La erradicada polio

28 febrero 2018 | 11:17 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

 

De Kamalucas: “La vida es un largo dolor que rara vez duerme y nunca se cura”.
Camelot.

Brotó una noticia en los diarios locales orizabeños. Cuando la leí, estaba con mi sobrino, el doctor Andrés Esquivel Haaz, que jefe de la Jurisdicción Sanitaria de Orizaba fue y director del hospital civil de Yanga en Córdoba, también lo fue. Me dijo que eso no podía ser cierto. Que quizá algunos alcaldes confunden los casos. La poliomielitis está erradicada del país y desde 1990 no se tiene conocimiento de un solo caso. Y si lo hubiera, muy seguro la Organización Mundial de la Salud (OMS) pela el ojo y se vendrían en chinga a nuestra tierra, como lo hicieron cuando aquella odisea del niño cero y la influenza (influencia, le decía Tonicho Márquez) aparecía en las granjas Carrol, en un pueblo llamado La Gloria, en época del gobernador Fidel Herrera Beltrán. Aquel tiempo, y lo recuerdo porque acompañé al secretario de Salud, doctor Manuel Lila de Arce, a ese pueblo llamado Perote, donde decían que la influenza había llegado y hasta doña Margaret Chan, jerarca de la OMS, vino y habló con el gobernador y el secretario de Salud porque era el primer caso en el mundo del mal de la influenza AH1N1, que esto último quien sabe qué demonios signifique. Fue tanto el alboroto, que llegaron del mundo las cadenas de noticias: CNN, CBS, NBC, BBC, Y una francesa, Anderson Cooper, el afamado conductor y Jorge Ramos y nuestro paisano, excelente reportero y periodista, Raúl Peimbert. Todos andaban en el susto. A ese pueblo lo pusieron de cabeza y me acuerdo que hasta una estatua le mandaron a hacer al niño, porque salvó la vida, pero eso ya era folclore local. Un cerdo lo había contagiado, decían, y los de Granjas Carrol se defendían como podían. El club Rotario de Nogales, leo en el diario local, aseguró que no es poliomielitis el caso que presentó una madre, es parálisis infantil. En los sectores de Salud del estado no han faltado las vacunas. O sea, que fue una amenaza solo virtual.

EL LIBRO DE VICENT
Releo ahora un libro que leí hace años, del gran Manuel Vicent: Aguirre el magnífico. “Un personaje digno de la corte de los milagros de Valle-Inclán”, dice Vicent, para quien si Aguirre se hubiera expuesto a los espejos del callejón del Gato los hubiera roto en mil pedazos. “Siendo real, es un personaje de pura ficción, su propia ficción”. El último o penúltimo duque de Alba, un tipo singular. Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, duque consorte de Alba (Madrid, 9 de junio de 1934 -11 de mayo de 2001) fue un intelectual, editor literario, aristócrata por matrimonio y académico español. Su formación académica se desarrolló hasta ser ordenado sacerdote católico, y tras abandonar el ministerio ocupó los puestos de director literario de la editorial Taurus y director general de Música del Ministerio de Cultura. El 16 de marzo de 1978 contrajo matrimonio con Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba y jefa de la Casa de Alba. En 1986 pasó a ocupar el sillón “f” de la Real Academia Española. El libro que devoro de nuevo, relata su infancia en Santander, de padre desconocido fue ascendiendo en el curato hasta llegar a ser Duque de Alba, por matrimonio fiel. “El 23 de abril de 1985, en la Universidad de Alcalá, bajo un sol de primavera, pasaban a ras del pecho de un centenar de invitados, gente de la cultura, escritores, políticos, editores, poetas. Uno de ellos era Jesús Aguirre, duque de Alba. Lo descubrí en medio del sarao, transfigurado, redivivo, como recién descendido del monte Tabor. Me acerqué y le dije bromeando: “Jesús, ¿puedo tocarte para comprobar si eres mortal?”. El duque me contestó: “Querido, a ti te dejo que me toques incluso las tetillas”. Vista la proposición, expresada con una dosis exacta de ironía y malicia, le confesé que me proponía saludar al Rey, pero que en este caso prefería la compañía de un Alba a la de un Borbón. “¿No conoces a Su Majestad?”. El duque tiró de mí para conducirme ante la presencia del monarca. Don Juan Carlos vestía chaqué, empuñaba una vara de mando, se adornaba con el toisón de oro, un collarón con 14 chapas doradas, instituido en 1430 por Felipe III de Borgoña en honor de sus 14 amantes. Nuestro Rey lucía esa orden y ahora estaba rodeado de tunos cuarentones que se daban con la pandereta en la cabeza, en el codo, en las nalgas, en los talones y le cantaban asómate al balcón carita de azucena y no sé qué más, como si fuera una señorita casadera. Jesús Aguirre se abrió paso en el enjambre de guitarras y plantado ante el Rey dijo muy entonado: “Majestad, le presento a mi futuro biógrafo”. Y a continuación pronunció mi nombre y apellido, mascando con fruición las sílabas de cada palabra. El Rey echó el tronco atrás con una carcajada muy espontánea y exclamó: “Coño, Jesús, pues como lo cuente todo, vas aviado”.

Esta es opinión personal del columnista.