La amiga de los temblores

26 septiembre 2017 | 12:29 hrs | Gilberto Haaz Diez

*Una voz anónima del temblor: “Aquí ya no hay nada: solo tristeza y miedo”. Camelot.

Tengo una amiga en España, María Elena Uriarte Mazón, a quien mi hijo JC y quien esto escribe conocimos hace muchísimos años en Santander, la Cantabria, allí mismo donde el Ayuntamiento colocó una bandera mexicana a media asta, como símbolo del dolor y la amistad que se tiene con esa tierra, donde muchísimos españoles llegaron aquí, y aquí legaron hijos, nietos y bisnietos mexicanos-españoles, que se adaptaron a esta tierra cuando la inmigración de ellos llegaba por barcos, desde Cádiz, Sevilla, Málaga, Alicante, Barcelona, Cartagena, Santander, La Coruña, Gijón, Almería, Tortosa, Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife y finalmente cualquier puerto español. Cuando la Guerra Civil española (1936-1939), cientos y miles de españoles llegaron a Veracruz en los barcos Sinaia, Ipanema, Mexique y Flandra. Desde 1937 comenzaron a llegar los primeros grupos, alrededor de 500 niños invitados por las autoridades mexicanas para protegerlos. Con María Elena, cultivamos una amistad hasta la fecha, y cada que hay un temblor me acuerdo de ella, porque hace unos diez años, más o menos, vendría a México y lo primero que me dijo fue, que quería sentir un temblor, porque en su tierra jamás conoció qué fue eso, que la tierra se moviera y nos pusiera con el Jesús en la boca. Llegó tiempo después a nuestro país y siempre le decía, que no temblaría, que no se le haría esa odisea muy propia de nuestra tierra porque, como en zonas de temblor o terremotos, como Chile y México, la Naturaleza actúa cuando quiere, no a petición. Vino a Orizaba y conoció Veracruz y aquí la paseamos, sin temblores en esos días. El mismo día del 19-S, cuando tembló la tierra, me envió un WhatsApp desde España, preocupada por nosotros y por buenos amigos que dejó en la Ciudad de México. La recuerdo siempre que tiembla. Es mi referente español a los temblores.

 LOS DÍAS QUE VENDRÁN

 Las labores de rescate terminan. Los últimos muertos pasaron a ser numeralia y dolor en ese terrible temblor. Se les reza y se les sepulta. Ahora vendrá la reconstrucción, la cuenta a los partidos políticos para que aflojen el cuerpo y por motu propio decidan que el dinero de la campaña de 2018 se emplee para esos menesteres, diría Minga. ¿Cuántas viviendas populares no se podrán edificar con ello? Total, los candidatos que vendrán ya los conocemos. Que solo vayan a la tele y ahí expongan y ahorren a los mexicanos los miles de millones. También el cara de yo-no-fui del INE, Lorenzo Córdova, que afloje el cuerpo porque su mugre arbitraje nos cuesta 11 mil millones de pesos. Que no haya árbitros, como en Estados Unidos. Los grandes damnificados fueron ellos, los senadores y diputados. Todos terminaron odiados y ninguno pudo acercarse al desastre, so pena de que lo atizaran, como atizaron a un delegado de Xochimilco, que le dieron dos patadas por el trasero y tuvo que treparse huyendo a un camión de redilas, acto visto en la tele. Un poco también el presidente Peña, aunque a diferencia de De La Madrid, estuvo siempre a la altura de las circunstancias, y anduvo por todos los sitios colapsados, sin embargo, le soltaron memes a lo canijo, por eso de: ‘estamos a un minuto de aterrizar, a menos, creo que a cinco minutos’. Los partidos ya proponen en serio quitar los plurinominales, un gasto idiota para este país que se conmueve con la tragedia y la falta de dinero. El del PRI, Clavillazo Ochoa Reza, ya dijo que cero dinero y ningún plurinominal. Al parecer por fin los desaparecen ahora. Esas eran posiciones para los cuates. Viene el recuento de los daños y viene el buscar culpables, como se comienza a insinuar que en el Colegio Rébsamen aquello estaba mal edificado y con permisos corruptos de autoridades que se prestaron a ello. Hasta un jacuzzi tenía en la azotea. Con nada recuperarán las muertes de esos niños, dolorosas. El mismo edificio colapsado, el de Álvaro Obregón 286, tenía tres pisos más de los autorizados, y todos sabemos, sin ser ingenieros ni arquitectos, que si a un piso le echas peso de mas, se cae algún día. Después del error del Almirante marino, el subsecretario del socavón con la niña Frida Sofía, la inexistente niña que amamos sin conocerla y de  la cual todos pedíamos la rescataran, el Almirante llegó y la regó, entonces la política retomó sus espacios y fue el director de Protección Civil de la Segob, Luis Felipe Puente, el vocero para todas las desgracias. Aún hay esperanzas de vida en la Álvaro Obregón, y ahí buscan para cerrar ese capítulo triste. Mientras, las banderas mexicanas ondean entre los escombros, la página poco a poco se va cerrando, en el rescate de cuerpos. Mañana vendrán las actuaciones normales, lo cotidiano, donde vivíamos antes del temblor. 20 países vinieron en nuestra ayuda. Les viviremos agradecidos, siempre. Quizá necesitábamos un temblor y una tragedia para volver a reencontrarnos. Fuerza México.

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*Esta es opinión personal del columnista