentada en un tobog√°n de la playa, en un traje de ba√Īo explosivo, con los labios entreabiertos, embebida en la lectura, con la mirada de miope un poco perdida en la p√°gina. Tiene el pesado volumen de tapas duras apoyado en las rodillas, abierto por el √ļltimo cap√≠tulo en el que Molly Bloom a altas horas de la madrugada, mientras espera a su marido en la cama, libera toda suerte de pensamientos obscenos en el famoso mon√≥logo interior. Por la expresi√≥n de su rostro se nota que Marilyn ni entiende lo que lee ni le importa nada lo que le pasa a esa mujer. En el momento en que se hizo esta foto Marilyn estaba enamorada de Arthur Miller, con el que ya viv√≠a una pasi√≥n clandestina. No creo que este dramaturgo la forzara a leer el Ulises de Joyce, una cima tan dif√≠cil de escalar, para medir el nivel de su inteligencia. Parece m√°s bien que la propia Marilyn se hubiera impuesto el reto de llegar hasta el final del libro para demostrar que era capaz de realizar semejante haza√Īa, bien por amor o por hambre desordenada de cultura. El sacrificio de leer el Ulises de Joyce, sin importarle nada, s√≥lo ten√≠a sentido como inmolaci√≥n ante aquel amante al que cre√≠a superior, pero Marilyn sab√≠a de la vida m√°s que Joyce, m√°s que Molly Bloom y m√°s que el propio Miller. Fue una ni√Īa abandonada por su madre, una adolescente violada, una chica de calendario para camioneros, que pas√≥ de los brazos del bruto y celoso h√©roe nacional Joe di Maggio a los de Arthur Miller, un jud√≠o intelectual neoyorquino, convertida siempre en pieza de caza mayor, para acabar zarandeada por dos ciervos de catorce puntas de la familia Kennedy hasta la muerte. En esta tarjeta postal Marilyn parece dispuesta a sorber todo el fluido interior de Molly Bloom que arrastra grumos lascivos de su subconsciente abierto a un sexo cenagoso. No obstante, a Marilyn se la ve pura, perdida, transparente, sometida a una prueba in√ļtil: tener que leer el Ulises de Joyce para presentarse ante el amante intelectual con la lecci√≥n aprendida, cuando ella se la sab√≠a de memoria sin literatura simplemente por haberla vivido‚ÄĚ.

NR. Esta es opinión personal del columnista.