La disyuntiva electoral

30 noviembre 2017 | 9:48 hrs | Raúl López Gómez | Raul López Gómez

Es inexplicable que desde los diversos escenarios de la política nacional que intentan reprobar al PRI y al mandato actual de Enrique Peña Nieto en algunos rubros, ahora con la figura de José Antonio Meade, se pretenda dar un cauce de triunfalismo en la lucha por la presidencia del país, abultando encuestas y dando paso a un personaje que como candidato externo no goza de las simpatías, que dice tener de la noche a la mañana.

En este proceso de simulación y en donde se da un destape para la televisión, rompiendo los cánones de la ortodoxia priista y con la ausencia de Osorio y Nuño, dos personajes a los que se hizo sentir los elegidos por varios años como a los favorecidos por el dedo elector, ahora Meade, va a contracorriente con un discurso al que nadie le cree, porque parte de cero de las encuestas y en una autoconstrucción de su figura de candidato presidencial del PRI, que costará mucho trabajo posicionar a pesar de que dice que ya está empatado con el Peje de Morena.

Lo explicable de todo el embrollo político generado por Peña Nieto, es que después de venir de una reprobación autentica, ahora se mete hasta la cocina con el objetivo de conservar el poder presidencial a como dé lugar, y cueste lo que cueste, en términos económicos y políticos.

Por lo pronto, los adversarios de Meade, de adentro y afuera se dan cuenta de que es candidato hibrido en el PRI y además hechizo, el tiene pocas probabilidades de contar con el voto duro para romper esquemas y retos a  fin de lograr el triunfo electoral el 1 de julio del 2018, aunque en la política a la mexicana todo puede pasar y esperar.

En la realidad es que, el esfuerzo mediático y de los escenarios simulados y creados para conquistar el voto popular principalmente, está lejos de que la gente lo crea en un proceso difícil de alta competencia en donde José Antonio Meade, de repente se subió a una nube en donde nadie lo baja y no quiere ver la realidad en contraste a la “teoría de la percepción” creada por el propio presidente Peña, y que le costó un buen regaño al periodista Carlos Marín, cuando voló hasta Anchorage para una rara entrevista, después del caso de la visita de Trump a México y del cese de Luis Videgaray, ahora en la cancillería, y quien hoy se siente como el padre de los dioses al considerarse el impulsor de Meade.

El presidente Peña, tiene en su haber varios pendientes de interés nacional en donde se trata de su propia percepción al decir que en materia de seguridad se ha avanzado y en economía aun más, pero en la realidad la gente percibe escenarios que no se reflejan en su andar diario en las calles y en su bolsillo con bajo poder de adquisición en la esfera consumista.

La construcción de la candidatura de José Antonio Meade, viene siendo una repetición del salinato, cuando se esperaba a Manuel Camacho y llegó Luis Donaldo Colosio. Aquí los priistas esperaron pacientes al secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ahora harán responsable de la operación política para lograr lo imposible.

Hay quienes, también dicen ver en Meade, a un candidato débil para ceder de una vez por todas el paso a las izquierdas en una transición tranquila y sin dolor, a donde desde el inicio de este proceso de manera inexplicable le han pretendido quitar del camino a los de la alianza del Frente Amplio por México encabezada por el famoso joven maravilla Ricardo Anaya, dirigente panista, a quien lo bajaron de las encuestas y hasta le pretenden arrebatar la candidatura presidencial teniendo como esquirol a Miguel Mancera, algo que nadie se explica, que no lo dejaron crecer, cuando el enemigo a vencer es el dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, que se siente con un pie en los Pinos y aun no comienzan las campañas políticas.

Los expertos esperan, a que se dé un nuevo incremento en los combustibles y a partir de ahí, develar los auténticos escenarios que habrán de descifrar el dilema de percepción o realidad.

Por lo pronto, la maquinaria mediática oficial del PRI a todo vapor, desde las televisión y en las añejas plumas cansadas, que ya poco pueden hacer para transformar los escenarios que son parte de un ciclo, que se pretende llevar a doce años, pero hay que entender que el Peje ya no tiene edad ni salud para esperar otros seis años, y esa es la disyuntiva a despejar.

Al final se cree que Peña hará lo mismo que Zedillo, dejar hacer, dejar pasar, por civilidad y tolerancia. Además, por no poder evitar lo inevitable, la derrota. Así las cosas.

*Esta es opinión personal del columnista