La deuda que asfixia a los estudiantes chilenos

Durante los últimos 30 años, la crisis económica que sufre la mayoría de los jóvenes que acude a las aulas, ha sido parte del detonante de las grandes manifestaciones sociales en el país

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5 noviembre 2019 | 9:46 hrs | Milenio | Redacción


Créditos equivalentes a préstamos inmobiliarios, matrículas exorbitantes y un sistema de endeudamiento organizado por el Estado: la educación ha estado en el centro de los conflictos sociales que se han sucedido en Chile a lo largo de los últimos 30 años.

“Yo no sé cuánto debo, porque con los intereses debo más del monto total que costaba la carrera. Va sumando y sumando y tuve que contratar un crédito para pagar los intereses de mi primer crédito”, dice Paulina Gómez, periodista de 34 años.

Dos semanas después del comienzo de las protestas en el país, durante una reunión ciudadana sobre el tema del endeudamiento estudiantil, los testimonios se suceden y pintan el mismo cuadro: relatos de deudas de varias decenas de miles de dólares que crecen como consecuencia de tasas de interés que asfixian a los jóvenes.

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“A finales de los años 90, los recursos del Estado eran insuficientes para los estudios, lo que generó este endeudamiento”, explica Gonzalo Muñoz, especialista en educación y profesor en la Universidad Diego Portales.

Fue en esa época en la que nació el CAE (Crédito con Aval del Estado), un dispositivo financiero que calza perfectamente con el modelo neoliberal instalado en Chile y que es el centro de la ira de los manifestantes.

Guillermo Jobia, jurista de 24 años, afirma que pagó por estudiar el equivalente a “una casa”. “Estoy endeudado hasta por 20 millones (27 mil dólares) y creo que no voy a terminar de reembolsarlo, al menos que gane… no sé, una cosa imposible aquí”.

La mayoría de los jóvenes chilenos trabajan durante su formación, pero en empleos baja remuneración en un país en el que el salario mínimo es de 420 dólares.

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Gunther Birchmeier, de 30 años, no conseguía, con sus trabajos como mesero o empleado de supermercado “por las noches o los fines de semana”, reunir los 550 dólares mensuales que costaba su facultad. “La universidad me bloqueó y no podía seguir estudiando”, cuenta.

Hace cinco años que rembolsa los préstamos que recibió, y le “quedan 15”. Y además, “tienes que ver el tema de los intereses. Me prestaron 10 millones (13 mil 300 dólares) y estoy pagando como 20 millones”, calcula.

Empleado en una empresa de ciberseguridad, Gunther carece de todo ahorro. “Estoy atrapado. Si me despiden, no tengo nada”.

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La educación en Chile es como una serpiente de mar que reaparece con cada movimiento social desde el fin de la dictadura, en 1990; ya sucedió en 2006 con la “rebelión de los pingüinos”, así llamada por la corbata azul y la camisa blanca del uniforme escolar.

“Los más jóvenes tendrán otras condiciones”, piensa Muñoz. “Estas dificultades afectan a quienes terminaron sus estudios en los últimos 15 años. El sistema Bachelet cambió las cosas”.

En 2015, durante su segundo mandato (2014-2018), Michelle Bachelet permitió a los jóvenes más pobres acceder gratuitamente a los estudios universitarios. La ley acabó además con un sistema de selección impuesto para poder ingresar a los colegios públicos.

Con información de AFP